Que Es Triara Telmex La Pasión Fibrosa
Estaba en mi depa en la Condesa todo tranqui tomando un café bien cargado cuando de repente se me cayó el internet. ¡Qué chinga! pensé mientras refrescaba la página una y otra vez. Nada. Llamé a Telmex de una y les dije que mandaran a alguien rápido porque sin wifi me sentía como pendejo perdido en el desierto. Me contestaron que en media hora llegaba una técnica de Triara, su servicio de fibra óptica premium. ¿Qué es Triara Telmex? me pregunté en voz alta, pero no busqué porque ya estaba harto de no tener señal.
Escuché el timbre y abrí la puerta. Ahí estaba ella: Triara, con su uniforme ajustado de Telmex que le marcaba las curvas como si lo hubieran diseñado para tentar. Pelo negro largo recogido en una coleta alta, ojos cafés intensos que te clavaban, piel morena suave como el chocolate mexicano. Olía a vainilla y a algo fresco, como jabón de lavanda. Llevaba una caja de herramientas en una mano y una sonrisa pícara que me dejó con la boca seca.
—Buenas tardes, soy Triara de Telmex. ¿Dónde está el módem, guapo?
Mi corazón dio un brinco. ¿Guapo? Órale, esta morra no pierde tiempo, pensé mientras la dejaba pasar. Su voz era ronca, con ese acento chilango que suena tan sexy cuando dice las palabras justas. La seguí a la sala, viendo cómo sus caderas se movían con cada paso, el pantalón de trabajo ceñido resaltando su culo redondo y firme. Me sudaban las manos. Hacía calor en el depa, o al menos eso sentía yo.
Se agachó para revisar el cable del módem detrás del mueble. Su playera se levantó un poco, dejando ver un pedacito de piel en la cintura, tatuaje de una flor mexicana. El aroma de su perfume me invadió, mezclado con el sudor ligero del día caluroso. —Parece que el problema es la conexión de fibra —dijo levantándose y mirándome fijo—. Triara es lo máximo, ¿sabes? Fibra óptica pura, velocidad que te vuela la cabeza. ¿Quieres que te explique qué es Triara Telmex mientras lo arreglo?
Asentí como idiota, sentándome en el sofá. Ella se sentó a mi lado, tan cerca que sentía el calor de su muslo contra el mío. Sus manos expertas conectaban cables, pero sus ojos no dejaban los míos. —Triara es el servicio top de Telmex, 100% fibra, para que todo fluya sin cortes. Como el deseo, ¿no? —guiñó un ojo.
Sentí un cosquilleo en el estómago. Esta chava está coqueteando cañón. Le ofrecí un vaso de agua fría del refri. Nuestros dedos se rozaron al pasárselo y fue como electricidad. Su piel tibia, suave, con uñas pintadas de rojo intenso. Bebió despacio, lamiendo el borde del vaso de forma que me imaginaba otras cosas.
—¿Siempre tan amable con las técnicas? —preguntó, dejando el vaso y acercándose más.
—Solo con las que se ven como tú —le contesté, sintiendo el pulso acelerado.
Se rio bajito, un sonido gutural que me erizó la piel. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el DF. Terminó la instalación en minutos, pero no se movió del sofá. —Listo, ahora tienes Triara a full. Pruébalo.
Me levanté a checar mi laptop. Funcionaba perfecto, velocidad brutal. Volteé y la vi recargada, con las piernas cruzadas, mordiéndose el labio inferior. No mames, esto va para largo, pensé.
El sol de la tarde entraba por las cortinas, bañándola en luz dorada. Me acerqué despacio, sentándome frente a ella en la mesita de centro. Nuestras rodillas se tocaron. —Gracias, Triara. Eres una chingona.
—Llámame Tri, y no me agradezcas con palabras —dijo, tomando mi mano y poniéndola en su rodilla.
El tacto fue fuego. Su piel cálida bajo el pantalón, músculos firmes de tanto caminar por depa ajenos. La miré a los ojos, buscando consentimiento, y ella asintió con una sonrisa hambrienta. Me incliné y la besé. Sus labios suaves, carnosos, sabían a menta y a deseo puro. Su lengua juguetona se enredó con la mía, explorando, mientras sus manos subían por mi espalda, clavando uñas suaves.
