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C Try Catch Carnal

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C Try Catch Carnal

Estaba hasta la madre con este pinche código en C. Mi laptop ardía sobre el escritorio de mi depa en la Condesa, el ventilador zumbando como loco mientras yo sudaba tratando de implementar un c try catch casero con setjmp y longjmp. Si el programa se estrella, lo agarro antes de que todo se vaya al carajo, pensaba, tecleando como poseído. Eran las once de la noche, el skyline de la Ciudad de México brillaba por la ventana con luces neón y el lejano claxon de los taxis. Olía a café quemado y a mi propia frustración.

Sonó el interfón.

¡Órale, carnal, ábreme que traigo ganas de ti!
Era Sofía, mi morra, con esa voz ronca que me ponía la verga dura al instante. Le di buzz y en dos minutos entró, toda pinche diosa con su falda corta negra que apenas cubría sus muslos prietos, blusa escotada dejando ver el encaje de su brasier y el cabello suelto negro como noche de borrachera. Traía olor a perfume vainilla mezclado con el humo de la calle, y unos tacos de suadero en una bolsa que dejó en la mesa.

Wey, neta que pareces zombie —dijo riendo, abrazándome por detrás. Sus tetas se apretaron contra mi espalda, su aliento caliente en mi oreja—. ¿Qué onda con tu compu? ¿Otra vez peleando con el código?

Me giré, la jalé hacia mí y la besé con hambre. Sus labios suaves, sabor a chicle de fresa y tequila, lengua juguetona enredándose con la mía. Puta madre, esta mujer me enciende como antorcha.

Acto uno: la chispa. Nos sentamos en el sofá, ella en mis piernas, comiendo tacos mientras le explicaba mi bronca. —Mira, en C no hay try catch nativo, wey. Tengo que simularlo pa' que si hay error, lo catch y no se cierre todo. Como tú conmigo, siempre tratando de agarrarme antes de que me salga de las manos.

Ella soltó carcajada, su risa vibrando en mi pecho. —Ay, pendejo, ¿y si tu c try catch falla? ¿Te corres el programa? —Sus dedos bajaron por mi pecho, arañando suave sobre la playera, y sentí su calor entre las piernas presionando mi paquete.

La tensión crecía. Sus ojos cafés brillaban pícaros, el cuarto se llenaba de nuestro aliento acelerado. Olía a su piel morena, a sudor fresco y al picante de los tacos. Mi verga palpitaba dura contra su nalga, y ella se movía despacio, restregando como si bailara reggaetón.

La levanté en brazos, sus piernas envolviéndome la cintura, y la llevé al cuarto. La tiré en la cama king size, las sábanas frescas de algodón egipcio crujiendo bajo su peso. Ella se quitó la blusa de un jalón, tetas perfectas saltando libres del brasier, pezones duros como balas cafés oscuros. Qué chingaderas tan ricas, pensé, babeando.

Acto dos: la escalada. Me quité la ropa a la verga, quedando en calzones con la pija marcada. Me tiré encima, besando su cuello salado, lamiendo hasta su clavícula mientras ella gemía bajito,

¡Sí, papi, así, no pares!
Mis manos exploraban su cuerpo, curvas suaves, piel como terciopelo caliente. Bajé a sus tetas, chupando un pezón, mordisqueando suave, el sabor lácteo dulce en mi lengua. Ella arqueaba la espalda, uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos rojos que ardían chido.

—Cuéntame más de tu c try catch, carnal —jadeó, bajando la mano a mi calzón, sacando mi verga gruesa, venosa, palpitante. La masturbó lento, arriba-abajo, pulgar en el glande mojado de pre-semen—. ¿Es como esto? ¿Try de cogerme y catch mi corrida?

Reí ronco, el corazón latiéndome a mil. Neta, esta morra es genio. Le quité la falda y tanga, su panocha depilada brillando húmeda, labios rosados hinchados, olor almizclado a excitación pura que me volvía loco. Metí dos dedos, resbalosos de sus jugos calientes, curvándolos en su punto G. Ella chilló, caderas subiendo, squish squish de mi mano follándola.

La tensión psicológica ardía: yo queriendo devorarla ya, pero saboreando el build-up. Le comí el coño, lengua plana lamiendo clítoris, succionando suave, su sabor ácido-dulce inundándome la boca. Gritaba mi nombre, Alex, wey, me vengo! Pero la frené, no tan rápido, try primero. La puse de rodillas, ella chupándome la verga como profesional, labios estirados, saliva chorreando por mi huevos, garganta profunda hasta que tosía juguetona. El sonido obsceno, glug glug, sus ojos lagrimeando mirándome sumisa-dominante.

Nos volteamos en 69, yo enterrado en su chochito mientras ella me mamaba. Sudor nos pegaba, piel resbalosa, el cuarto olía a sexo crudo, a feromonas y sábanas revueltas. Mi mente divagaba:

Esto es mi c try catch perfecto, try de follar sin control, catch el clímax antes del crash post-nut
.

La puse boca arriba, piernas abiertas en V, y le metí la verga de un empujón. ¡Puta madre! Su interior apretado, aterciopelado, caliente como horno, paredes contrayéndose alrededor de mi pija. Empecé lento, saliendo casi todo y embistiendo profundo, plaf plaf de pelvis contra pelvis, sus jugos salpicando mis huevos. Ella clavaba uñas en mis nalgas, más duro, cabrón, a huevo!

La intensidad subía: cambié a perrito, agarrando sus caderas anchas, follando salvaje, tetas balanceándose, su culo perfecto rebotando. Sudor chorreaba por mi espalda, el slap slap resonando, sus gemidos convirtiéndose en gritos ahogados. Sentía su orgasmo building, coño apretándome más, catch it, carnal. Yo al borde, bolas tensas, próstata latiendo.

Acto tres: la liberación. La volteé misionero, ojos en ojos, besos fieros mientras la taladraba profundo. —¡Córrete conmigo, Sofi! —gruñí. Ella explotó primero, coño convulsionando, chorro caliente mojando sábanas,

¡Sííí, Alex, me vengo chingón!
Su cara extasiada, ojos en blanco, cuerpo temblando. Eso me llevó al límite: verga hinchándose, eyaculando chorros potentes dentro, llenándola de leche espesa, caliente. Rugí como bestia, pulsos interminables, placer cegador desde huevos hasta cerebro.

Colapsamos jadeando, pegados sudorosos, mi verga ablandándose aún dentro. Besos suaves post-sexo, su mano acariciando mi pelo. Olía a semen, a su corrida, a nosotros fundidos. —Neta, tu c try catch funcionó perfecto —susurró riendo bajito—. No hubo crash.

Me quedé mirándola, corazón calmándose, el skyline ahora tranquilo por la ventana. En la vida real, el verdadero try catch es esta morra: intentas controlarla, pero la catch y te cambia todo el código. La abracé fuerte, sabiendo que mañana volvería al pinche C, pero con ella, cada noche era debug exitoso. El afterglow duró horas, pieles entrelazadas, suspiros compartidos, el mundo afuera olvidado.

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