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La Cogida en Trío que Siempre Deseé

6592 palabras

La Cogida en Trío que Siempre Deseé

Neta que nunca imaginé que mi fin de semana en la playa de Puerto Vallarta iba a terminar así de chido. Yo, Karla, una morra de veintiocho pirulos con curvas que vuelven locos a los vatos, había llegado con mi carnala Ana y su galán Luis. Ana es mi mejor amiga desde la uni, una chava güera con tetas firmes y un culo que parece esculpido, y Luis, ese pinche semental moreno con brazos de gym y una sonrisa que te moja las calzones de volada. Estábamos en una villa rentada, con vista al mar, pool infinito y chelas frías que no paraban de correr.

La noche caía con ese calor húmedo que se pega a la piel como una promesa sucia. Estábamos en la terraza, el sonido de las olas rompiendo abajo, el olor a sal y coco del protector solar mezclado con el humo de la fogata que Luis había armado. Yo llevaba un bikini rojo diminuto que apenas cubría mis pezones duros por la brisa, y un pareo transparente que dejaba ver mis muslos bronceados. Ana, con su tanga negra y top push-up, se recargaba en Luis, que andaba en shorts ajustados marcando paquete.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón cada vez que Luis me ve? pensé, mientras tomaba un trago de mi margarita helada, el limón picándome la lengua. Ana me guiñó un ojo, juguetona. "Karla, wey, ¿ya te late este lugar o qué? Luis dice que tú eres la más caliente del grupo". Reí, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. "Neta, Ana, con ustedes dos aquí, cualquier lugar es party". Luis se acercó, su mano rozando mi hombro, piel contra piel, cálida y áspera. "Si supieras lo que Ana y yo platicamos de ti, carnala". Su voz grave me erizó la nuca.

La tensión crecía como la marea. Jugamos truth or dare con shots de tequila, el ardor bajando por mi garganta como fuego líquido. Cuando le tocó a Ana, dijo sin pena: "Quiero verlos besarse". Mi pulso se aceleró. Luis me jaló suave, sus labios carnosos encontrando los míos, sabor a tequila y hombre. Su lengua exploró mi boca, profunda, mientras Ana aplaudía.

"¡Así, cabrones! Eso es lo que quiero ver"
, gritó ella, excitada. Sentí su mano en mi espalda baja, bajando el pareo. El aire nocturno besó mi piel desnuda, pezones endureciéndose más.

Entramos a la villa, el piso fresco bajo mis pies descalzos, luces tenues pintando sombras en las paredes blancas. Ana me empujó al sofá king size, su aliento caliente en mi oreja. "Karla, siempre he querido una cogida en trío contigo. ¿Te late?". Mi coño palpitaba, húmedo ya, oliendo a deseo. "Neta, sí, pero ¿están seguros?". Luis asintió, quitándose la playera, músculos brillando con sudor. "Más que seguros, reina".

Acto seguido, la cosa escaló. Ana me besó, sus labios suaves contrastando con los rudos de Luis. Lenguas enredadas, gemidos suaves llenando el cuarto. Ella desató mi bikini, chupando mi teta derecha, mordisqueando el pezón hasta que arqueé la espalda. ¡Puta madre, qué rico! Su boca es como terciopelo mojado. Luis se arrodilló, bajando mi tanga, exponiendo mi panocha rasurada, hinchada de ganas. Su aliento caliente rozó mi clítoris, y lamí mis labios anticipando. "Mírate, Karla, estás chorreando", murmuró, antes de meter la lengua plana, lamiendo lento desde el ano hasta el botón. Grité bajito, mis manos enredándose en su pelo negro.

Ana se subió a horcajadas en mi cara, su coño depilado rozando mi nariz, olor almizclado y dulce invadiéndome. "Come, amiga, come mi panocha como si fuera tuya". La probé, salada y resbalosa, chupando su clítoris hinchado mientras ella se mecía, tetas rebotando. Luis metió dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G, salpicando jugos en su mano. El sonido chapoteante, obsceno, me volvía loca. Sentía mi cuerpo en llamas, cada nervio gritando por más.

Cambiaron posiciones como en una coreo perfecta. Luis se recostó, verga tiesa como fierro, venosa y gruesa, goteando pre-semen. Ana la montó reversa, abriéndose con las manos para que yo viera cómo se la tragaba entera, gemidos roncos saliendo de su garganta. "¡Ay, wey, qué verga tan rica!". Yo me trepé encima de Luis, frotando mi coño contra sus bolas peludas, mientras besaba a Ana, mamando su lengua. Él nos jaló a las dos, manos grandes amasando nalgas.

La intensidad subía. Esto es una cogida en trío de antología, carajo. Nunca sentí tanto deseo acumulado explotando. Luis me penetró de un empujón, llenándome hasta el fondo, su pubis chocando mi clítoris. "¡Sí, cabrón, cógeme duro!". Ana se bajó y se puso a lamer donde nos uníamos, lengua en mi ano y su verga. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi espina. Cambiamos: yo de perrito, Luis atrás martillando, bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas. Ana debajo, chupándome el clítoris, dedos en mi boca para que mamara mis propios jugos.

Sudor nos cubría a todos, pieles resbalosas chocando, olores a sexo crudo mezclados con el jazmín del jardín que entraba por la ventana abierta. Gemidos se volvían gritos: "¡Más rápido, pendejo!", "¡No pares, Ana, lame más!". Luis gruñó, sacando su verga brillante de mí para metérsela a Ana en la boca. Ella la succionó profunda, garganta abultándose, saliva chorreando. Yo me masturbé viendo, dedos hundidos en mi coño palpitante.

El clímax se acercaba como tormenta. Luis nos puso a las dos de rodillas, verga en mano, pajeadola furioso. "¡Abran la boca, putitas ricas!". Eyaculó chorros calientes, blancos y espesos, salpicando caras, tetas, lenguas. Tragamos lo que pudimos, sabor salado y amargo pegándose al paladar. Yo exploté entonces, orgasmos en cadena, coño contrayéndose vacío pero saciado, jugos bajando por muslos. Ana se corrió frotándose contra mi pierna, chillidos agudos rompiendo el aire.

Caímos en un enredo de cuerpos exhaustos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Luis nos abrazó, besos suaves en frentes sudorosas. "Eso fue épico, mis reinas". Ana rio bajito, limpiando semen de mi mejilla con el dedo y metiéndomelo en la boca. "La mejor cogida en trío de mi vida, Karla". Yo sonreí, cuerpo pesado de placer, corazón lleno.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando fluidos, manos explorando aún con ternura. En la cama king, envueltos en sábanas frescas, el mar susurrando afuera. Neta, esto cambió todo. De amigas a amantes, de deseo a realidad. Quiero más noches así. Dormimos pegados, pieles aún sensibles, soñando con la próxima cogida en trío. Puerto Vallarta nunca se sintió tan vivo.

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