Trio Ardiente con Mi Cuñada
Era una noche de esas calurosas en Guadalajara, de las que te hacen sudar hasta el alma. Mi esposa Ana y yo acabábamos de mudarnos a una casa chiquita pero acogedora en la colonia Providencia, con jardín y todo. Su hermana Sofia, mi cuñada, había venido de visita desde Monterrey porque andaba en busca de chamba por acá. Sofia era un bombón: curvas que no acababan, piel morena como el chocolate, ojos negros que te miraban con picardía y un culo que se movía como si bailara cumbia sola.
Ana y yo llevábamos casados tres años, y aunque la neta la seguíamos pasando chido en la cama, últimamente sentíamos que nos faltaba algo de chispa. Esa noche preparamos unas carnitas bien jugosas con guac y chelas frías. Sofia llegó con un vestido ajustado rojo que le marcaba las chichis y las nalgas, oliendo a perfume de vainilla que me revolvió las tripas.
Órale, esta morra está cañona
, pensé mientras la abrazaba y sentía su calor contra mi pecho.
Nos sentamos en la sala, con la tele de fondo pasando un partido de las Chivas. Las chelas corrían y las risas también. Ana, con su pelo suelto y shortcito, se recargaba en mi hombro, pero yo no podía quitarle los ojos de encima a Sofia. Ella se cruzaba de piernas, dejando ver sus muslos suaves, y cada vez que reía, su voz ronca me erizaba la piel.
¿Qué pedo conmigo? Es la hermana de mi jefa, pero carnal, se me para la verga cada vez que la veo mover las caderas.
Hablamos de todo: de la familia, de lo pendejos que eran los políticos, de cómo Sofia extrañaba el cabrito de allá pero que las tacos de aquí le ganaban.
De repente, Ana soltó una bomba: "
Wey, ¿y si jugamos algo para animar la noche? Truth or dare, pero versión mexicana: pregunta o reto con chela de por medio.
" Sofia aplaudió emocionada, y yo, con el corazón latiéndome como tamborazo, acepté. El primer reto fue inocente: Sofia tuvo que bailar reggaetón pegadita a mí. Su culo rozó mi entrepierna, y sentí su calor húmedo a través de la tela. Olía a sudor dulce mezclado con su perfume, y el roce de su piel contra mis manos me dejó la verga tiesa como poste.
La tensión subía como la espuma de las chelas. Ana me retó a besar a Sofia en el cuello, y cuando lo hice, su piel sabía a sal y miel, suave como terciopelo. Sofia gimió bajito, un sonido que me vibró en los huevos.
Esto va para largo, pero qué chingón se siente
. Luego, Sofia le retó a Ana a quitarse la blusa, y mi esposa, con una sonrisa pícara, se quedó en bra de encaje negro, sus pezones duros asomando. Yo las veía a las dos, hermanas gemelas en lo caliente, y el aire se cargó de electricidad.
El juego escaló. Mi turno: verdad. Sofia preguntó: "
¿Alguna vez has soñado con un trio con cuñada?
" Me quedé mudo, pero Ana rio y dijo: "
Él me lo confesó una vez, neta. Y yo... pues no me enojaría si pasa algo chido entre los tres.
" El corazón me retumbó en los oídos. Sofia se acercó, su aliento cálido en mi oreja: "
Yo también lo he pensado, cuñado. Desde que te vi con Ana en la boda, supe que eras un machote.
" Sus labios rozaron los míos, suaves y jugosos, saboreando a tequila y deseo.
Nos besamos los tres, un enredo de lenguas y manos. Ana olía a su loción de lavanda, Sofia a vainilla salvaje. Sus bocas eran fuego líquido, chupando y mordiendo con hambre. Me quitaron la playera, sus uñas arañando mi pecho, dejando rastros rojos que ardían chido.
Esto es un sueño cabrón, dos morras ricas queriendo mi verga.
Las llevé al cuarto, la cama king size crujiendo bajo nuestro peso. El cuarto olía a sexo inminente, a piel caliente y fluidos.
Ana se tendió primero, abriendo las piernas con una sonrisa empoderada. "
Vente, amor, muéstrale a tu cuñada cómo me coges.
" Sofia se arrodilló a un lado, masturbándome la verga con mano experta, su palma callosa del gimnasio frotando la cabeza sensible. La chupé yo a Ana primero, su panocha depilada brillando de jugos, sabor ácido dulce como tamarindo. Ella gemía fuerte, "
¡Sí, cabrón, así!
", mientras Sofia lamía mis huevos, su lengua caliente y ágil haciendo que me arqueara.
Cambiaron posiciones. Sofia se montó en mi cara, su culo redondo aplastándome la nariz, oliendo a almizcle puro, femenino. La devoré, metiendo la lengua en su clítoris hinchado, mientras Ana se empalaba en mi verga. El calor de su coño me envolvió, apretado y resbaloso, subiendo y bajando con ritmo de banda. "
¡Qué rico tu pito, cuñado! Más adentro,
" jadeaba Sofia, moliéndose contra mi boca. Sentía sus jugos chorreándome la barbilla, salados y espesos.
El sudor nos pegaba, piel contra piel resbalosa, sonidos de carne chocando como palmadas en fiesta. Ana y Sofia se besaron encima de mí, tetas frotándose, pezones duros rozando. Yo las volteé, poniéndolas a cuatro patas lado a lado. Sus culos idénticos, perfectos, me invitaban. Metí primero en Ana, embistiéndola duro, sus paredes contrayéndose, luego saqué y clavé en Sofia. "
¡Ay, wey, me vas a partir!
" gritó ella, pero empujaba hacia atrás, queriendo más. El olor a sexo llenaba el cuarto, mezclado con el aroma de sus cremas y mi sudor masculino.
Las cogí alternando, mis bolas golpeando sus clítoris, manos amasando sus nalgas firmes. Internamente, luchaba:
Esto es lo máximo, pero ¿y mañana? Nah, al diablo, puro placer ahora.
Ana se corrió primero, temblando, su coño ordeñándome la verga con espasmos. "
¡Me vengo, pinche cuñado rico!
" Sofia la siguió, chillando como gata en celo, su culo contrayéndose alrededor de mi pito.
No aguanté más. Saqué la verga palpitante y ellas se voltearon, abriendo bocas ansiosas. Chorros calientes les pinté la cara y tetas, semen espeso y blanco goteando por sus labios. Lo lamieron mutuamente, besándose con mi leche en la lengua, un espectáculo que me dejó sin aliento. Nos derrumbamos, jadeando, cuerpos entrelazados en sábanas húmedas. El aire olía a orgasmo compartido, a victoria carnal.
Después, en la calma, Ana me acarició el pecho: "
Fue chingón, ¿verdad? Mi hermana y tú... un trio con cuñada perfecto.
" Sofia rio bajito, su cabeza en mi hombro: "
Repetimos cuando quieras, carnal. Esto nos une más.
" Me sentía rey, lleno de ellas. Afuera, la noche tapatía susurraba promesas, pero adentro, el lazo era eterno, caliente y consentido. Dormimos así, piel con piel, saboreando el afterglow hasta el amanecer.