Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La CIA Triad Desatada La CIA Triad Desatada

La CIA Triad Desatada

7114 palabras

La CIA Triad Desatada

El sol de Cancún caía como una caricia ardiente sobre la piscina infinita de la villa, esa joya escondida en la Riviera Maya que olía a sal marina y coco fresco. Yo, Claudia, la C de la CIA Triad, me recostaba en una tumbona, con el bikini negro apenas conteniendo mis curvas. A mi lado, Iván, el I, con su torso tatuado brillando de sudor, y Alejandra, la A, esa morena de ojos verdes que hacía que mi piel se erizara solo con mirarla. Nosotros tres éramos la CIA Triad: Confidencialidad en nuestros secretos compartidos, Integridad en la pasión que nos unía sin mentiras, y Disponibilidad total para darnos placer cuando el deseo nos golpeaba. Éramos agentes encubiertos, pero en este paraíso, las misiones se convertían en rituales de lujuria.

Neta, wey, ¿cuánto tiempo más vamos a fingir que no nos estamos comiendo con los ojos? pensé mientras sorbía mi piña colada, el dulzor tropical explotando en mi lengua. La misión había salido chida: información clave sobre un contacto dudoso, todo sin un rasguño. Ahora, con la adrenalina aún corriendo por mis venas, el aire se cargaba de esa tensión que siempre flotaba entre nosotros. Iván se acercó, su mano grande rozando mi muslo desnudo, enviando chispas directas a mi entrepierna.

—Órale, Claudia, ¿ya estás lista pa'l siguiente round? —dijo él con esa voz ronca, mexicana hasta la médula, aunque su acento gringo se colaba de vez en cuando por sus años en Langley.

Alejandra rio, su risa como campanitas en el viento, y se inclinó para lamer una gota de sudor de mi cuello. ¡Ay, pinche Ale, me vas a matar antes de empezar! Su aliento cálido olía a tequila y menta, y sentí mi pezón endurecerse bajo la tela fina.

—La CIA Triad siempre cumple —murmuró ella, sus dedos trazando círculos en mi ombligo—. Confidencialidad, chavas: lo que pasa aquí, se queda aquí. Integridad: puro fuego sin juegos sucios. Y disponibilidad... pues mírenme, estoy dispuesta ya.

Nos miramos los tres, el deseo latiendo como un tambor en el pecho. Me levanté, tirando la bebida a un lado, y los jalé adentro de la villa. El piso de mármol fresco bajo mis pies descalzos contrastaba con el calor que me abrasaba por dentro.

En el salón principal, con ventanales al mar Caribe rugiendo afuera, nos despojamos de las ropas como serpientes mudando piel. Iván se quitó la bermuda, liberando su verga gruesa, ya semierecta, venosa y palpitante. Olía a hombre puro, a sal y almizcle masculino. Alejandra dejó caer su pareo, revelando sus tetas firmes, pezones oscuros como chocolate, y su panocha depilada brillando de anticipación.

Yo me quité el bikini despacio, dejando que me vieran: mis caderas anchas, mi culo redondo que Iván tanto amaba morder. Simón, carnales, esta noche la CIA Triad va a explotar, pensé, mientras mi clítoris ya latía pidiendo atención.

Empezamos suave, como siempre en el acto uno de nuestro baile. Iván nos besó a las dos, su lengua invadiendo mi boca primero, saboreando a ron y deseo. Alejandra se pegó a mi espalda, sus tetas aplastándose contra mí, sus manos bajando a amasar mis nalgas. Sentí sus dedos resbalosos rozando mi raja, oliendo mi excitación que ya goteaba.

—Estás chingona mojada, Clau —susurró Ale al oído, mordisqueándome el lóbulo.

Nos dejamos caer en el sofá de cuero blanco, que crujió bajo nuestro peso. Iván se arrodilló entre mis piernas abiertas, su aliento caliente sobre mi chocha. Lamidas lentas, su lengua plana recorriendo mis labios mayores, saboreando mi néctar salado-dulce. ¡Pinche Iván, qué rico chupas! Cada roce es como fuego líquido. Gemí, arqueando la espalda, mientras Ale se sentó en mi cara, su panocha abierta goteando sobre mi boca.

La probé: agria y dulce, como tamarindo maduro, su clítoris hinchado bajo mi lengua. La chupé con hambre, sintiendo sus muslos temblar contra mis mejillas. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos y el oleaje lejano. Iván metió dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G, mientras su boca devoraba mi botón. La presión crecía, mis paredes contrayéndose, pero no dejé que viniera aún. Era el medio tiempo: escalada gradual.

La CIA Triad no se apura, wey. Construimos el pinche volcán antes de la erupción.

Cambiamos posiciones. Ale se puso a cuatro, su culo perfecto alzado como ofrenda. Iván la penetró despacio, su verga desapareciendo en ella centímetro a centímetro. ¡Mírala, cómo se estira esa concha pa' ti! Yo me acosté debajo, lamiendo donde se unían: su eje grueso entrando y saliendo, sus jugos chorreando en mi lengua. Ale gritaba placer, "¡Sí, carnal, cógeme duro!", y yo metí la lengua en su ano, sintiendo el pulso de Iván a través de la delgada pared.

El sudor nos unía, resbaloso y salado, oliendo a sexo crudo. Iván salió de ella y me volteó a mí, embistiéndome de golpe. ¡Ay, cabrón, qué grande estás hoy! Llenaba mi coño hasta el fondo, cada estocada rozando mi cervix con delicioso dolor. Ale se unió, frotando su chocha contra mi clítoris mientras él me taladraba. Nuestros pechos rebotaban, piel contra piel, el slap-slap de carne contra carne como ritmo tribal.

La intensidad subía. Iván nos alternaba, metiéndosela a Ale mientras yo le chupaba las bolas, pesadas y arrugadas, saboreando el mix de sus esencias. Neta, esta es la integridad de nuestra triad: puros, sin filtros, solo placer mutuo. Gemidos se volvían gritos: "¡Más, pendejos! ¡No paren!" El aire espeso de feromonas, el sabor de piel sudada en mis labios, el ardor en mis muslos de tanto frotar.

El clímax se acercaba como tormenta. Iván nos puso a las dos de rodillas, su verga en nuestras bocas. La chupamos juntas, lenguas entrelazadas alrededor de su glande hinchado, probando pre-semen salado. Él rugió, eyaculando chorros calientes: uno en mi garganta, otro en la boca de Ale. Tragamos, lamiendo los restos, mientras nos corríamos mutuamente con dedos frenéticos.

Mi orgasmo explotó primero: olas desde el clítoris hasta la nuca, mi chocha contrayéndose en espasmos, squirtando jugos que mojaron el sofá. Ale vino después, chillando, su cuerpo convulsionando. Iván se derrumbó sobre nosotras, su semilla goteando de nuestras barbillas.

En el afterglow, nos acurrucamos enredados, el mar susurrando paz afuera. Pieles pegajosas enfriándose, corazones latiendo al unísono. Besos suaves, caricias perezosas.

—La CIA Triad forever —dijo Iván, besando mi frente.

—Confidencial, íntegra, disponible —susurró Ale, su mano en mi corazón.

Esto es lo que nos hace invencibles, wey. No solo en el campo, sino en la cama. Mañana otra misión, pero esta noche... pura chingonería.

El sol se ponía, tiñendo el cielo de rojo pasión, y nosotros, exhaustos y plenos, nos quedamos así hasta que el sueño nos reclamó, unidos en nuestra triad eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.