Nos paramos sin dejar de besarnos, tropezando hacia mi cuarto. El olor de su arousal empezó a mezclarse con el mío, almizclado y dulce. Le quité la playera despacio, revelando un bra negro de encaje que apenas contenía sus tetas perfectas, pezones duros asomando. Besé su cuello, lamiendo la sal de su piel, oyendo sus gemidos bajos: "Sí, así, cabrón".
Caímos en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio. Sus manos desabrocharon mi jeans, bajándolos con urgencia. Mi verga ya estaba dura como piedra, palpitando al aire libre. Ella la tomó con mano experta, acariciando el tronco, el pulgar en la cabeza sensible. ¡Qué chido se siente! El calor de su palma, el roce lento que me hacía jadear.
—Te voy a hacer volar más que la fibra de Triara —susurró, bajando la cabeza.
Su boca caliente envolvió mi verga, lengua girando alrededor, succionando con maestría. El sonido húmedo, sus labios estirados, el sabor salado que ella lamía con gusto. Gemí fuerte, agarrando su coleta, pero ella controlaba el ritmo, subiendo y bajando, mirándome con ojos lujuriosos. El olor de su pelo, vainilla intensa, me volvía loco.
No aguanté más. La volteé, quitándole el pantalón. Su panocha depilada, labios hinchados brillando de humedad. Olía a miel y excitación, embriagador. Lamí despacio, saboreando su jugo dulce y salado, lengua en el clítoris endurecido. Ella arqueó la espalda, gritando: "¡Ay, wey, no pares! ¡Está de poca madre!" Sus muslos temblaban contra mis mejillas, piel suave como seda.
Subí por su cuerpo, besando tetas, mordiendo pezones rosados. Ella envolvió piernas alrededor de mi cintura, guiándome adentro. Entré despacio, sintiendo su calor apretado, paredes húmedas pulsando. Puro vicio. Empecé a moverme, ritmo lento al principio, sintiendo cada centímetro de fricción deliciosa. Sus uñas en mi espalda, rasguños placenteros, su aliento caliente en mi oreja: "Más fuerte, métemela cañón".
Aceleré, la cama crujiendo, piel chocando con palmadas húmedas. Sudor perlando nuestros cuerpos, mezclándose en sabores salados cuando nos besábamos. Sus gemidos subían de tono, caderas girando contra las mías, clítoris rozando mi pubis. El cuarto olía a sexo puro, a nosotros dos fundidos.
Esto es mejor que cualquier conexión de Triara Telmex, puro fuego sin cortes, pensé mientras la penetraba profundo.
Sentí su orgasmo venir primero: cuerpo tenso, panocha contrayéndose alrededor de mi verga como un puño caliente. Gritó mi nombre, ojos en blanco, temblores recorriéndola. Eso me llevó al borde. Empujé unas veces más, explosión dentro de ella, semen caliente llenándola mientras yo rugía de placer. Colapsamos jadeando, corazones latiendo al unísono.
Nos quedamos así un rato, enredados, piel pegajosa y tibia. Ella trazaba círculos en mi pecho con el dedo. —¿Ves? Triara no es solo internet, es conexión total —dijo riendo bajito.
La besé suave. —La mejor que he tenido.
Después nos duchamos juntos, agua caliente cayendo sobre cuerpos relajados, jabón espumoso en curvas y músculos. Salimos envueltos en toallas, pedimos unos tacos de suadero por app —ahora con internet perfecto— y comimos en la cama charlando. Me contó de su vida como técnica, lo aventado del jale, cómo algunos clientes son unos mamones pero otros como yo la hacen el día chido.
Se fue al atardecer, prometiendo volver si el internet fallaba. Pero sabía que no era por eso. Quedé con el sabor de ella en la boca, el aroma en las sábanas, el recuerdo de su cuerpo empapado en sudor. Qué es Triara Telmex? Ahora lo sé: es ella, puro placer fibroso que me dejó conectado para siempre.