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La Noche de la Pelicula La Triada

7004 palabras

La Noche de la Pelicula La Triada

Era una noche calurosa en Polanco, de esas que te pegan el vestido al cuerpo con el sudor dulce de la anticipación. Yo, Ana, acababa de llegar al depa de Lupe, mi carnala desde la prepa, con una botella de tequila reposado bajo el brazo. Carla ya estaba ahí, recargada en el sofá de piel blanca, con sus piernazas cruzadas y una sonrisa pícara que prometía problemas chidos. Las tres éramos treintonas independientes, con chambas decentes y ganas acumuladas de soltar la rienda.

¿Qué pedo con esta noche?, pensé mientras Lupe ponía la peli en la tele grande. "Órale, nenas, hoy toca pelicula La Triada", dijo ella con voz ronca, guiñando el ojo. La había bajado de internet, una rola erótica extranjera sobre tres amantes que se enredan en un torbellino de piel y gemidos. El título parpadeaba en la pantalla: La Tríada. El aire ya olía a jazmín de su vela y al leve aroma almizclado de nuestros cuerpos frescos de ducha.

Nos sentamos pegaditas en el sofá, yo en medio, con las piernas rozando las suyas. El tequila bajó suave, quemando la garganta y soltando las lenguas. La peli empezó con tomas lentas: una morena de curvas imposibles besando a dos chavos musculosos bajo la luz tenue de una recámara. Sus labios carnosos se abrían, lenguas danzando, y el sonido de sus respiraciones pesadas llenó la sala. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando hasta mis muslos.

"

¡Mira cómo se comen, cabronas!
", soltó Carla, riendo bajito mientras se acomodaba el escote, dejando ver el encaje negro de su bra. Lupe me miró de reojo, su mano rozando mi rodilla accidentalmente. O no tan accidental. El calor subía, el ventilador zumbaba inútil sobre nosotras. En la pantalla, la morena se arrodillaba, lamiendo despacio, y un gemido gutural escapó de los speakers. Mi piel se erizó, pezones endureciéndose contra la tela fina de mi blusa.

Acto primero de nuestra propia obra: el deseo inicial. Bebimos más, comentando la peli con voz pastosa. "Yo quiero que me miren así, como si fuera la última verga del mundo", confesó Lupe, su aliento cálido en mi oreja. Carla se inclinó, su perfume de vainilla invadiendo mis sentidos. "

¿Y si nos ponemos como ellas, Ana? Tres reinas en su trono.
" Mi pulso se aceleró, corazón latiendo fuerte contra las costillas. ¿Por qué no? Somos adultas, libres, con ganas de explotar.

La tensión creció como el volumen de la peli. En la pantalla, los tres cuerpos se retorcían, sudados, oliendo a sexo puro. Lupe apagó las luces, solo el resplandor azulado de la tele iluminando sus rostros sonrojados. Su mano volvió a mi rodilla, esta vez quedándose ahí, dedos trazando círculos lentos. La piel de mi pierna ardía bajo su toque suave, como pluma de cisne. Carla se acercó por el otro lado, su pecho rozando mi brazo, tetas firmes presionando. "¿Te late?", murmuró ella, labios casi tocando los míos.

Asentí, voz atrapada en la garganta. Nuestros ojos se clavaron, pupilas dilatadas como en la peli. Lupe me volteó la cara con gentileza, y sus labios se pegaron a los míos. Suave al principio, explorando, sabor a tequila y menta. La lengua suya entró tímida, luego hambrienta, chupando la mía con un slurp húmedo que me mojó entre las piernas. Carla no se quedó atrás: besó mi cuello, dientes rozando la piel sensible, enviando chispas directo a mi clítoris. Olía a su sudor ligero, salado, mezclado con el mío.

Nos quitamos la ropa con urgencia perezosa, como si el tiempo se estirara. Mi vestido cayó al piso con un susurro, quedando en tanga de encaje rojo. Lupe era puro fuego: tetas grandes, pezones oscuros duros como piedras. Carla, atlética, con un tatuaje de flor en la cadera que brillaba bajo la luz parpadeante. Tocábamos todo: yo apreté el culo firme de Lupe, suave y redondo; ella pellizcó mis pezones, tirando suave hasta que grité bajito. "

¡Ay, pendeja, qué rico!
", jadeó ella.

El medio acto explotó en intensidad. Bajamos al suelo, alfombra mullida bajo nosotras, cuerpos enredados como en pelicula La Triada. Lupe se recostó, abriendo las piernas, su coño depilado reluciendo húmedo. "Chúpame, Ana, como la de la peli". Me arrodillé, inhalando su aroma almizclado, dulce como miel caliente. Mi lengua la rozó primero, labios mayores hinchados, luego el clítoris chiquito y tieso. Lamí despacio, saboreando su jugo salado, mientras ella gemía ronco, "¡Sí, carnala, así!". Carla se pegó a mi espalda, dedos hundiéndose en mi tanga, frotando mi entrada resbalosa. Dos dedos entraron fácil, curvándose contra mi punto G, salpicando sonidos chapoteantes.

Esto es el paraíso, wey, pensé, mientras mi boca devoraba a Lupe y Carla me follaba con los dedos. Cambiamos posiciones: yo en el centro, Lupe lamiéndome el coño con lengua experta, sorbiendo mi clítoris como caramelo. Carla se sentó en mi cara, su culo perfecto bajando, coño abierto goteando en mi boca. La probé, agria y dulce, mientras mis manos amasaban sus nalgas. Gemidos llenaban el aire, mezclados con los de la peli que seguía rodando olvidada: "¡Fóllame más duro!", gritaba la morena en pantalla.

La intensidad psicológica subía: ¿Somos nosotras ahora la triada? Tres almas conectadas en éxtasis puro. Lupe metió un dedo en mi culo mientras lamía, doble penetración que me hizo arquear la espalda. Carla se mecía en mi lengua, tetas rebotando, sudor chorreando por su vientre plano. El olor a sexo era espeso, embriagador, pieles chocando con plaf húmedos. Mi orgasmo se armó lento, tensión en el bajo vientre como resorte apretado.

El clímax nos golpeó en cadena. Lupe gritó primero, convulsionando contra mi boca anterior, jugos inundándome la cara. "

¡Me vengo, cabronas, no paren!
" Carla siguió, apretando mis orejas con sus muslos, temblando mientras la chupaba fuerte. Yo exploté último, un tsunami desde el clítoris al cerebro, piernas temblando, visión borrosa de placer. Nos corrimos juntas, cuerpos pegajosos, pulsos latiendo al unísono.

El afterglow fue tierno, abrazadas en el suelo fresco, respiraciones calmándose. La peli terminó con fade out romántico, pero nosotras éramos reales. Besos suaves, caricias perezosas en la piel aún sensible. "Esto fue mejor que la pelicula La Triada", susurró Carla, riendo bajito. Lupe me besó la frente: "Mi triada perfecta."

Nos levantamos lento, duchándonos juntas bajo agua caliente que lavaba el sudor pero no el recuerdo. En la cama king de Lupe, nos enredamos desnudas, piel contra piel tibia. Esto no acaba aquí, pensé, con una sonrisa satisfecha. La noche de la pelicula La Triada nos había unido para siempre, tres mujeres empoderadas en su propio erotismo mexicano, listas para más.

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