Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio Ardiente con Primas El Trio Ardiente con Primas

El Trio Ardiente con Primas

5904 palabras

El Trio Ardiente con Primas

Era un fin de semana largo en la playa de Cancún, de esos que la familia planea para desconectarse del pinche estrés de la ciudad. Yo, Alejandro, de veintiocho años, había llegado temprano a la casa rentada, una chulada con vista al mar turquesa y piscina infinita. Mis primas, Sofía y Isabella, ambas de veinticuatro y veintiséis, llegaron después, con sus maletas llenas de bikinis diminutos y esa energía que siempre me ponía a mil.

Sofía, la más juguetona, con su piel morena bronceada, chichis firmes que asomaban por el escote y un culazo que se movía como hipnosis. Isabella, más seria pero con ojos que prometían travesuras, flaca pero con curvas en los lugares correctos, cabello negro largo hasta la cintura. Habíamos crecido juntos en Guadalajara, pero desde que nos hicimos grandes, las miradas se habían vuelto calientes. Ese día, con el sol pegando fuerte, nos echamos a la piscina con chelas frías en mano.

Pinche suerte la mía, pensó, ¿será que hoy pasa algo? Las veo reír y salpicar, sus cuerpos mojados brillando... no mames, qué rico.

—Órale, carnal, ¿por qué tan callado? —dijo Sofía, saliendo del agua con gotas resbalando por sus muslos—. ¿No te late nadar?

Me acerqué, el olor a sal y protector solar invadiendo mis sentidos. Isabella se recargó en el borde, su bikini negro dejando poco a la imaginación. Brindamos, y entre risas, el tema salió natural: trio con primas. Alguien mencionó una película pendeja que habían visto, y de ahí rodó la plática.

—Yo digo que sería chingón —soltó Isabella, con una sonrisa pícara—. Imagínate, tres cuerpos enredados, sudando, gimiendo...

El corazón me latió como tambor. ¿Estaban coqueteando o nomás era el alcohol? La tensión creció con cada trago, sus pies rozando los míos bajo el agua, miradas que duraban segundos de más.

Al atardecer, nos metimos a la cocina a preparar tacos. El aire olía a cilantro fresco, limón y carne asada chisporroteando en la plancha. Sofía se pegó a mí para alcanzar la salsa, su culo presionando contra mi verga que ya se ponía dura. Isabella lo notó y rio bajito.

—Uy, primo, ¿ya te animaste? —susurró, su aliento cálido en mi oreja.

Ahí fue cuando explotó la chispa. La besé primero, suave, probando sus labios carnosos con sabor a tequila. Sofía se unió, su lengua juguetona enredándose con las nuestras. Manos por todos lados: las de ella en mi pecho, las mías apretando sus nalgas firmes, el sonido de besos húmedos y jadeos ahogados.

Esto es real, cabrón. Mis primas, desnudándose para mí. Sus pieles suaves, calientes, listas para devorarme.

Nos arrastramos al sillón de la sala, con vista al mar oscureciéndose. Sofía se quitó el bikini con lentitud, revelando pezones oscuros endurecidos por el aire fresco. Isabella hizo lo mismo, su coñito depilado brillando de anticipación. Yo me desvestí rápido, mi pija tiesa apuntando al cielo.

Empezamos despacio, explorando. Besé el cuello de Sofía, oliendo su perfume mezclado con sudor salado. Mis dedos bajaron por su vientre plano hasta su clítoris hinchado, frotándolo en círculos mientras ella gemía "¡Ay, sí, así, pinche rico!". Isabella me chupaba los huevos, su boca caliente y húmeda succionando con maestría, el sonido de pop y slurp llenando la habitación.

La intensidad subió como ola. Sofía se montó en mi cara, su coño jugoso empapándome la boca. Sabía a miel salada, dulce y adictiva. Lamí su entrada, chupé su clítoris mientras ella se mecía, sus muslos apretándome las mejillas. Isabella cabalgó mi verga, bajando despacio, su interior apretado envolviéndome como guante caliente. "¡Qué chingona tu pija, primo!" gritó, rebotando con fuerza, sus chichis saltando.

El ritmo se aceleró. Sudor resbalando por espaldas, pieles chocando con palmadas húmedas, olores a sexo crudo —musk, fluidos, mar—. Cambiamos posiciones: yo de perrito a Isabella, embistiéndola profundo mientras Sofía lamía sus tetas. Isabella se corrió primero, temblando, gritando "¡Me vengo, cabrones, no paren!", su coño contrayéndose alrededor de mi verga.

Esto es el paraíso, wey. Sus cuerpos perfectos, entregados, queriendo más. Soy el rey de este trio con primas.

Sofía exigió su turno. La puse en cuatro, metiendo mi pija hasta el fondo, sintiendo su culo rebotar contra mi pelvis. Isabella se acostó debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi saco. El placer era eléctrico, pulsos latiendo en mis sienes, venas hinchadas en mi miembro. Gemidos se volvieron rugidos: "¡Más duro, Alejandro, rómpeme!" pedía Sofía.

El clímax llegó como tormenta. Me vine dentro de Sofía, chorros calientes llenándola mientras ella se retorcía en orgasmo, Isabella frotándose frenéticamente hasta explotar de nuevo. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, pechos subiendo y bajando, pieles pegajosas de sudor y semen.

Nos quedamos así, respirando pesado, el sonido de olas rompiendo afuera como aplauso. Besos suaves post-sexo, caricias perezosas. Sofía trazó círculos en mi pecho: "Esto fue lo más chido ever, primo." Isabella asintió, acurrucada: "Nuestro secreto ardiente."

Jamás olvidaré esta noche. El trio con primas que cambió todo. No era solo sexo, era conexión pura, deseo familiar liberado.

Al día siguiente, desayunamos en la terraza, con sonrisas cómplices y miradas que prometían repeticiones. El sol naciente pintaba el mar de oro, y yo supe que este fin había sido legendario. Nuestros cuerpos, ahora marcados por toques compartidos, vibraban con una intimidad nueva. En México, la familia es todo, y esta vez, había sido mucho más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.