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Tried Pasado Participio de Tentación

6627 palabras

Tried Pasado Participio de Tentación

Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, pintando rayas doradas en el piso de madera. Yo, Ana, maestra de inglés freelance, había quedado con Marco, mi vecino nuevo, pa' darle una clase particular. Él era un morro alto, de ojos cafés intensos y sonrisa pícara que me hacía latear el corazón cada vez que nos cruzábamos en el elevador. Neta, desde que se mudó hace dos semanas, lo único que quería era probar algo con él, pero me aguantaba pa' no parecer fácil.

"Órale, Ana, ¿empezamos con los verbos irregulares?", dijo él sentándose en el sofá, con las piernas abiertas como si ya supiera lo que provocaba. Su colonia, un olor fresco a madera y cítricos, invadió el aire, mezclándose con el aroma de mi café recién hecho. Asentí, abriendo mi laptop en la mesita de centro, sintiendo el roce de mi blusa de algodón contra la piel, que ya empezaba a erizarse.

Le expliqué lo básico: go-went-gone, eat-ate-eaten. Él repetía con esa voz grave, ronca, que me erizaba los vellos de la nuca. Llegamos a try. "

Tried
es tanto el pasado como el participio pasado de try", le dije, mirándolo fijo a los ojos. "¿Sabes? I tried to resist, pero tu sonrisa me gana". Solté la frase en inglés pa' practicar, pero con un tono juguetón, mordiéndome el labio sin darme cuenta.

Él se rio, pendejo, inclinándose más cerca. Su rodilla rozó la mía, un toque eléctrico que subió como corriente por mi muslo. "¿Y qué has tried conmigo en tu cabeza, güey?", respondió, usando el slang que le había enseñado. El calor de su cuerpo ya se sentía, su piel morena brillando bajo la luz, y yo juraba que olía a deseo, a sudor limpio mezclado con esa colonia. Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en las sienes, mientras pensaba: Neta, este wey me va a volver loca si no lo paro ya.

Pero no lo paré. En vez de eso, cerré la laptop con un clic seco. "Vamos a practicar algo más... práctico", murmuré, poniéndome de rodillas frente a él en la alfombra suave. Mis manos temblaban un poquito al subir por sus jeans, sintiendo la dureza de sus músculos debajo. Él jadeó, un sonido gutural que vibró en el aire quieto del depa. "Ana, ¿estás segura?", preguntó, pero sus ojos decían que ya estaba cañón.

"Yes, I tried to be professional, pero ya valió", respondí, desabrochando su chamarra. Su pecho se reveló, firme, con vellos oscuros que olían a él puro. Lo besé ahí, lengua trazando círculos salados, mientras él metía las manos en mi pelo, tirando suave, enviando chispas directo a mi entrepierna. Mi concha ya estaba húmeda, palpitando, el calor subiendo por mi vientre como fuego lento.

Nos levantamos, tropezando un poco, riéndonos como pendejos. Lo empujé al sofá, quitándome la blusa con un movimiento fluido, dejando que viera mis tetas libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. "Qué chido verte así", gruñó, jalándome a su regazo. Sus manos grandes amasaron mi culo, apretando la carne suave, mientras yo frotaba mi pelvis contra su verga ya tiesa, sintiendo su grosor a través de la tela. El roce era delicioso, un vaivén rítmico que hacía crujir el sofá y gemir mi garganta.

El beso vino después, profundo, sus labios carnosos devorando los míos, lengua invadiendo con sabor a menta y algo más salvaje. Chupé su lengua, mordí suave, y él respondió gimiendo en mi boca, vibraciones que bajaban hasta mi clítoris hinchado. Mis uñas arañaron su espalda, dejando surcos rojos que olían a piel caliente. "Te quiero dentro", susurré, bajándole los jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con una gota perlada en la punta que lamí despacio, saboreando su sal amarga, tan masculina.

Él me levantó como si nada, caminando al cuarto con pasos firmes, el piso fresco bajo mis pies descalzos. Me tiró en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que se sentían como seda contra mi espalda desnuda. Se quitó todo, su cuerpo atlético brillando de sudor ligero, músculos tensos como cuerdas. Se hincó entre mis piernas, besando mi ombligo, bajando lento, torturándome con su aliento caliente sobre mi monte de Venus. "Dime si quieres que pare", dijo, mirándome con ojos de fuego.

"Nunca, cabrón, sigue", rogué, arqueando la cadera. Su lengua encontró mi concha, lamiendo de abajo arriba, chupando el clítoris con succiones que me hicieron ver estrellas. El sonido era obsceno, jugos chapoteando, mi olor almizclado llenando la habitación junto al suyo. Gemí alto, "¡Ay, wey, qué rico!", mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda que raspaba delicioso. Insertó dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que me hacía temblar, mientras su pulgar giraba en mi clítoris. El orgasmo se construyó lento, tensión en mi vientre, pulsos acelerados, hasta que exploté, gritando su nombre, jugos salpicando su barbilla.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, lamiendo el sudor salado de mi espinazo. Su verga presionó mi entrada, resbalosa, y empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome plena. "Estás tan apretada, tan caliente", jadeó, embistiendo hondo. El slap de piel contra piel resonó, mezclado con nuestros gemidos, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Yo empujaba hacia atrás, clavándome más, sus bolas golpeando mi clítoris con cada thrust. Sudor goteaba de su pecho al mío, resbaloso, erótico.

Cambié de posición, montándolo a mí ritmo, tetas rebotando, manos en su pecho peludo. Él pellizcaba mis pezones, tirando suave, enviando descargas directas a mi centro. "I tried to last longer, pero neta no puedo", confesó entre dientes, su voz quebrada. Aceleré, girando caderas, sintiendo su verga palpitar dentro, rozando cada nervio. El clímax nos tomó juntos: yo convulsionando, él gruñendo como animal, llenándome con chorros calientes que se sentían como lava.

Colapsamos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Su mano acariciaba mi pelo húmedo, besos suaves en mi frente. El cuarto olía a nosotros, a placer consumado, con el sol ya bajando tiñendo todo de naranja. "Tried pasado participio de la mejor clase de mi vida", bromeó él, riendo bajito. Yo sonreí contra su cuello, saboreando su piel salada. Neta, esto apenas empieza, pensé, mientras el afterglow me envolvía como manta tibia, prometiendo más trieds en el futuro.

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