Reina Dont Try Suicide Letras de Pasión
La fiesta en Polanco estaba a todo lo que daba, con luces neón parpadeando contra las paredes de cristal del rooftop y el bajo de la música electrónica retumbando en el pecho de todos. Tú, con una chela fría en la mano, escaneabas la multitud buscando algo que valiera la pena. Ahí la viste: Reina, se llamaba, una morra de esas que te dejan con la boca seca. Cabello negro largo hasta la cintura, ojos color miel que brillaban como fuego bajo las luces, y un vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de su cuerpo atlético, como si hubiera sido cosido sobre su piel morena. Bailaba sola, moviendo las caderas con un ritmo que parecía hipnótico, y olía a jazmín y vainilla desde metros de distancia.
Te acercaste, el corazón latiéndote como tambor. Órale, wey, ¿qué pedo con esa rola?
le dijiste, señalando la canción que acababa de cambiar a algo más rockero. Ella giró, sonrió con labios carnosos pintados de rojo fuego, y te miró de arriba abajo. Es Queen, carnal. Queen don't try suicide lyrics, ¿las conoces? Neta que son chingonas, upbeat pa'l desmadre pero con un toque dark que te pone la piel chinita.
Su voz era ronca, con ese acento chilango puro, juguetón y directo.
Hablaron toda la noche. Reina era DJ en antros de lujo, fanática empedernida de rock clásico, y contaba anécdotas de conciertos en el Foro Sol mientras sus dedos rozaban tu brazo casualmente, enviando chispas por tu espina. No mames, esa letra de Queen me salvó una vez de un bajón cabrón
, confesó, acercándose tanto que sentiste el calor de su aliento en tu cuello, mezclado con el aroma dulce de su perfume. El deseo creció lento, como una ola en la playa de Acapulco: primero un cosquilleo en el estómago, luego un pulso acelerado entre las piernas. Bailaron pegados, su culo firme presionando contra tu entrepierna, y supiste que esa noche no terminaba ahí.
¿Qué carajos estoy haciendo? Piensas, mientras su mano sube por tu pecho. Pero neta, esta morra es fuego puro, no hay vuelta atrás.
La llevaste a su depa en Lomas de Chapultepec, un penthouse con vista al skyline de la CDMX, luces titilando como estrellas caídas. Apenas cerraron la puerta, Reina te empujó contra la pared, sus labios chocando con los tuyos en un beso hambriento. Sabían a tequila reposado y cerezas, su lengua danzando con la tuya, explorando, reclamando. Ven, ponte cómodo
, murmuró, quitándose los tacones con un movimiento felino. El lugar olía a incienso de sándalo y a ella, ese jazmín embriagador que te mareaba.
En la sala, con bocinas Bose retumbando, sacó su teléfono. Quiero que escuches esto bien
, dijo con picardía, buscando en Spotify. La rola empezó: Queen don't try suicide, el riff de guitarra cortando el aire como un latigazo eléctrico. Ella se pegó a ti, cantando bajito las letras contra tu oído: Don't try suicide... you're just gonna hate it
, su voz vibrando en tu piel, mientras sus manos bajaban por tu camisa, desabotonándola con dedos hábiles. El sonido grave de la bajo se mezclaba con su respiración agitada, y sentiste su corazón galopando contra tu pecho.
La tensión subía como el volumen de la rola. La ayudaste a quitarse el vestido, revelando lencería negra de encaje que apenas contenía sus tetas perfectas, pezones duros asomando como promesas. Su piel era seda caliente, suave al tacto, con un leve sudor que la hacía brillar bajo la luz tenue. Qué chingón te sientes
, gemiste, besando su cuello, lamiendo el salado de su piel, inhalando profundo ese aroma a mujer excitada, almizclado y dulce. Ella rio, un sonido gutural, y te jaló al sofá de piel blanca.
Mierda, sus curvas son pecado. Quiero devorarla entera, pero despacio, hacerla rogar.
Allí, en el middle del desmadre, la cosa escaló. Reina se arrodilló entre tus piernas, desabrochando tu pantalón con urgencia. Tu verga saltó libre, dura como piedra, palpitando al aire fresco. Órale, qué mamalón
, dijo ella, lamiendo sus labios antes de tomarla en la boca. El calor húmedo de su lengua fue eléctrico: chupaba despacio al principio, círculos lentos alrededor del glande, saboreando cada vena, mientras la música seguía: nobody gives a damn. Gemías, tus manos enredadas en su pelo, el sonido de succión mezclado con el rock, olía a sexo inminente, a su saliva resbalando.
La volteaste, poniéndola a cuatro patas en el sofá. Su panocha depilada brillaba húmeda, labios hinchados invitándote. Rozaste con los dedos, sintiendo el calor resbaloso, el clítoris endurecido bajo tu pulgar. ¡Sí, wey, métemela ya!
suplicó, arqueando la espalda. Entraste lento, centímetro a centímetro, su carne apretada envolviéndote como guante de terciopelo caliente. El roce era exquisito, cada embestida enviando ondas de placer por tu cuerpo, sus nalgas chocando contra tu pelvis con palmadas rítmicas. Sudor goteaba, mezclándose, el aire cargado de gemidos y el grito de Freddie Mercury.
La voltearon, misionero profundo, sus piernas envolviéndote la cintura, uñas clavándose en tu espalda dejando surcos ardientes. Besos salvajes, dientes mordiendo labios, lenguas guerreando. ¡Más fuerte, pendejo, hazme venir!
exigía, sus ojos fijos en los tuyos, vulnerables y fieros. Sentías su interior contrayéndose, pulsando, el olor a sexo denso, el sabor de su sudor en tu boca. La música llegaba al clímax, igual que ustedes: aceleraste, follando con furia controlada, tus bolas apretadas listas para explotar.
No aguanto más, esta reina me va a matar de gusto. Queen tenía razón, no intentes nada tonto cuando hay esto.
El ending llegó como avalancha. Reina gritó primero, su cuerpo temblando, panocha ordeñándote en espasmos violentos, jugos calientes resbalando por tus muslos. ¡Me vengo, cabrón!
aulló, uñas hundiéndose más. Tú la seguiste, corriéndote dentro con un rugido gutural, chorros calientes llenándola, el placer cegador, estrellas explotando detrás de tus ojos cerrados. Colapsaron juntos, jadeando, la rola terminando en fade out, solo susurros y el pulso latiendo al unísono.
En el afterglow, abrazados en la cama king size con sábanas de algodón egipcio, Reina trazaba círculos en tu pecho con el dedo. Neta que Queen don't try suicide lyrics son mi himno secreto. Me recuerdan que la vida es pa' gozarla, no pa' rajarse
, murmuró, besándote suave. El skyline brillaba afuera, el aroma a sexo y jazmín flotando, sus piernas enredadas en las tuyas. Te sentiste completo, poderoso, como si hubieras conquistado un reino. Ella se acurrucó, suspirando satisfecha, y el sueño llegó dulce, con promesas de más noches así.