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El Bi Trio Ardiente

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El Bi Trio Ardiente

Estábamos en la playa de Playa del Carmen, el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar Caribe. Yo, Ana, había llegado con mi carnal Marco, mi novio desde la uni, y nuestro compa Luis, el wey más bi que conocíamos. Los tres éramos carnales de toda la vida, pero esa noche algo en el aire olía diferente, como a sal marina mezclada con el sudor fresco de cuerpos jóvenes y deseosos. Neta, ¿por qué mi piel se eriza cada vez que los veo reír juntos? pensé mientras servía chelas frías en vasos empañados.

Marco, con su torso moreno y marcado por horas en el gym, me guiñó un ojo mientras Luis, flaco pero fibroso, con tatuajes que serpenteaban por sus brazos, se recargaba en la hamaca. "Órale, Ana, ¿qué pedo con esa mirada? ¿Ya quieres armar el bi trio que tanto platicamos?" bromeó Luis, su voz ronca como el rugido de las olas rompiendo en la arena. Marco soltó una carcajada, pero sus ojos brillaban con esa chispa de curiosidad que yo conocía bien. Habíamos fantaseado con esto antes, en la cama, susurrando guarradas mientras nos cogíamos como animales. "Si Ana dice que sí, yo estoy puesto, wey", respondió Marco, acercándose para rozar mi cintura con sus dedos callosos.

El viento traía el aroma de coco de mi loción, mezclado con el olor salado del mar y algo más primitivo: el leve almizcle de sus excitaciones creciendo. Mi corazón latía fuerte, como tambores taquilleros en una fiesta de pueblo.

¿De veras lo vamos a hacer? ¿Los tres? Dios, mi concha ya palpita solo de imaginarlo.
Me mordí el labio, sintiendo el calor subir por mi pecho. "Pues órale, cabrones. Pero con calma, que esto sea chido para todos", dije, mi voz temblando un poquito de nervios y morbo puro.

Nos movimos adentro de la casa rentada, una villa con ventanales abiertos al mar, el sonido de las olas como un fondo perfecto para lo que vendría. La habitación principal tenía una cama king size con sábanas blancas crujientes, iluminada por velas que parpadeaban sombras suaves en las paredes. Marco me jaló primero, sus labios capturando los míos en un beso hambriento, su lengua saboreando a tequila y limón fresco. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre, gruesa y caliente a través del short de baño.

Luis se acercó por detrás, sus manos explorando mi espalda desnuda bajo el pareo suelto. "Eres una diosa, Ana", murmuró en mi oído, su aliento cálido enviando escalofríos por mi espina. Desató el nudo, y la tela cayó al piso, dejando mi cuerpo expuesto: pechos firmes con pezones ya duros como piedras, mi piel bronceada brillando bajo la luz de las velas. Marco gimió al verme, bajando la boca a un pecho, chupando con succión que me hizo arquear la espalda. El sonido húmedo de su lengua, el roce áspero de su barba incipiente... joder, qué rico.

Pero lo que vino después fue el detonante. Luis se quitó la playera, revelando su pecho liso y esos tatuajes que invitaban a lamerlos. Marco lo miró, y en vez de celos, vi deseo puro en sus ojos. "Ven, wey", le dijo, y sin más, se besaron frente a mí. Sus lenguas chocando, manos enredadas en el pelo del otro, el gemido grave de Marco vibrando en el aire. Yo me arrodillé entre ellos, mis manos bajando sus shorts. La verga de Marco saltó libre, venosa y palpitante, oliendo a hombre sudado por el sol. La de Luis era más delgada pero larga, con una gota de precum brillando en la punta.

Mi bi trio soñado, neta. Voy a saborearlos a los dos.

Empecé con Marco, tragándomela hasta la garganta, el sabor salado inundando mi boca mientras él jadeaba. Luis no se quedó atrás; metió sus dedos en mi pelo y guió mi cabeza hacia él, alternando. El ritmo era hipnótico: chupar, lamer, succionar, sus gemidos mezclándose con el crash de las olas afuera. Mis jugos corrían por mis muslos, el aire cargado de olor a sexo incipiente, ese almizcle dulce y animal que me volvía loca.

Marco me levantó como si no pesara nada, tirándome en la cama. "Abre las piernas, mi reina", ordenó, y yo obedecí, exponiendo mi concha rosada y empapada. Luis se posicionó a mi lado, besándome profundo mientras Marco lamía mi clítoris con maestría, su lengua plana y caliente trazando círculos que me hacían retorcer. "¡Ay, cabrón, no pares!", grité, mis uñas clavándose en las sábanas. Luis aprovechó para meter dos dedos en mi boca, y yo los chupé como si fueran otra verga, imaginando el bi trio completo.

La tensión subía como la marea. Marco se enderezó y me penetró de un empujón, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. El slap de sus bolas contra mi culo resonaba, sudor goteando de su frente a mi pecho. Luis, no queriendo quedarse fuera, se arrodilló sobre mi cara, bajando su verga a mi boca. Yo la devoré, ahogándome en placer mientras Marco me taladraba. Pero querían más; Marco sacó su verga reluciente de mis jugos y se la acercó a Luis. ¿Lo van a hacer? Sí, joder, sí. Luis la lamió, saboreándome en la carne de su compa, y luego Marco hizo lo mismo con la de Luis. Sus pollas frotándose, besos húmedos entre ellos... yo me masturbaba viéndolos, mi clítoris hinchado pulsando.

"Córrete adentro de ella, Marco", jadeó Luis, y Marco obedeció, embistiéndome con furia renovada. Yo exploté primero, un orgasmo que me sacudió como terremoto, mis paredes contrayéndose alrededor de él, gritando su nombre mezclado con el de Luis. Marco se corrió segundos después, su leche caliente inundándome, goteando fuera mientras gemía ronco. Luis se vino en mi boca, espeso y salado, tragándomelo todo mientras lamía los restos de Marco de su verga.

Nos derrumbamos en un enredo de miembros sudorosos, el olor a semen, sudor y mar impregnando las sábanas. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo. "Eso fue el bi trio más chingón de mi vida", susurró Marco, su voz satisfecha. Yo sonreí, el cuerpo aún temblando en afterglow, pulsos calmándose al ritmo de las olas.

Esto no es el fin, es el principio de algo más grande. Mi corazón late por los dos, neta.

Nos quedamos así horas, platicando pendejadas entre caricias perezosas, el sol ya bajo dejando la noche estrellada afuera. No hubo arrepentimientos, solo una conexión más profunda, empoderada. Al día siguiente, desayunamos tacos de cochinita en la playa, riendo del morbo compartido. El bi trio nos había unido como nunca, y supe que repetiríamos, porque en este paraíso mexicano, el deseo no tiene límites.

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