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1 Archivo No Soportado WhatsApp Web Mi Tentación Desnuda

6732 palabras

1 Archivo No Soportado WhatsApp Web Mi Tentación Desnuda

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con la laptop abierta sobre la mesa de madera que huele a cedro fresco. La tarde caía lenta, el sol filtrándose por las cortinas blancas, pintando rayas doradas en mi piel morena. Me había metido al baño hace rato, el vapor del agua caliente aún pegado a mis tetas, gotitas resbalando por mi panza hasta el monte de Venus. Me miré en el espejo empañado, qué chingón se ve eso, pensé, y saqué el celular para tomarme una foto bien pinche caliente: piernas abiertas, dedos rozando mi clítoris hinchado, labios entreabiertos en un gemido silencioso. Para Carlos, el wey que me trae loca desde hace meses.

Regresé al cuarto, conecté el cel al WiFi rapidito y abrí WhatsApp Web en la laptop. Su chat estaba ahí, lleno de mensajitos calientes de anoche: "Muévete así morrita", "Te chupo hasta que grites". Sonreí, el corazón latiéndome fuerte en el pecho, el calor subiendo entre mis muslos. Seleccioné la foto, arrastrándola al chat como si fuera miel espesa. Pero nada. En lugar de enviarse, saltó un pinche mensaje rojo: 1 file you tried adding is not supported whatsapp web. ¿Qué chingados? Me quedé viendo la pantalla, la risa brotándome primero, luego una frustración cachonda.

¡No mames, ni para mandarte mi concha lista para ti sirve esta madre!
Tecleé rápido: "Wey, intenté mandarte mi nude pero sale 1 file you tried adding is not supported whatsapp web jajaja ven y cómetelo en vivo mejor".

Él respondió al instante, los puntitos saltando: "Neta? Ya me la puso dura esa foto que no llega jaja salgo para allá ahorita". Mi pulso se aceleró, el aire del cuarto se sentía espeso, cargado con el olor de mi propia excitación, ese almizcle dulce que se me escapa cuando estoy así de mojada. Me levanté, el piso frío bajo mis pies descalzos, y me puse un baby doll negro transparente, las tetas apuntando al techo, pezones duros como piedras. Miré el espejo de cuerpo entero: curvas mexicanas bien puestas, caderas anchas para agarrar, culo redondo que él adora morder. Vente pendejo, que te necesito adentro ya.

Diez minutos después, toquido en la puerta. Abrí y ahí estaba Carlos, alto, moreno, con esa sonrisa de cabrón que sabe lo que provoca. Olía a colonia barata pero rica, mezclada con sudor fresco de la calle. Me jaló de la cintura, su boca chocando contra la mía, lengua invadiendo, sabor a chicle de menta y deseo puro. "Muéstrame ese archivo no soportado", murmuró contra mis labios, manos bajando a apretarme el culo por encima de la tela fina.

Acto uno del fuego apenas empezaba. Lo llevé al sofá de piel suave, el mismo donde nos hemos revolcado antes. Nos sentamos, piernas enredadas, sus dedos trazando mi muslo interno, subiendo lento hasta rozar mi humedad. "Cuéntame cómo te veías en esa foto", dijo, voz ronca, ojos clavados en los míos como si me desnudara el alma. Le describí todo: el agua chorreando por mi piel, el dedo hundiéndose en mi calor, el gemido ahogado. Él gruñía bajito, su verga presionando contra el pantalón, dura como fierro. Yo le mordí el cuello, saboreando la sal de su piel, inhalando ese olor macho que me hace temblar las rodillas.

La tensión crecía como tormenta en el DF, truenos lejanos retumbando afuera. Sus manos subieron por mi espalda, desatando el baby doll, dejándome expuesta. Mis tetas saltaron libres, pezones rozando su pecho ancho.

¡Qué rico se siente su calor, neta no aguanto más!
Me recargué en él, frotándome contra su paquete, sintiendo cada vena pulsar bajo la tela. "Quítatelo todo, morra", ordenó juguetón, y yo obedecí, jalándole el cinturón con dientes, bajando el zip lento. Su verga brincó afuera, gruesa, venosa, la cabeza brillando de precum. La olí primero, ese aroma almizclado de hombre listo, y la lamí desde la base hasta la punta, sabor salado y adictivo en mi lengua.

Él me levantó como pluma, cargándome al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio frías contra mi espalda ardiente. Se quitó la ropa rápido, cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue, músculos tensos por el deseo. Se hincó entre mis piernas, besando mi interior de muslos, mordisqueando suave. Su aliento caliente rozaba mi concha abierta, labios hinchados pidiendo lengua. "Estás chorreando, pinche rica", dijo, y hundió la cara. ¡Ay cabrón! Su lengua plana lamió mi clítoris en círculos lentos, chupando jugos, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo en mi punto G. Gemí fuerte, uñas clavándose en su cabeza, caderas alzándose para follarle la boca. Sonidos húmedos llenaban el cuarto, slap slap de su saliva mezclada con mi miel, mi voz quebrándose en "¡Sí wey así no pares!".

El medio acto ardía intenso, emociones revueltas como mole en olla. Recordé nuestras primeras veces, él titubeando, yo guiándolo, ahora éramos expertos en este baile. Me volteó boca abajo, culo en pompa, y escupió en mi entrada trasera por juguetear. "Te voy a comer aquí también", prometió, lengua rimando mi ano apretado mientras dedos follaron mi coño. Temblores subían por mi espina, olor a sexo puro impregnando las sábanas. Lo volteé, queriendo control, lo subí encima, frotando mi humedad contra su verga. "Métemela ya, pendejo", supliqué, ojos en los suyos, conexión profunda más allá de la piel.

Él se hundió lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Qué lleno me hace, carajo! Gemidos sincronizados, piel chocando piel, sudor perlando nuestros cuerpos. Ritmo building: lento primero, profundo, sintiendo cada roce interno, luego rápido, brutal, cama crujiendo como si fuera a romperse. Sus bolas golpeaban mi culo, sonido obsceno, mi clítoris frotándose contra su pubis. "¡Me vengo, Carlos!", grité, paredes convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando. Él gruñó animal, embistiendo tres veces más, llenándome de leche caliente, pulsos interminables.

Caímos exhaustos, cuerpos pegajosos, respiraciones jadeantes calmándose. Su brazo alrededor de mi cintura, dedos trazando círculos perezosos en mi cadera. Olía a nosotros, mezcla perfecta de sudor, semen y perfume. Besos suaves ahora, lenguas juguetonas sin prisa.

Neta este wey es mi todo, ni WhatsApp Web con su pinche error nos para
. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, autos pitando lejanos, pero aquí éramos un mundo aparte. "La próxima foto la vemos en persona", murmuró riendo bajito. Sonreí, piel erizada aún por el roce, corazón lleno. El archivo no soportado había sido la mejor excusa para esta noche de fuego eterno.

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