Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trío Ardiente con Mi Madrastra Trío Ardiente con Mi Madrastra

Trío Ardiente con Mi Madrastra

7091 palabras

Trío Ardiente con Mi Madrastra

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de la sala, pintando todo de un naranja cálido que hacía que el aire oliera a jazmín del jardín. Yo, Alex, de veinticinco tacos, estaba tirado en el sofá con una chela fría en la mano, viendo cómo mi madrastra, Carla, se movía por la cocina como si fuera dueña del mundo.

Neta

, esa mujer de treinta y ocho años era un

pinche

monumento: curvas que no acababan, chichotas firmes que se marcaban bajo su blusa escotada y un culo que pedía guerra con cada paso. Mi viejo se había ido de viaje de negocios a Cancún por una semana, y el ambiente en la casa se sentía cargado, como si el calor del verano trajera promesas sucias.

Carla era la segunda esposa de mi papá, se habían casado cuando yo ya andaba en la uni. Al principio la veía como una intrusa, pero con el tiempo...

joder

, empecé a notarla de otra forma. Sus risas roncas cuando platicábamos, el roce accidental de su mano en mi brazo que me ponía la piel chinita. Y yo,

pendejo

, me la pasaba fantaseando con ella por las noches,

imaginando un trío con mi madrastra y alguna morra que me prendiera el fuego

, pero nunca me atrevía a mover ficha.

De repente, sonó el timbre. Era mi novia, Lupe, con su falda corta y esa sonrisa pícara que me volvía loco. Lupe era de esas chilangas fieras, con pelo negro largo, labios carnosos y un cuerpo atlético de tanto gym. La invité a pasar y nos besamos en la puerta, su lengua juguetona sabiendo a chicle de fresa. Carla salió de la cocina con una bandeja de guacamole y totopos, oliendo a cilantro fresco y limón.

¡Órale, güey!

¿Ya llegó la famosa Lupe? —dijo Carla con esa voz grave que me erizaba los vellos, abrazándola como si fueran compas de toda la vida.

Lupe se sonrojó un poco, pero le siguió el juego.

—Sí, jefa.

Neta

, tu casa huele a paraíso. ¿Ese guac es casero?

Nos sentamos los tres en la sala, platicando de todo y nada. El aire se llenaba de risas y el sonido crujiente de los totopos. Pero yo notaba las miradas: Carla echándole ojo a las piernitas de Lupe, y Lupe devolviéndole la vista con un brillo travieso.

¿Qué chingados pasa aquí?

pensé, sintiendo un cosquilleo en la entrepierna. El calor subía, y no era solo el sol.

La plática derivó a temas más calientes. Lupe contó una anécdota de una fiesta donde vio un trío en una esquina, y Carla soltó una carcajada.

¡Ay, morra!

Yo en mis veintes me la pasaba experimentando. Un trío es lo máximo si todos van en la misma onda.

Yo tragué saliva, mi verga ya medio parada bajo los jeans. Lupe me miró de reojo y se mordió el labio.

Pues

Alex siempre dice que le gustaría probar algo así... ¿verdad, mi amor?

Mi corazón latió como tamborazo. Carla se acercó más, su perfume a vainilla y sudor sutil invadiendo mis sentidos.

¿En serio, hijito?

¿Con quién lo imaginas?

El silencio se espesó, cargado de electricidad. Yo balbuceé algo, pero Lupe tomó la iniciativa, rozando mi muslo con su mano.

Contigo

, Carla. Un trío con mi madrastra sonaría

chido

.

Carla no se inmutó. En cambio, sonrió con malicia y se paró, extendiendo la mano.

Vengan

, vamos a mi recámara. Si es consensual, ¿por qué no?

Mi cabeza daba vueltas.

Esto está pasando de veras

.

