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Bedoyecta Tri Precio Similares Enciende Mi Fuego Interior

5808 palabras

Bedoyecta Tri Precio Similares Enciende Mi Fuego Interior

Estaba hecha un trapo después de una semana de puro desmadre en el trabajo. Yo, Ana, treintañera bien plantada con curvas que todavía voltean cabezas en la calle, me sentía como si me hubieran chupado toda la energía. Luis, mi carnal de marido, con ese cuerpo atlético de quien juega fut en las tardes, me veía con ojos de pena mientras cenábamos unos tacos al pastor en la fonda de la esquina.

Órale, mi reina, ¿por qué andas tan apagada? Necesitas un empujón, como esa Bedoyecta Tri que le pusieron a mi compa y revivió como nuevo, me dijo mientras me sobaba la nalga por debajo de la mesa, juguetón. No mames, pensé, si hasta en la cama ando como muerta. Chequé en el cel "bedoyecta tri precio similares" y ¡sorpresa! En Farmacia Similares estaba baratísima, como la mitad que en las grandes cadenas. Al día siguiente, salí volando pa' allá.

La farmacia olía a ese desinfectante fresco mezclado con el aroma de chicles de tamarindo que vendían en la caja. El farmacéutico, un morro guapo de unos veintitantos con sonrisa de galán de telenovela, me atendió. "¿Bedoyecta Tri? Aquí la traemos a precio similares, doña, súper económica", me guiñó el ojo mientras me daba la caja con las ampollas y jeringas. Sentí un cosquilleo en el estómago, no sé si por el flirteo o por la anticipación. Regresé a casa con el corazón latiéndome fuerte, imaginando ya el subidón.

Luis me esperaba en la sala, con una cumbia bajita sonando de fondo, esa de Los Ángeles Azules que siempre nos pone cachondos.

Ven, mi amor, te ayudo con la inyección. Yo soy el experto, no vaya a ser que te claves mal
, dijo con voz ronca, quitándome la blusa despacito. Me recargué en la mesa del comedor, bajándome el panty hasta las rodillas. El aire fresco de la tarde me erizó la piel, y cuando él destapó la ampollola, el olor metálico del vidrio roto se mezcló con su colonia varonil, esa que me hace agua la boca.

Sentí la pinchada en la nalga, un ardor chiquito que se extendió como fuego líquido por mis venas. No mames, ya siento el calor subiendo, murmuré mientras él me masajeaba el sitio, sus dedos gruesos hundiéndose en mi carne suave. Minutos después, era como si me hubieran enchufado a la corriente. Mi pulso se aceleró, el corazón retumbando en el pecho, y entre las piernas, un hormigueo húmedo que no paraba. Lo jalé de la camisa, besándolo con hambre, saboreando el salado de sus labios y el toque de chile de la salsa de los tacos que había comido.

Nos fuimos tropezando al cuarto, riéndonos como pendejos. La cama nos recibió con sus sábanas frescas de algodón egipcio que compramos en el tianguis. Él me tumbó suave pero firme, sus manos explorando mis tetas, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. Estás ardiendo, Ana, la Bedoyecta tri precio similares valió cada peso, gruñó contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Yo arqueé la espalda, gimiendo bajito, el sonido de mi propia voz excitándome más. Olía a nosotros ya, ese musk almizclado de sudor y deseo que llena el aire.

Le bajé el pantalón con dientes, liberando su verga tiesa, gruesa y palpitante. La tomé en la mano, sintiendo las venas saltadas bajo la piel caliente, y la lamí desde la base hasta la punta, probando el sabor salado de su pre-semen. Él jadeó, ¡Carajo, mi chula, qué rica boca!, enredando los dedos en mi pelo negro largo. Lo chupé despacio al principio, saboreando cada centímetro, la lengua girando alrededor del glande mientras él se retorcía. El sonido húmedo de mi boca llenaba la habitación, mezclado con sus gemidos roncos y el ritmo de la cumbia que seguía sonando.

Pero yo quería más. La energía de la Bedoyecta Tri me tenía como leona en celo. Lo empujé sobre el colchón y me subí encima, frotando mi panocha mojada contra su polla dura. Sentí cada roce, el calor de su piel contra mi clítoris hinchado, lubricándonos mutuamente.

Te voy a cabalgar hasta que grites mi nombre, wey
, le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Deslicé su verga adentro de mí de un jalón, gimiendo fuerte al sentirla llenándome, estirándome delicioso. Era como si cada nervio de mi coño despertara, pulsando alrededor de él.

Empecé a moverme lento, sintiendo el roce interno, el golpe de sus huevos contra mi culo con cada bajada. El sudor nos pegaba, piel resbalosa deslizándose, olores intensos de sexo crudo invadiendo todo. Aceleré, mis tetas botando al ritmo, él agarrándolas fuerte, pellizcando. Más rápido, Ana, ¡no pares! Su voz era pura necesidad. Yo iba perdida en el placer, el calor subiendo por mi vientre, el orgasmo construyéndose como tormenta. Gemí su nombre, Luis, Luis, me vengo..., y exploté, contrayéndome alrededor de su verga en oleadas que me dejaron temblando.

Él no se quedó atrás. Con un rugido gutural, me volteó bocabajo, embistiéndome desde atrás con fuerza animal. Sentí sus caderas chocando contra mis nalgas, el slap slap de carne contra carne, sus manos en mi cintura marcándome. Olía a sexo puro, a sudor salado y fluidos mezclados. Me corrí otra vez, gritando en la almohada, y él se vino conmigo, llenándome caliente, su semen derramándose mientras se convulsionaba encima de mí.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El cuarto olía a nosotros, a satisfacción profunda. Luis me besó la espalda, suave ahora. ¿Ves? Esa Bedoyecta tri precio similares fue lo mejor que pudimos hacer, murmuró riendo. Yo sonreí, sintiendo el cuerpo pesado pero pleno, la energía aún zumbando bajito. Mañana checaba más opciones, pero por hoy, el fuego interior ardía perfecto.

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