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La Mujer Diabólica del Tri

6616 palabras

La Mujer Diabólica del Tri

El antro estaba a reventar esa noche en el corazón de la Ciudad de México. El Tri tronaba en el escenario con su rock rasposo y cabrón,

Alejandro Lora

escupiendo letras que te calaban hasta los huesos. Yo, un pendejo de veintiocho años fanático de la banda desde morrillo, me abrí paso entre la multitud sudada, con una chela fría en la mano. El olor a cigarro, sudor y cerveza rancia flotaba en el aire, y el piso vibraba con cada golpe de batería. Ahí fue cuando la vi.

Estaba en primera fila, pegada al escenario como si fuera dueña del pedo. Una morra de curvas que quitaban el hipo: piel morena brillante bajo las luces neón, cabello negro largo revuelto como cascada salvaje, y unos ojos verdes que brillaban con malicia pura. Vestía un top negro ajustado que apenas contenía sus chichis firmes, y una falda corta de cuero que dejaba ver sus muslos torneados. Bailaba con un meneo hipnótico, las caderas ondulando al ritmo de

Triste Canción de Amor

, pero con un fuego que no era de este mundo. La gente murmuraba:

"Ahí está la mujer diabólica del Tri"

. Neta, la neta. Decían que era una groupie legendaria, que había estado con medio mundo de la banda, que su coño era un infierno adictivo.

Mi verga se paró al instante. Sentí un cosquilleo en las bolas, el corazón latiéndome como tamborazo.

¿Qué chingados? ¿Yo con esa diosa? Ni madres, wey, pero neta quiero intentarlo.

Me acerqué, empujando codos, hasta quedar a un metro. Ella volteó, me clavó la mirada y sonrió con labios rojos carnosos, como si ya supiera lo que me traía entre manos.

La rola terminó y el antro explotó en aplausos. Ella se giró hacia mí, sudada y radiante, con el pecho subiendo y bajando.

"¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a quemarte con el diablo?"

dijo con voz ronca, acento chilango puro, oliendo a vainilla y algo más, como almizcle de hembra en celo. Le contesté con la lengua trabada:

"Neta, eres la mujer diabólica del Tri. Me tienes bien puesto."

Se rio, una carcajada gutural que me erizó la piel, y me jaló de la camisa para pegarme a su cuerpo. Sus chichis se aplastaron contra mi pecho, duros y calientes.

"Pues ven, pendejo, vamos a ver si aguantas mi fuego."

Acto primero: la atracción era mutua, pero yo sentía el pulso acelerado, el miedo mezclado con deseo. Salimos del bullicio al pasillo trasero del antro, donde el ruido se amortiguaba. Ella se llamaba Lupe, pero todos la conocían como la

mujer diabólica del Tri

. Me contó entre besos robados que había crecido oyendo a la banda, que su vida era puro rock y sexo salvaje. Sus labios sabían a tequila y sal, su lengua danzando con la mía como serpiente. La toqué por primera vez: su cintura suave, la curva de su culo bajo la falda. Ella gimió bajito,

"Más, cabrón, tócame como hombre."

Nos metimos a un cuartito vacío, un camerino improvisado con espejos empañados y colchón viejo. La puerta se cerró con clic, y el mundo se redujo a nosotros. Lupe me empujó contra la pared, sus uñas arañándome el cuello.

"Te voy a comer vivo, wey."

Se arrodilló despacio, desabrochándome el cinto con dientes. Sentí su aliento caliente en mi entrepierna, el roce de sus labios en la tela de los boxers. Mi verga saltó libre, dura como fierro, venosa y palpitante. Ella la miró con hambre, lamiendo la punta donde ya perlaba precum.

"Qué rica verga, gruesa y chilanga."

La chupó lento al principio, lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza que me hizo jadear. El sonido húmedo de su boca, slurp slurp, me volvía loco. Olía a su sudor mezclado con mi aroma masculino.

Pero no era solo físico. En mi cabeza bullían pensamientos:

Esta morra es puro vicio, pero neta me hace sentir vivo, como si El Tri me hubiera mandado este regalo.

La levanté, la besé con furia mientras le quitaba el top. Sus pezones oscuros, erectos, pidiendo atención. Los mamé con ganas, mordisqueando suave, sintiendo su piel salada y el latido de su corazón contra mi mejilla. Ella arqueó la espalda,

"¡Ay, wey, sí! Muerde más fuerte."

Sus manos bajaron a mi culo, apretando, jalándome hacia ella.

Escalada gradual: la tensión crecía como rola de El Tri subiendo de volumen. La puse en el colchón, le subí la falda. No traía calzón, su concha depilada brillaba húmeda, labios hinchados rosados, clítoris asomando como botón prohibido. El olor era embriagador, almizcle dulce de excitación femenina. Metí dos dedos despacio, sintiendo su calor viscoso, apretado. Ella cabalgó mi mano, gimiendo ronco:

"Métemela ya, pendejo, no me hagas esperar."

Pero yo jugaba, lamiendo su ombligo, bajando por el vientre plano hasta su monte de Venus. Mi lengua en su clítoris: sabor salado-musgoso, ella temblando, piernas abriéndose más.

"¡Chingada madre, qué chido! Come mi panocha."

La volteé a cuatro patas, admirando su culo perfecto, redondo. Escupí en mi verga para lubricar y la penetré de un golpe lento. ¡Qué delicia! Su coño me tragó entero, caliente, aterciopelado, contrayéndose alrededor de mi tronco. Empecé a bombear, piel contra piel chapoteando, sus nalgas rebotando contra mis caderas. Ella empujaba hacia atrás,

"¡Más duro, cabrón! Rompe mi madre."

El cuarto olía a sexo crudo, sudor goteando, nuestros jadeos mezclados con ecos lejanos del concierto. Sentía cada vena de mi verga rozando sus paredes internas, su calor subiendo por mi espina.

Inner struggle: por un momento dudé,

¿Y si es demasiado? Esta mujer diabólica me va a dejar seco.

Pero ella volteó, ojos en llamas:

"No pares, amor, esto es lo que quiero. Tú y yo, puro fuego."

Cambiamos posiciones: ella encima, cabalgándome como amazona. Sus chichis botando hipnóticos, yo apretándolos, pellizcando pezones. Sus caderas girando, moliendo mi verga en círculos, su clítoris frotándose contra mi pubis. Gritos ahogados:

"¡Me vengo, wey! ¡Sííí!"

Su coño se contrajo en espasmos, jugos calientes empapándome las bolas. Yo no aguanté más, exploté dentro, chorros potentes llenándola, gruñendo como bestia.

Afterglow: nos derrumbamos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El aroma de sexo persistía, mezclado con su perfume vainilloso.

"Eres chingón, carnal. No todos aguantan a la mujer diabólica del Tri."

Le besé la frente, riendo bajito.

Esto no fue solo un polvo. Fue conexión, rock en las venas, vida a todo volumen.

Afuera, El Tri cerraba con

Piedras Rodantes

, como si aplaudiera nuestro clímax. Nos vestimos lento, besos perezosos, promesas de más noches locas. Salimos del antro de la mano, la ciudad nocturna nos recibió con luces y promesas, pero en mi mente, su imagen ardía eterna.

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