Subimos las escaleras, el corazón retumbándome en los oídos. La recámara de Carla era un nido de placer: sábanas de satén rojo, velas aromáticas a canela encendidas, música suave de mariachi electrónico de fondo. El olor a su loción mezclada con el calor de nuestros cuerpos me mareaba. Nos quitamos la ropa despacio, como en un ritual. Primero Lupe, revelando sus tetas perfectas, pezones duros como piedras. Luego Carla, desabrochando su blusa para soltar esas chichotas enormes, con areolas oscuras que invitaban a morder.

Yo era el último, mi verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando al verlas a las dos desnudas. Lupe se arrodilló primero, lamiendo la punta con su lengua caliente, saboreando el pre-semen salado.

¡Pinche delicia!

gemí, mientras Carla se acercaba por detrás, sus tetas rozando mi espalda, sus manos masajeando mis huevos con uñas largas.

Te ves rico, Alex

—susurró Carla en mi oído, su aliento caliente oliendo a tequila que habíamos bebido antes.

El toque de sus pieles era fuego: suave como seda la de Lupe, madura y tensa la de Carla. Nos movimos al colchón, un enredo de cuerpos sudados. Lupe y Carla se besaron primero, lenguas danzando, labios chupándose con sonidos húmedos que me volvían loco. Yo las veía, mi verga goteando, oliendo su excitación almizclada en el aire.

Me uní, chupando los pezones de Lupe mientras Carla me mamaba la verga. Su boca era un horno: succionaba profundo, garganta apretada, saliva escurriendo por mis bolas.

Esto es el cielo, un trío con mi madrastra y mi novia, neta no lo creo

, pensé, mientras mis caderas empujaban instintivo.

La tensión crecía como tormenta. Cambiamos posiciones: Lupe se recostó, abriendo sus piernas para mostrar su panocha rosada, hinchada y mojada. Carla se sentó en su cara, restregando su concha peluda contra la boca de Lupe. Yo lamí a Lupe primero, su sabor ácido-dulce inundando mi lengua, clítoris endurecido bajo mis labios. Ella gemía ahogada por el coño de Carla, vibraciones que nos prendían a todos.

¡Sí, cabrón, chúpame así!

—gruñó Lupe, sus muslos temblando alrededor de mi cabeza.

Carla se mecía, sus chichotas rebotando, sudor perlando su piel morena. El cuarto apestaba a sexo: jugos, sudor, gemidos roncos. Mi verga dolía de ganas. Me puse de rodillas y metí en Lupe de un empujón, su interior apretado como guante caliente. Empujaba fuerte, piel contra piel chapoteando, mientras ella lamía a Carla sin parar.

Carla bajó y nos besó a los dos, su lengua probando los sabores mezclados.

Esto es puro vicio

, pensé, el ritmo acelerando. Cambiamos: ahora yo en Carla, su concha madura tragándome entero, paredes aterciopeladas ordeñándome. Lupe se frotaba contra mi espalda, dedos en mi culo, tetas presionando.

¡Más duro, hijito! ¡Cómete a tu madrastra!

—jadeaba Carla, uñas clavándose en mis hombros.

El clímax se acercaba como avalancha. Sudor chorreando, respiraciones entrecortadas, el colchón crujiendo bajo nosotros. Lupe se corrió primero, gritando con la boca en la panocha de Carla, jugos salpicando mi cara. Carla la siguió, su coño contrayéndose alrededor de mi verga, ordeñándome hasta que exploté dentro de ella, semen caliente llenándola en chorros interminables. Gemí como loco, el placer cegador, pulsos en mi polla vaciándose.

Nos derrumbamos en un montón jadeante, pieles pegajosas, olores intensos envolviéndonos. Lupe besaba mi cuello, Carla acariciaba mi pecho, risas suaves rompiendo el silencio.

Pinche trío con mi madrastra

, el mejor de mi vida —murmuré, besándolas a ambas.

El sol se ponía afuera, tiñendo la habitación de púrpura. Nos quedamos así, enredados, compartiendo miradas cómplices. No había arrepentimientos, solo una conexión nueva, profunda. Mi viejo volvería pronto, pero este secreto nos unía para siempre.

Neta

, la vida puede ser una chingadera hermosa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.