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El Test de la Tríada Oscura

7527 palabras

El Test de la Tríada Oscura

Todo empezó una noche de esas en que el aburrimiento te jode la existencia, sentada en mi depa de la Roma con un mezcal en la mano y el cel deciendo checa esto. Era un link de una amiga pendeja que siempre anda en chismes psicológicos: El Test de la Tríada Oscura. ¿Qué pedo con eso? Pensé. La tríada oscura, narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Sonaba a película de mafiosos, pero con un toque cabrón que me picó la curiosidad. Lo abrí, respondí las preguntas rapidito: ¿Te sientes superior a los demás? A veces. ¿Manipulas para conseguir lo que quieres? Claro, ¿quién no? Al final, mi puntaje salió alto, altísimo. Y de repente, un mensaje: Felicitaciones, has pasado el filtro. Si quieres el test real, ve a este lugar esta noche. Solo adultos consentidores. Adjunto, una dirección en Polanco, un club exclusivo que ni en mis mejores sueños.

Me vestí con lo más chingón que tenía: un vestido negro pegadito que me marcaba las curvas como si fuera hecho a mano, tacones que me hacían sentir reina y un perfume con olor a jazmín y pecado. El corazón me latía fuerte mientras el Uber me dejaba frente a una puerta discreta, con un valet que me miró de arriba abajo como si ya supiera mis secretos. Adentro, luces tenues, jazz suave flotando en el aire cargado de humo de cigarros caros y algo más... aroma a piel caliente, a deseo contenido. Un mesero me guió a una mesa en la esquina, donde tres cabrones esperaban, cada uno exudando esa vibra oscura que el test prometía.

El primero, Narciso, era puro fuego narcisista: alto, moreno, con ojos que te devoraban y una sonrisa que decía soy el mejor y tú lo sabes. "Mamacita, siéntate aquí conmigo", me dijo con voz ronca, su mano rozando mi brazo, enviando chispas por mi piel. El segundo, Maqui, el maquiavélico, flaco pero elegante, con barba recortada y mirada calculadora. "Sabemos todo de ti por el test, Ana. Tus respuestas gritan que buscas lo prohibido". Y el tercero, Psico, el psicópata charmoso, tatuado bajo la camisa abierta, con una intensidad que me erizaba el vello. "¿Lista para el test real, preciosa? Sin reglas, solo placer puro".

¿Qué chingados estoy haciendo aquí? ¿Salir corriendo o dejar que me lleven al borde?
Mi mente gritaba, pero mi cuerpo ya estaba traicionándome, el calor subiendo entre mis piernas mientras sus miradas me desnudaban. Narciso me sirvió un trago, su dedo rozando el mío al pasármelo, y el sabor del tequila quemó mi garganta como un beso anticipado. Hablamos, coqueteamos, el aire se espesaba con promesas. "El test de la tríada oscura no es solo preguntas", explicó Maqui, su aliento cálido en mi oreja. "Es sentirnos en tu piel, probar si resistes nuestro encanto". Psico rio bajito, un sonido gutural que vibró en mi pecho. "O si te rindes deliciosamente".

La tensión crecía como una tormenta. Narciso fue el primero en tocarme de verdad, su mano grande deslizándose por mi muslo bajo la mesa, subiendo lento, torturándome con la promesa de lo que vendría. Sentí su calor a través de la tela, mi piel picando, el pulso acelerado latiendo en mis venas. "Estás mojada ya, ¿verdad?", murmuró, y no mentía. Maqui se acercó por el otro lado, sus labios rozando mi cuello, inhalando mi perfume mezclado con el sudor nervioso. "Déjame manipularte un rato, nena. Te va a gustar". Sus dedos trazaron mi clavícula, bajando al escote, y un gemido se me escapó sin querer.

