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Trailer del Anticristo Lars von Trier Desata Pasiones Carnales

6997 palabras

Trailer del Anticristo Lars von Trier Desata Pasiones Carnales

Estás recostado en el sofá de tu depa en la Roma, con el aire cargado del olor a café de olla que Lupe preparó hace rato. La noche cae suave sobre la ciudad, y el ruido lejano de los coches en Insurgentes se cuela por la ventana entreabierta. Lupe, tu morra de ojos café intenso y curvas que te vuelven loco, se acurruca a tu lado, su piel tibia rozando la tuya bajo la playera holgada que usa para estar en casa. Chingón, piensas, mientras enciendes la tele para ver qué cae en Netflix.

—Órale, carnal, busquemos algo que nos prenda —te dice ella con esa voz ronca que te eriza la piel, pasando la mano por tu pecho, juguetona.

Scrolleas por las recomendaciones, y de repente, en sugerencias raras, aparece un trailer viejo: Anticristo de Lars von Trier. El thumbnail muestra una escena borrosa, intensa, con cuerpos entrelazados en penumbras. Lupe se endereza, curiosa.

—¿Qué es eso? Ponlo, pendejo, a ver si es bueno —ríe, apretando tu muslo con picardía.

Das play al trailer del Anticristo Lars von Trier. La música ominosa arranca, un gemido gutural que vibra en el cuarto. Imágenes crudas: una pareja follando salvaje, él penetrándola por detrás con furia animal, sus cuerpos sudados chocando en close-up. El sonido de carne contra carne, jadeos ahogados, te pega directo en la verga. Lupe contiene el aliento, su mano sube por tu pierna, rozando ya el bulto que se forma en tus calzones.

¿Por qué carajos esto me prende tanto? Es oscuro, violento, pero joder, esa intensidad...

El trailer sigue, flashes de naturaleza retorcida, pero tú solo ves esos cuerpos, la forma en que ella arquea la espalda, el sudor brillando bajo luces frías. Tu pulso se acelera, sientes el calor subiendo por tu cuello. Lupe gira la cara hacia ti, pupilas dilatadas, labios entreabiertos.

—Puta madre, qué chingón —susurra, y sin aviso, te besa con hambre, lengua invadiendo tu boca, sabor a tequila de la chela de hace rato mezclándose con su saliva dulce.

Apagas la tele de un golpe, pero el eco del trailer queda grabado en tu mente. La levantas en brazos, ella riendo bajito, piernas envolviéndote la cintura mientras caminas al cuarto. Su aroma te envuelve: perfume de vainilla con ese toque almizclado de su piel que ya huele a deseo.

La tiras suave en la cama king size, sábanas frescas oliendo a suavizante de lavanda. Te quitas la playera, ella se lame los labios viéndote, tus músculos tensos por la adrenalina. Esto apenas empieza, piensas, mientras te arrodillas entre sus piernas abiertas.

—Quítate todo, mi reina —le ordenas, voz grave, y ella obedece lento, provocándote. Primero la playera, tetas firmes saltando libres, pezones duros como piedras cafés. Baja los shorts, revelando su concha depilada, ya brillando de jugos, labios hinchados invitándote.

Te inclinas, inhalas profundo su olor: salado, femenino, adictivo. Tu lengua roza su clítoris, ella gime fuerte, —¡Ay, cabrón, sí! Sus caderas se alzan, manos enredándose en tu pelo, tirando suave. La chupas con devoción, saboreando su miel espesa, dulce como tamarindo maduro. El cuarto se llena de sonidos húmedos, sus jadeos mezclados con el zumbido del ventilador en el techo.

Pero el trailer del Anticristo Lars von Trier late en tu cabeza, esa ferocidad primal. La volteas boca abajo, nalga redonda alzada, y le das una nalgada juguetona que resuena. Ella ríe, arqueando más.

—Más fuerte, pendejo, hazme tuya como en esa película —te reta, voz entrecortada.

Te desabrochas los calzones, tu verga saltando dura, venosa, goteando pre-semen. La frotas contra su raja mojada, sintiendo el calor abrasador de su entrada. Empujas despacio al principio, centímetro a centímetro, su concha apretándote como guante caliente. Chingado, qué delicia, piensas, mientras ella ahoga un grito en la almohada, uñas clavándose en las sábanas.

Empiezas a bombear, ritmo lento al inicio, sintiendo cada vena de tu pija rozando sus paredes internas, jugos chorreando por tus huevos. Su espalda sudada brilla bajo la luz tenue de la lámpara, olor a sexo invadiendo todo: sudor, fluidos, piel caliente. Le agarras las caderas, follándola más profundo, golpes secos que hacen temblar la cama.

Esto es mejor que cualquier trailer, puro fuego mexicano, sin dramas gringos.

Lupe gira la cabeza, ojos vidriosos de placer, —¡Más, mi amor, rómpeme! Te incorporas, sacas la verga reluciente de sus jugos, y la pones a cuatro patas propiamente. Ahora sí, como en el Anticristo, la penetras por detrás con todo, pelvis chocando contra sus nalgas en palmadas rítmicas. El sonido es obsceno, chapoteos húmedos, sus tetas balanceándose, pezones rozando las sábanas.

Sientes su concha contrayéndose, ordeñándote, y tú luchas por no venirte ya. Le metes un dedo en el culo, lubricado con sus propios jugos, y ella explota: —¡Me vengo, chingado, ay! Tiembla entera, chorro caliente salpicando tus muslos, olor almizclado intensificándose.

Pero no paras, la volteas boca arriba, piernas sobre tus hombros, y la clavas de nuevo, verga entrando hasta el fondo, golpeando su cervix suave. Sus ojos te devoran, manos arañando tu espalda, dejando surcos rojos que arden delicioso. El sudor gotea de tu frente a su pecho, salado en su lengua cuando lo lame.

El clímax se acerca, tensiones acumuladas del día, del trailer, todo explotando. —Dentro, carnal, lléname —suplica ella, y eso te rompe. Empujas una última vez, profundo, huevos apretados, y descargas chorros calientes en su interior, pulsos interminables mientras ella se corre de nuevo, concha milking cada gota.

Colapsan juntos, jadeando, cuerpos pegajosos entrelazados. El cuarto huele a sexo puro, ventanas empañadas por el vapor de sus alientos. Lupe te besa el cuello, suave ahora, —Qué chido fue eso, inspirado en ese trailer del Anticristo Lars von Trier. Eres mi demonio personal.

Te ríes bajito, acariciando su pelo revuelto, sintiendo tu semen goteando lento de su concha al colchón.

Pinche vida, quién iba a pensar que un trailer danés nos pondría así de calientes.
Fuera, la ciudad ronronea indiferente, pero aquí, en este nido de sábanas revueltas, reina la paz carnal, el afterglow envolviéndolos como niebla tibia.

Se quedan así un rato, hablando pendejadas sobre películas, sus dedos trazando patrones en tu piel. El deseo duerme, pero sabes que mañana, o en la siguiente noche, volverá. Lupe se acurruca en tu pecho, latido sincronizado con el tuyo, y cierras los ojos, satisfecho, el eco del trailer ya solo un recuerdo que aviva la llama.

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