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El Trio Ardiente con Mi Novia y Su Mejor Amiga

6864 palabras

El Trio Ardiente con Mi Novia y Su Mejor Amiga

Era una noche de esas que no se olvidan en la Ciudad de México, con el skyline brillando por la ventana de nuestro depa en Polanco. Yo, Alex, acababa de llegar de un día pesado en la chamba, y ahí estaban ellas: mi novia Carla y su mejor amiga Lupe, sentadas en el sofá con unas chelas frías en la mano. Carla, con su piel morena y curvas que me volvían loco, llevaba un vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación. Lupe, rubia teñida con ojos verdes y un cuerpo atlético de tanto gym, vestía shorts cortitos y una blusa escotada. Las dos reían a carcajadas por alguna pendejada en el TikTok.

¿Qué pedo con esta vibra tan cargada? pensé mientras las veía, sintiendo ya un cosquilleo en la entrepierna. Carla me vio entrar y se levantó de un brinco, abrazándome fuerte. Su perfume, una mezcla de vainilla y algo floral, me invadió las fosas nasales. "¡Wey, llegaste! Ven, siéntate con nosotras. Lupe y yo estábamos platicando de ti", dijo con esa sonrisa pícara que me derretía.

Me senté entre las dos, y Lupe me dio un beso en la mejilla, rozando un poquito mis labios. Su aliento olía a menta y cerveza, fresco y tentador. "Neta, Alex, Carla no para de presumirte. Dice que eres un animal en la cama", soltó Lupe sin pelos en la lengua, guiñándome el ojo. Carla le dio un codazo juguetón. "¡Cállate, pendeja! Pero es verdad".

La plática fluyó con chelas que se acababan rápido. Hablamos de todo: del tráfico culero de Reforma, de las series en Netflix, y de pronto, el tema se puso caliente. Lupe confesó que andaba soltera hace meses y que extrañaba el sexo. Carla, siempre la más desinhibida, la abrazó y dijo: "Mijita, ¿y si probamos algo nuevo? Alex es bien abierto". Mi corazón empezó a latir como tambor en quinceañera.

¿Están hablando en serio de un trío con mi novia y su mejor amiga? Esto no puede ser real, pero mi verga ya está al tiro.

El aire se cargó de electricidad. Carla se acercó y me besó lento, su lengua danzando con la mía, saboreando la sal de la cerveza. Lupe nos miró mordiéndose el labio, y de repente, su mano se posó en mi muslo. El calor de su palma traspasó mis jeans. "Si quieren, yo me apunto", murmuró Lupe, su voz ronca como miel caliente.

Acto de escalada: Nos mudamos al cuarto sin decir mucho, solo risas nerviosas y miradas que quemaban. La habitación olía a sábanas limpias y al incienso de lavanda que Carla siempre prende. Me quité la playera, y ellas dos se desvistieron despacio, como en una película porno bien hecha. Carla tenía las tetas perfectas, firmes y oscuras en los pezones; Lupe, más grandes, con areolas rosadas que pedían ser chupadas.

Carla me empujó a la cama y se subió encima, frotando su coño húmedo contra mi erección a través de la tela. Sentí su calor mojado, el roce suave de su pubis depilado. "Te quiero ver disfrutar, amor", me susurró al oído, su aliento caliente haciendo que se me erizaran los vellos. Lupe se acercó por el lado, besándome el cuello mientras sus dedos jugaban con mis pezones. Olía a coco de su crema corporal, dulce y tropical.

Esto es una puta locura, pensé, mientras mi mente daba vueltas entre celos y excitación pura. ¿Y si Carla se arrepiente? ¿Y si Lupe es mejor? Pero sus gemidos ahogados me sacaron de dudas. Bajé las manos: una a las nalgas redondas de Carla, apretándolas con fuerza, sintiendo la carne ceder bajo mis dedos; la otra en el monte de Venus de Lupe, suave y resbaloso ya de jugos.

Carla se movió para besar a Lupe, un beso profundo, lenguas enredadas con sonidos húmedos que me pusieron más duro. Yo las miré, hipnotizado por el brillo de saliva en sus labios, el leve jadeo que escapaba. Me desabroché los jeans y saqué mi verga tiesa, palpitante. Lupe la tomó primero, su mano fresca envolviéndola en un puño perfecto. "¡Qué chingona está!", exclamó, lamiendo la punta con la lengua plana, saboreando el pre-semen salado.

Carla se unió, las dos chupando alternadamente. Sentí sus bocas calientes, succionando con hambre: la de Carla profunda, hasta la garganta con arcadas suaves; la de Lupe juguetona, mordisqueando el tronco con dientes suaves. El sonido de pop y slurp llenaba la habitación, mezclado con sus risitas. Mi pulso tronaba en los oídos, el sudor empezaba a perlar mi pecho.

Las puse de rodillas en la cama, una al lado de la otra. Sus culos empinados, brillantes bajo la luz tenue. Lamí primero a Carla, su coño con sabor a almendra dulce, los labios hinchados y chorreantes. Ella gimió fuerte, "¡Sí, cabrón, así!", empujando contra mi cara. Luego a Lupe, más salada, con un clítoris grande que palpitaba bajo mi lengua. El olor almizclado de sus arrousals me embriagaba, como feromonas puras.

El ritmo subió. Me puse un condón –siempre seguros, wey– y penetré a Carla de misionero, mientras Lupe se sentaba en su cara. Carla lamía el coño de su amiga con slurps ruidosos, y Lupe gemía alto, sus tetas rebotando. Sentí las paredes de Carla apretándome, calientes y viscosas, cada embestida un chapoteo húmedo. Cambiamos: Lupe encima de mí, cabalgando salvaje, su culo chocando contra mis muslos con palmadas sonoras. Carla me besaba, sus dedos en mi escroto, masajeando suave.

Esto es el paraíso, neta. Mi novia y su mejor amiga, sudando juntas, oliendo a sexo puro. No hay celos, solo puro placer compartido.
La tensión crecía, mis bolas se contraían. Lupe gritó primero, su orgasmo temblando sobre mí, jugos chorreando por mis huevos. Carla se corrió después, frotando su clítoris mientras la follaba duro, sus uñas clavándose en mi espalda con delicioso ardor.

Finalmente, exploté dentro del condón, chorros calientes que sentí como lava. Ellas dos se derrumbaron sobre mí, jadeantes, pieles pegajosas de sudor. El cuarto apestaba a sexo: esperma, coños, sudor salado. Nos quedamos así, enredados, riendo bajito.

En el afterglow, Carla me acarició el pelo. "Gracias por esto, amor. Fue épico". Lupe besó mi hombro. "Somos las mejores amigas, ¿verdad? Y ahora, con beneficios". Nos duchamos juntos después, jabón resbaloso en curvas, besos tiernos bajo el agua caliente. Salimos del baño envueltos en toallas, pidiendo unos tacos por Rappi –porque en México, post-sexo hay que recargar.

Mientras comíamos en la cama, con migajas everywhere, supe que esto había fortalecido todo. No fue solo un trío con mi novia y su mejor amiga; fue conexión profunda, confianza total. La noche terminó con ellas durmiendo a mis lados, sus respiraciones suaves como arrullos. Yo sonreí en la oscuridad, sabiendo que repetiríamos. Vida chida, wey.

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