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Trio con Culona Irresistible

6853 palabras

Trio con Culona Irresistible

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal marina mezclada con el humo de las fogatas y el dulce aroma de las piñas coladas. Yo, Alex, estaba ahí con mi carnal Raúl, ese cabrón siempre listo para la aventura. Habíamos llegado de Guadalajara buscando sol, chelas frías y quién sabe qué más. La arena tibia se pegaba a mis pies descalzos mientras bailábamos al ritmo de cumbia rebajada que retumbaba desde los altavoces. Entonces la vi: Valeria, una morra de curvas que te dejaban con la boca seca. Su

culona

impresionante se movía como olas del Pacífico, enfundada en un bikini rojo que apenas contenía tanto carne prieta y redonda. Pelo negro largo, ojos cafés que brillaban con picardía, y una sonrisa que prometía pecados deliciosos.

¿Qué chingados? Esa culona es para volverse loco, pensé, sintiendo cómo mi verga se despertaba solo de mirarla.

Raúl se acercó a ella primero, como siempre el más lanzado. "¡Órale, nena! ¿Bailas o qué?", le gritó por encima de la música. Valeria rio, una carcajada ronca y sexy que me erizó la piel. Se giró y nos miró a los dos, mordiéndose el labio inferior. "Si me invitan chela, bailo con los dos", contestó con ese acento norteño juguetón. Así empezó todo. Nos sentamos en la arena, pasando botellas de Corona heladas, el sudor perlando su escote generoso. Hablamos de tonterías: el calor agobiante, lo chido de la playa, pero el aire se cargaba de electricidad. Sus piernas rozaban las mías accidentalmente, o no tanto, y cada vez que se reía, su culo se movía de una forma que me tenía hipnotizado.

Raúl me guiñó un ojo. "

Carnal

, esta morra está cañón. ¿Armamos algo?". Mi pulso se aceleró. Nunca habíamos hecho un

trio con culona

así de perfecta, pero la idea me encendía como yesca. Valeria nos miró, juguetona. "Chavos, si me llevan a un lugar más privado, les sigo el rollo. Pero nada de pendejadas, ¿eh? Todo chido y con ganas mutuas". Asentimos como idiotas, el corazón latiéndome en los oídos.

Subimos a la camioneta de Raúl, el viento nocturno azotando nuestras caras mientras manejaba hacia su casa rentada en la zona hotelera. Adentro, el aire acondicionado era un alivio bendito contra el bochorno. Valeria se sentó entre nosotros en el asiento trasero, su muslo grueso presionando el mío, cálido y suave como terciopelo. Olía a coco y a algo más profundo, femenino, que me ponía la cabeza a mil. "Muchachos, ¿nerviosos?", preguntó, pasando una mano por mi pecho. Mi piel se erizó bajo su toque. "Un poquito, pero excitados chingo", admití, mi voz ronca.

En la casa, pusimos música suave, reggaetón lento que invitaba a lo prohibido. Nos servimos tequilas con limón y sal, el líquido ardiente bajando por mi garganta como fuego líquido. Valeria se quitó el pareo, quedando solo en bikini, y se paró frente al espejo del pasillo, admirando su silueta. "Mírenme, ¿qué tal mi

culazo

? Lo trabajo en el gym todos los días". Raúl y yo tragamos saliva. "Está de

muerte

, nena", dijo él, acercándose por detrás y besándole el cuello. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en mi entrepierna.

Pinche suerte, un trio con culona como esta. No puedo creerlo, mi verga ya duele de lo dura que está.

Me uní, mis manos temblando al tocar sus caderas anchas. Su piel era seda caliente, salpicada de arena fina. La besé primero, sus labios carnosos sabían a tequila y menta, su lengua danzando con la mía en un beso húmedo y hambriento. Raúl le desató el bikini de arriba, liberando unos senos pesados, pezones oscuros ya duros como piedras. Los chupé uno a uno, sintiendo su peso en mi boca, el sabor salado de su sudor mezclado con el mío. Ella jadeaba, arqueando la espalda, empujando ese culo legendario contra la erección de Raúl.

Nos movimos al cuarto, la cama king size nos esperaba con sábanas frescas. Valeria se arrodilló entre nosotros, sus ojos brillando de lujuria. "Déjenme probarlos, cabrones". Sacó nuestras vergas, gruesas y palpitantes, y las lamió alternadamente. Su boca era un horno húmedo, chupando con fuerza, la saliva goteando por mi tronco. El sonido de succión, chap chap chap, se mezclaba con nuestros gemidos roncos. "¡Qué rica boca, culona!", gruñó Raúl, enredando los dedos en su pelo.

La tensión crecía como una tormenta. La puse de rodillas en la cama, su culo alzado como una ofrenda. Lo abrí con manos ansiosas, admirando las nalgas firmes, la raja húmeda brillando bajo la luz tenue. Olía a excitación pura, almizcle dulce que me volvía animal. Lamí su panocha desde atrás, saboreando sus jugos cremosos, salados y adictivos. Ella se retorcía, "¡Ay, sí, chúpame así, pendejitos!". Raúl se metió en su boca, follando su garganta con ritmo pausado.

El calor de la habitación subía, nuestros cuerpos sudados chocando con sonidos carnales: piel contra piel, resbalosa y resbaladiza. La penetré primero, mi verga deslizándose en su coño apretado y empapado. Era como terciopelo fundido, apretándome con cada embestida. "¡Más duro, Alex! ¡Chíngame como hombre!", exigió, empujando hacia atrás. Su culo rebotaba contra mi pelvis, olas de carne que hipnotizaban. Raúl la besaba, pellizcando sus tetas, mientras yo la taladraba sin piedad.

Cambiamos posiciones, escalando la intensidad. Valeria encima de Raúl, cabalgándolo con furia, su culazo aplastando sus bolas al bajar. Yo la follaba por atrás, en su ano lubricado con saliva y crema que encontramos en el buró. Doble penetración, el

trio con culona

en su máxima expresión. Sentía la verga de Raúl a través de la delgada pared, frotándose contra la mía en un roce prohibido y eléctrico. Ella gritaba, un aullido gutural, "¡Me vengo, cabrones! ¡No paren!". Su cuerpo convulsionó, panocha chorreando, ano apretándose como un puño.

Esto es el paraíso, su culo me aprieta tanto que voy a explotar. Nunca sentí algo así, pura conexión carnal.

Nos corrimos casi al unísono. Yo dentro de su culo, chorros calientes llenándola hasta rebosar, el semen goteando por sus muslos. Raúl en su boca, ella tragando con avidez, lamiendo cada gota. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, el aire pesado con olor a sexo: esperma, sudor, panocha satisfecha. Nuestros pechos subían y bajaban al unísono, pulsos latiendo como tambores.

Después, en la calma del afterglow, nos duchamos juntos bajo el agua caliente, jabón resbalando por sus curvas. Reímos, besos suaves ahora, tiernos. "Eso fue épico, chavos. Un trio con culona inolvidable", murmuró Valeria, acurrucándose entre nosotros en la cama. El mar rugía afuera, testigo de nuestra noche. Me quedé pensando, con su cabeza en mi pecho, que la vida en México sabe regalar momentos así: intensos, reales, sin remordimientos.

Al amanecer, con el sol pintando el cielo de rosa, nos despedimos con promesas de repetir. Pero esa

culona irresistible

se llevó un pedazo de mí, un recuerdo que aún me pone duro al evocarlo.

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