XXX Esposa en Trio Ardiente
La noche caía sobre nuestra casa en Polanco, con el bullicio lejano de la Ciudad de México filtrándose por las ventanas entreabiertas. El aroma del mole que preparamos para la cena aún flotaba en el aire, mezclado con el perfume dulce de mi esposa, Karla. Ella estaba recostada en el sofá, con una blusa escotada que dejaba ver el encaje negro de su brasier, y unos shorts que abrazaban sus curvas como una segunda piel. Yo, sentado a su lado, no podía quitarle los ojos de encima. Habíamos estado casados cinco años, y la chispa seguía viva, pero últimamente hablábamos de fantasías más salvajes.
¿Y si probamos algo nuevo, mi amor? pensé, mientras le acariciaba el muslo. Karla me miró con esos ojos café que me volvían loco, mordiéndose el labio inferior.
"Wey, neta que quiero un trío. Algo como esas historias de xxx esposa en trio que lees a escondidas",soltó de repente, riendo con picardía. Me quedé pasmado, pero mi verga ya se endurecía solo de imaginarla entre dos hombres. Hablamos de ello toda la cena, el vino tinto aflojándonos la lengua. Decidimos invitar a Marco, mi carnal de toda la vida, un tipo alto, moreno, con tatuajes que lo hacían ver como galán de telenovela. Él siempre había coqueteado con Karla, pero todo en buena onda.
Le mandé un mensaje: Ven a la casa, carnal. Karla y yo tenemos una propuesta chida. Media hora después, Marco tocaba la puerta, con una botella de tequila en la mano y esa sonrisa de pendejo confiado. Lo recibimos con abrazos y shots. La música de banda sonaba bajito, un corrido romántico que ponía el ambiente. Karla se veía radiante, su piel morena brillando bajo las luces tenues, el olor de su loción de vainilla invadiendo la sala.
Nos sentamos en el sofá grande, yo en medio, con Karla a mi derecha y Marco a la izquierda. Ella empezó el juego, rozando mi pierna con la suya mientras charlaba con él.
"Marco, ¿nunca has soñado con una xxx esposa en trio? Mi viejo dice que tú serías perfecto",dijo, guiñándome el ojo. Marco se rio, pero vi cómo sus ojos bajaban a sus tetas. El tequila corría, las risas se volvían roncas. Sentí el calor subiendo, mi pulso acelerado, el roce de sus cuerpos contra el mío como electricidad estática.
Gradualmente, la tensión creció. Karla se inclinó hacia Marco, susurrándole algo al oído que lo hizo sonrojar. Yo la besé en el cuello, probando el salado de su sudor mezclado con su perfume. Ella gimió bajito, un sonido que me erizó la piel. Esto es real, carajo. Mi esposa con otro wey, y yo aquí, excitado como nunca. Marco no se hizo de rogar; su mano grande subió por el muslo de Karla, deteniéndose en el borde de sus shorts. Ella lo miró pidiendo permiso, y yo asentí, el corazón latiéndome en la garganta.
Nos movimos al cuarto, la cama king size esperando como un altar. Karla se paró en medio, quitándose la blusa con lentitud, revelando sus pechos firmes, los pezones duros como piedras bajo el brasier. El aire se llenó del aroma almizclado de su excitación. Marco y yo nos desvestimos rápido, mis boxers tensos por mi erección palpitante. Ella se acercó a mí primero, besándome con hambre, su lengua danzando en mi boca, saboreando a tequila y deseo. Luego se giró a Marco, arrodillándose frente a él.
"Déjame probarte, carnal",murmuró, bajando su calzón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, y Karla la lamió desde la base hasta la punta, gimiendo como si fuera el mejor helado del mundo.
Yo me masturbaba viéndola, el sonido húmedo de su boca chupando llenando la habitación, mezclado con los jadeos de Marco. Qué chingón verla así, mi xxx esposa en trio, devorando otra verga. Me uní, besando su espalda mientras ella mamaba. Mis manos exploraban sus nalgas redondas, apretándolas, sintiendo su calor húmedo entre las piernas. Karla se incorporó, quitándose los shorts y la tanga, su panocha depilada brillando de jugos. Nos tumbamos en la cama, ella entre nosotros.
El escalation fue brutal. Marco le chupó las tetas, mordisqueando los pezones mientras yo bajaba mi boca a su clítoris. El sabor salado-dulce de su flujo me volvió loco, lamí con ganas, sintiendo sus muslos temblar contra mis mejillas. Ella gritaba:
"¡Ay, wey, no pares! ¡Chínguenme ya!"Su voz ronca, mexicana hasta el hueso, con ese acento chilango que me enciende. Marco se posicionó detrás, frotando su verga contra su culo, pero Karla quería más. Quiero sentirlos a los dos, pensó ella, o al menos eso imaginé por cómo arqueaba la espalda.
Yo me acosté bocarriba, Karla montándome despacio. Su concha apretada me envolvió, caliente y resbalosa, cada centímetro bajando como terciopelo mojado. Gemí fuerte, oliendo su cabello sudado. Marco se acercó por delante, ella lo tomó en la boca mientras cabalgaba. El ritmo se sincronizó: sus caderas moviéndose arriba-abajo, el slap-slap de piel contra piel, los gemidos ahogados alrededor de su verga. Sudábamos a chorros, el cuarto apestando a sexo puro, testosterona y feromonas.
La intensidad subió cuando cambiamos. Karla a cuatro patas, yo embistiéndola por atrás, mis bolas chocando contra su clítoris. Marco debajo, lamiéndole las tetas. Ella gritaba:
"¡Más duro, pendejos! ¡Soy su xxx esposa en trio y los quiero vaciar!"Cada embestida era fuego, su interior contrayéndose, ordeñándome. Marco se metió en su boca de nuevo, follándole la garganta con cuidado, pero profundo. Sentí sus paredes apretar más, anunciando el orgasmo. No aguanto, se siente demasiado bien, pensé, mis uñas clavándose en sus caderas.
El clímax llegó como avalancha. Karla se corrió primero, su cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando mis muslos, gritando mi nombre y el de Marco en un éxtasis salvaje. Eso me empujó al borde; me vine dentro de ella con un rugido, chorros potentes llenándola, el placer cegador como un rayo. Marco la siguió, sacando su verga y eyaculando en sus tetas, gruesas cuerdas blancas contrastando con su piel morena. Colapsamos los tres, jadeando, cuerpos enredados, el olor a semen y sudor impregnando las sábanas.
En el afterglow, Karla se acurrucó entre nosotros, su cabeza en mi pecho, la mano de Marco en su cintura. Besé su frente, sintiendo su respiración calmarse.
"Eso estuvo de a madre, mi amor. La mejor xxx esposa en trio ever",le dije, riendo bajito. Ella sonrió, exhausta pero radiante. Esto nos unió más, reflexioné, mientras Marco nos abrazaba. Hablamos susurros, planeando la próxima, el lazo más fuerte que nunca. La noche mexicana nos envolvió, con el tráfico lejano como banda sonora de nuestro secreto chido.