Psico observaba, sus ojos oscuros brillando con esa hambre cruda. "Vamos a algún lado privado", propuso, y nadie discutió. Subimos a una habitación arriba, alfombras suaves bajo mis tacones, cama king size con sábanas de seda negra que olían a limpio y a sexo reciente. La puerta se cerró con un clic que sonó como sentencia. Se quitaron las camisas despacio, revelando cuerpos esculpidos: Narciso con pectorales duros, Maqui atlético y fibroso, Psico marcado por tatuajes que contaban historias salvajes. Yo me quedé parada, el corazón tronándome en los oídos, el aroma de sus colonias masculinas invadiéndome: madera, cuero, especias.

Acto dos: la escalada. Narciso me besó primero, sus labios firmes reclamando los míos, lengua invadiendo con arrogancia narcisista, saboreando a tequila y a mí. Gemí en su boca, mis manos en su pecho, sintiendo el latido fuerte bajo mi palma. Maqui se pegó por detrás, sus manos desatando mi vestido, dejándolo caer en un susurro de tela. "Qué chula panocha tienes, Ana", susurró, mordisqueando mi oreja mientras sus dedos exploraban mis pezones endurecidos, pellizcándolos justo lo suficiente para que el placer doliera rico. Psico se arrodilló frente a mí, sus manos en mis caderas, besando mi vientre, bajando hasta mi monte de Venus. Su lengua lamió lento, probando mi humedad, y el sabor salado de mi excitación lo hizo gruñir como animal.

Me tumbaron en la cama, un torbellino de manos y bocas. Narciso chupaba mis tetas, succionando fuerte, dejando marcas rojas que ardían delicioso. "Mírame mientras te como, soy el único que importa ahora", ordenó, y obedecí, perdida en sus ojos. Maqui metió dos dedos en mí, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas, su pulgar en mi clítoris frotando en círculos perfectos. "Te voy a hacer rogar, preciosa, pero valdrá la pena". Psico se desnudó, su verga gruesa y venosa saltando libre, y la acercó a mi boca. "Chúpamela como si fuera tu vicio", dijo, y lo hice, saboreando su piel salada, venas pulsando contra mi lengua, el olor almizclado volviéndome loca.

La intensidad subía, mis jadeos llenando la habitación, mezclados con sus gruñidos roncos. Sudor perlando sus cuerpos, goteando en mi piel, el slap de carne contra carne cuando Maqui me penetró primero, lento al principio, estirándome con su grosor, luego más rápido, embistiéndome profundo. "¿Te gusta, pinche caliente?", jadeó. Narciso se posicionó detrás, lubricante frío en mi culo, y entró despacio, el ardor convirtiéndose en éxtasis pleno. Psico en mi boca, follándome la garganta con cuidado pero firme. Tres vergas, tres ritmos, la tríada oscura poseyéndome en sincronía perfecta. Sentía todo: el roce áspero de sus pelajes, el calor húmedo envolviéndolos, mis paredes contrayéndose, el clímax construyéndose como volcán.

Esto es el test de la tríada oscura en carne viva, y lo estoy aprobando con honores, carajo
. Grité cuando exploté, olas de placer sacudiéndome, jugos chorreando, ellos siguiéndome uno a uno, llenándome de semen caliente que olía a macho puro, goteando por mis muslos.

El afterglow fue puro paraíso. Yacíamos enredados, respiraciones calmándose, sus manos acariciándome perezosas, besos suaves en mi piel sensible. Narciso me susurró: "Eres adictiva, mejor que yo mismo". Maqui sonrió: "Te manipulé perfecto, ¿no?". Psico: "Sobreviviste la oscuridad, ahora eres una de nosotros". Me reí bajito, el cuerpo lánguido, satisfecho hasta los huesos. El test de la tríada oscura no era solo un juego; era liberación, empoderamiento en sus brazos consentidores.

Salí de ahí al amanecer, piernas temblando pero alma plena, el sabor de ellos en mi boca, sus esencias en mi piel. ¿Volvería? Pinche sí. La tríada oscura me había marcado para siempre.

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