Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio Ardiente con la Amiga de Mi Novia Trio Ardiente con la Amiga de Mi Novia

Trio Ardiente con la Amiga de Mi Novia

6496 palabras

Trio Ardiente con la Amiga de Mi Novia

Era una noche de esas que no se olvidan en la Ciudad de México, con el skyline brillando desde el balcón de mi depa en Polanco. Mi novia, Ana, había invitado a su mejor amiga, Carla, a una cena improvisada. Las dos chavas eran puro fuego: Ana con su piel morena y curvas que me volvían loco desde el primer día, y Carla, más delgadita pero con unos ojos verdes que hipnotizaban y un culo que se marcaba en esos jeans ajustados. Neta, desde que llegaron, el aire se sentía cargado, como si el tequila que serví en los vasos ya trajera promesas de locuras.

Estábamos en la sala, con música de Natalia Lafourcade de fondo, suave pero ritmada. Ana se recargaba en mí, su mano acariciando mi muslo distraídamente mientras platicaba con Carla sobre el pinche trabajo. ¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? pensé, oliendo el perfume dulce de Ana mezclado con el aroma cítrico de Carla. Las dos reían, y cada vez que Carla se inclinaba para servir más tequila, su escote dejaba ver lo suficiente para que mi verga empezara a despertar.

—Oye, carnal, ¿no se te antoja un trago más fuerte? —dijo Carla guiñándome un ojo, su voz ronca como si ya supiera lo que tramaba.

Ana soltó una carcajada y me pellizcó el brazo. —Mi amor, no le hagas caso a esta loca. Pero neta, qué chido estar así los tres, ¿no?

Sentí un cosquilleo en la nuca. La tensión crecía con cada mirada que cruzaban ellas dos, como si compartieran un secreto. Recordé cómo Ana una vez, en la cama, susurró algo sobre fantasías con otra chava.

¿Será que esta noche pasa algo?
me dije, mientras mi mente volaba imaginando sus cuerpos entrelazados.

La cena terminó y pasamos al sofá. Ana se sentó en mi regazo, besándome el cuello con labios húmedos que sabían a tequila y limón. Carla se acomodó al lado, su pierna rozando la mía accidentalmente —o no tan accidental—. El calor de sus cuerpos me envolvía, el sonido de sus respiraciones aceleradas mezclándose con la música. Olía a deseo, a piel caliente y a esa esencia femenina que me ponía a mil.

De repente, Ana giró mi cara y me besó profundo, su lengua explorando mi boca con urgencia. Carla observaba, mordiéndose el labio. —Chicas, ¿qué pedo? —murmuré entre besos, pero mi voz salió ronca, traicionándome.

—Relájate, amor —susurró Ana, su mano bajando por mi pecho hasta mi entrepierna, sintiendo lo duro que ya estaba—. Carla y yo hemos platicado... de un trío con la amiga de mi novia. ¿Te late?

Mi pulso se disparó. Neta, ¿esto está pasando? El corazón me latía en los oídos, y asentí como pendejo, sin palabras. Carla se acercó, su aliento cálido en mi oreja. —Déjame probarte, wey.

El beso de Carla fue diferente: salvaje, con dientes rozando mi labio inferior. Ana no se quedó atrás; desabrochó mi camisa, sus uñas arañando mi pecho suavemente, enviando chispas por mi espina. Tocaba sus tetas por encima de la blusa, firmes y calientes. El sonido de telas rasgándose levemente, gemidos bajos... todo se volvía un torbellino sensorial.

Nos movimos a la recámara, dejando un rastro de ropa. La luz tenue de la lámpara pintaba sus cuerpos desnudos en dorado. Ana, con sus caderas anchas y pezones oscuros endurecidos; Carla, delgada pero con una panocha depilada que brillaba de humedad. Me tiré en la cama, y ellas dos se subieron como gatas en celo.

Ana montó mi cara, su sabor salado y dulce inundando mi lengua mientras lamía su clítoris hinchado. Qué rico sabe mi morra, pensé, chupando con ganas, oyendo sus jadeos que resonaban en la habitación. Carla, meanwhile, se apoderó de mi verga, lamiéndola desde la base hasta la punta, su saliva tibia resbalando. El contraste de su boca experta y la presión de Ana en mi rostro me tenía al borde.

¡Ay, cabrón, no pares! —gritó Ana, moviendo sus caderas en círculos, su jugo mojándome la barba.

Carla levantó la vista, ojos lujuriosos. —Es enorme, Ana. Tu carnal sabe usarlo.

Cambiaron posiciones. Carla se sentó en mi polla, bajando despacio, su coño apretado envolviéndome centímetro a centímetro. Sentí cada vena pulsando dentro de ella, el calor húmedo apretándome como un guante. Ana se besaba con ella, tetas rozándose, lenguas danzando. Yo embestía desde abajo, el slap slap de piel contra piel llenando el aire, mezclado con sus gemidos en español mexicano puro: ¡Qué rico, pendejo! ¡Dame más!

El sudor nos cubría, oliendo a sexo crudo, a feromonas. Mis manos exploraban: la nalga redonda de Ana, el vientre plano de Carla. Internalmente luchaba:

Esto es demasiado bueno, pero ¿y si cambia todo?
Pero el placer borraba dudas. Carla rebotaba más rápido, sus paredes contrayéndose, gritando su orgasmo primero. —¡Me vengo, wey! ¡Sí! Su cuerpo tembló, leche caliente chorreando por mis bolas.

Ana no aguantó más. Se puso en cuatro, pidiéndome que la cogiera duro. Entré en ella de un jalón, su panocha familiar pero ahora más mojada por la excitación compartida. Carla lamía mis huevos desde abajo, su lengua juguetona enviando ondas de placer. El ritmo era frenético: mis caderas chocando contra el culo de Ana, sonidos húmedos, olores intensos de arousal. Ana se retorcía, masturbándose el clítoris.

¡Córrete adentro, amor! Lléname —suplicó Ana, y eso me destruyó.

El clímax llegó como avalancha. Mi verga explotó, chorros calientes llenando a Ana mientras ella se venía conmigo, su coño ordeñándome. Carla besaba mi cuello, mordiendo suave. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, yacíamos sudados en las sábanas revueltas. Ana acurrucada en mi pecho, Carla al otro lado, su mano trazando círculos en mi abdomen. El silencio era cómodo, roto solo por el tráfico lejano de Reforma.

—Neta, eso fue épico —dijo Carla, besando mi hombro.

Ana sonrió, ojos brillantes. —Mi trío con la amiga de mi novia salió perfecto. Te amo, carnal.

Yo, aún flotando en éxtasis, abracé a las dos. ¿Cambiará esto las cosas? ¿O solo las hará mejores? No importaba. Esa noche nos unió más, en un lazo de placer puro y confianza. El aroma persistía en la piel, un recordatorio tangible de lo vivido. Durmió el sueño de los satisfechos, sabiendo que repetiríamos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.