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La Noche Que Probaste Premium

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La Noche Que Probaste Premium

Estabas en tu depa en Polanco, con el ruido de la ciudad colándose por la ventana entreabierta. El calor de la noche mexicana te hacía sudar un poquito, y el ventilador zumbaba como un mosco pendejo. Scrolleabas el cel sin ganas, hasta que saltó ese anuncio: "Try Premium". Una app de citas de lujo, con matches exclusivos, experiencias que no te dan en las gratuitas. "Prueba premium y vive lo que mereces", decía. Te picó la curiosidad, wey. Hacía meses que no tenías acción decente, y esa foto del tipo en la playa, con abdominales marcados y sonrisa pícara, te hizo clicar sin pensarlo dos veces.

Subiste tu foto más chida, la de esa vez en la playa de Cancún con el bikini rojo que te hace ver como diosa. Perfil listo: buscando aventura premium, nada de mamadas. En minutos, ping: match con Alex. Alto, moreno, ojos cafés intensos, de esos que te clavan la mirada y ya sientes cosquilleo abajo. "Hola, preciosa. ¿Lista para try premium conmigo?", escribió. Su voz en el audio que mandó era grave, como ronroneo de tigre. Respondiste con un "Chécate, carnal, ¿dónde y cuándo?". Quedaron en un bar en la Roma, el tipo de lugar con luces tenues, cocteles caros y música lounge que te pone en mood.

Llegaste puntual, tacones repiqueteando en la banqueta. El aire olía a jazmín y cigarro fino. Te vio de inmediato, se paró de la barra con una sonrisa que iluminaba el lugar. Olía a colonia cara, madera y hombre. "Tú eres la que va a probar premium esta noche", murmuró al oído mientras te daba un beso en la mejilla, su barba raspando suave tu piel. Te recorrió un escalofrío. Pidieron tequilas reposados, el sabor ahumado quemando la garganta, aflojando nudos. Charlaron de todo: su chamba en marketing, tus viajes por la costa, chistes sobre el tráfico de la CDMX. Cada roce de su mano en tu brazo era eléctrico, como chispas.

"¿Sabes? Try premium no es solo la app, es lo que pasa cuando dejas ir el control", dijo, sus dedos trazando círculos en tu muñeca.
Sentiste el pulso acelerarse, el calor subiendo por el pecho.

La plática fluyó como el tequila, pero el aire se cargaba de tensión. Sus ojos bajaban a tus labios, a tu escote. Te inclinaste, dejando que oliera tu perfume de vainilla. "Vamos a otro lado", propuso, voz ronca. Asentiste, empoderada, sabiendo que esto era tuyo. Salieron tomados de la mano, el viento nocturno fresco contra tu piel caliente. Su auto, un BMW negro reluciente, rugió suave. Manejó a un hotel boutique en Condesa, el lobby con velas y música suave. Check-in rápido, ascensor subiendo con su mano en tu cintura, apretando justo lo necesario para que sintieras su deseo.

La habitación era premium de verdad: sábanas de algodón egipcio, vista a los luces de la ciudad, botella de champagne enfriándose. Descorchó, el pop resonando, burbujas explotando en la lengua mientras brindaban. "Por try premium", dijo, chocando copas. Se acercó lento, como depredador juguetón. Sus labios rozaron los tuyos, suaves al principio, probando. Sabían a tequila y menta. Profundizó el beso, lengua explorando, manos en tu nuca tirando suave de tu pelo. Gemiste bajito, el sonido ahogado en su boca. Te quitó el vestido con calma, dedos calientes deslizándose por tu espalda, desabrochando el bra. Tus pechos libres, pezones endureciéndose al aire fresco.

Esto es lo que querías, wey. Déjate llevar, pensaste mientras lo empujabas a la cama king size. Él se recostó, ojos devorándote. Te subiste encima, sintiendo su dureza bajo el pantalón. "Estás cañón", gruñó, manos amasando tus nalgas. Desabrochaste su camisa, besando su pecho moreno, lamiendo el sudor salado, oliendo su aroma masculino mezclado con la colonia. Bajaste, zipper lento, liberando su verga gruesa, palpitante. La tocaste, piel aterciopelada sobre acero, venas marcadas. Él jadeó, caderas subiendo. La chupaste despacio, lengua girando en la cabeza, saboreando el pre-semen salado. Sus manos en tu pelo, guiando sin forzar, gemidos roncos llenando la habitación.

La tensión crecía como tormenta. Te levantó, volteándote boca arriba. Besos bajando por tu cuello, mordisqueando, chupando pezones hasta que dolían de placer. Sus dedos encontraron tu centro, húmedo, resbaloso. "Tan mojada para mí, nena", susurró, metiendo uno, luego dos, curvándolos justo ahí, el punto que te hace arquear. Gemías fuerte ahora, el slap de sus dedos húmedos, tu olor a excitación flotando. "Más", rogaste, piernas temblando. Él sonrió pícaro, "Try premium incluye todo lo que pidas". Se quitó el resto, condón listo –seguridad primero, wey.

Te penetró lento, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Sentiste cada vena, el grosor llenándote, golpeando profundo. "¡Ay, cabrón!", gritaste, uñas clavándose en su espalda. Ritmo building: lento, profundo, luego rápido, piel chocando piel, sudor goteando. El colchón crujía, tus pechos rebotando, su aliento caliente en tu oreja. Cambiaron posiciones, tú encima cabalgando, control total, caderas girando, clítoris rozando su pubis. Él abajo, manos en tus tetas, pellizcando.

"Métetela toda, sí, así... ¡pues sí que sabes moverte!"
El orgasmo te pegó como ola, cuerpo convulsionando, paredes apretándolo, grito ahogado en su cuello. Él siguió, gruñendo, hasta explotar dentro, temblores compartidos.

Colapsaron, jadeos entrecortados, piel pegajosa de sudor. El aire olía a sexo, champagne y ellos. Te acurrucaste en su pecho, corazón latiendo fuerte contra tu mejilla. "Eso fue try premium de verdad", murmuró, besando tu frente. Rieron bajito, ordenando room service: tacos al pastor y chilaquiles para recargar. Charlaron hasta el alba, planes vagos de repetir, sin presiones. Al amanecer, luces rosadas filtrándose, te vestiste con piernas flojas, beso largo en la puerta. Bajaste al lobby, sonrisa boba, sabiendo que habías probado lo premium y querías más.

En el Uber de regreso, scrolleaste la app. Otro match, pero nada como él. Try premium cambia el juego, wey. La ciudad despertaba, y tú con ella, empoderada, lista para lo que viniera.

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