Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Pasión del Lego Tri Fighter La Pasión del Lego Tri Fighter

La Pasión del Lego Tri Fighter

6180 palabras

La Pasión del Lego Tri Fighter

Ana miró el paquete envuelto en papel de regalo que Marco le tendía con una sonrisa pícara. Estaban en su departamento en la Condesa, con la luz del atardecer filtrándose por las cortinas de lino, tiñendo todo de un naranja cálido. El aroma del café recién molido flotaba en el aire, mezclado con el perfume cítrico que ella siempre usaba, ese que lo volvía loco.

¿Qué será esto, wey? pensó Ana, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Marco, con su cabello revuelto y esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales, era el tipo de carnal que la hacía derretirse con solo una mirada. Llevaban seis meses juntos, y cada día era como un juego nuevo.

—Ábrelo, nena —dijo él, su voz ronca, acercándose hasta que sus cuerpos casi se rozaban. El calor de su piel la envolvió como una promesa.

Ana rasgó el papel, y sus ojos se abrieron grandes. Un Lego Tri Fighter. La nave estelar de Star Wars, esa chulada con tres alas puntiagudas y detalles en gris y rojo. No era cualquier set; era edición limitada, perfecta para geeks como ellos.

—¡No mames! ¿En serio? ¡Es el Lego Tri Fighter que quería desde hace meses! —gritó ella, abrazándolo fuerte. Sus pechos se aplastaron contra el torso de él, y sintió su verga endureciéndose levemente contra su vientre. Un escalofrío la recorrió.

Esto va a ser chido, pero ¿por qué me siento tan caliente de repente? Es solo un Lego, pero con él todo se pone interesante.

Se sentaron en la alfombra gruesa del salón, rodeados de las piezas esparcidas como confeti metálico. El clic-clac de las piezas encajando llenaba el silencio, un sonido rítmico y satisfactorio. Marco le explicaba las instrucciones con esa pasión geek que la enamoraba, sus dedos grandes y callosos rozando los de ella al pasar las piezas.

El Acto Uno acababa de empezar: la construcción del Lego Tri Fighter era su excusa perfecta para estar cerca, para que las miradas se cruzaran con promesas mudas.

Las horas volaron mientras armaban las alas del Lego Tri Fighter. Ana sentía el roce constante de la pierna de Marco contra la suya, el calor subiendo por su muslo. El plástico del Lego olía a nuevo, a fábrica lejana, pero era el sudor ligero en la nuca de él lo que la mareaba. Lamió sus labios inconscientemente, imaginando su sabor salado.

—Pásame esa pieza roja, amor —pidió Marco, su aliento cálido en su oreja. Ella se inclinó, dejando que su escote se asomara, los pezones endureciéndose bajo la blusa de algodón.

Neta, este wey me prende con nada, pensó ella, entregándole la pieza. Sus dedos se demoraron, entrelazándose un segundo de más. Él sonrió, esa sonrisa lobuna que decía te voy a comer entera.

La tensión crecía como una tormenta. Mientras encajaban el cañón láser del Lego Tri Fighter, Ana sintió una gota de sudor resbalar por su espalda, empapando su tanga. El corazón le latía fuerte, sincronizado con el clic de las piezas. Marco la miró fijo, dejando la instrucción a un lado.

—Sabes que este Tri Fighter es letal, ¿verdad? Tres alas para atacar desde todos lados —murmuró, su mano subiendo por su muslo desnudo. Ella jadeó, el tacto áspero de sus dedos enviando chispas a su clítoris.

—Pues atácame tú, pendejo —susurró ella, juguetona, tirando de su camiseta. Se besaron con hambre, lenguas danzando como piezas de Lego encajando perfectas. El sabor de su boca, menta y deseo, la invadió. Sus manos exploraban: él amasó sus nalgas firmes, ella arañó su espalda.

Se quitaron la ropa con urgencia, quedando desnudos sobre la alfombra. El Lego Tri Fighter semi-armado los observaba desde el suelo, testigo inocente. Marco la recostó, besando su cuello, chupando sus tetas hasta que gimió alto. ¡Órale, qué rico!

El Acto Dos escalaba: de toques casuales a caricias deliberadas, de besos suaves a mordidas salvajes. Ana sentía su panocha mojada, palpitante, rogando por él. Marco bajó, lamiendo su ombligo, su monte de Venus, hasta enterrar la lengua en su chochita. El sabor ácido-dulce de su excitación lo enloqueció.

Me está volviendo loca este cabrón. Quiero su verga ya, dura como el Lego este.

Ana montó a Marco como una amazona, guiando su verga gruesa y venosa hacia su entrada húmeda. El glande rozó sus labios vaginales, lubricados por sus jugos, y se hundió lento, centímetro a centímetro. ¡Qué chingón se siente! pensó ella, el estiramiento delicioso quemándola de placer.

Él gruñó, sus caderas embistiendo arriba mientras ella cabalgaba. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mezclado con sus gemidos: "¡Más duro, wey!", "¡Sí, nena, apriétame!". El olor a sexo impregnaba el aire, almizcle y sudor, con toques del plástico del Lego Tri Fighter olvidado a un lado.

Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas. Sus manos agarraron sus caderas, embistiendo profundo, el Lego Tri Fighter rodando cerca con el movimiento. Ana arqueó la espalda, sus tetas balanceándose, el clítoris frotándose contra la alfombra. Tocó el set con la mano, riendo entre jadeos: "¡Mira, tu nave nos está viendo!".

Él aceleró, sus bolas golpeando su culazo. El orgasmo la alcanzó como un caza estelar: olas de placer convulsionándola, gritando "¡Me vengo, cabrón!". Su coño apretó su verga como un puño, ordeñándolo. Marco rugió, llenándola de leche caliente, chorros que la inundaron.

Colapsaron juntos, sudorosos, entrelazados. El Lego Tri Fighter yacía completo ahora, como si su pasión lo hubiera armado. Ana besó su pecho, sintiendo su pulso calmarse.

Este wey y su Lego Tri Fighter... nos unieron más que nunca. Qué noche chida.

En el afterglow, se acurrucaron bajo una cobija, el sabor salado de su piel en los labios de ella. Marco acarició su cabello, susurrando promesas de más sets, más noches locas. Ana sonrió, el cuerpo saciado pero el alma anhelando el próximo round. El Tri Fighter brillaba bajo la luz tenue, símbolo de su juego erótico.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.