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Mi Esposa en Trío Porn

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Mi Esposa en Trío Porn

Todo empezó una noche calurosa en nuestro depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Mi morra, Karla, y yo llevábamos casados tres años, y aunque la neta la seguíamos echando de todo, andábamos buscando algo que le pusiera más picante a la cosa. Ella, con su piel morena brillando de sudor, su pelo negro largo cayéndole por la espalda, se recargó en mi pecho mientras veíamos tele. "Órale, amor, ¿y si probamos algo nuevo?" me dijo con esa voz ronca que me pone la verga dura al instante.

Yo la miré, sintiendo su calor pegado a mí, el olor de su perfume mezclado con su aroma natural, ese que me vuelve loco. "¿Qué traes en mente, carnala?" le pregunté, acariciándole la nalga por debajo de la playera. Ella sonrió pícara, agarró el control remoto y puso el laptop en la cama. "Mira esto, una esposa en trío porn, pero de las buenas, no mamadas gringas". Abrió un sitio, y ahí estaba: una chava como ella, siendo cogida por su marido y otro vato, gimiendo como loca mientras se la metían por los dos lados. El sonido de las nalgas chocando, los jadeos, el slick slick de la saliva en la verga... Karla se mordió el labio, y yo sentí su mano bajando a mi pantalón.

¿Neta vamos a hacer esto? Piensa en su cara de placer, en cómo se vería tu Karla así, abierta y gozando con otro wey.
Ese pensamiento me revolvió el estómago de celos, pero la verga se me paró como bandera. La tensión creció esa noche; nos cogimos como animales viendo el video, pero al terminar, Karla me miró seria. "Quiero sentirlo de verdad, mi rey. Un trío, contigo y otro". Yo tragué saliva, el corazón latiéndome a mil. ¿Y si se enamora del otro? ¿Y si no me excita? Pero su mirada, llena de deseo, me ganó. "Chido, pero lo planeamos bien. Alguien guapo, limpio, y todo con reglas".

Los días siguientes fueron de pura anticipación. Karla se compró lingerie roja, tanga que apenas cubría su panocha depilada, y tetas que se veían más grandes con el push-up. Yo andaba nervioso, oliendo su excitación cada vez que platicábamos del tema. Encontramos a Marco por una app discreta, un morro atlético de veintiocho, con cara de galán de telenovela y verga gruesa en las fotos. Quedamos en vernos en un bar de Condesa, con luces tenues y música de fondo, reggaetón suave que hacía vibrar el piso.

Ahí estaba él, camisa ajustada marcando pectorales, sonrisa confiada. Karla se veía riquísima, falda corta dejando ver sus muslos firmes, labios rojos brillando. Nos sentamos, pedimos chelas frías que sabían a limón y sal, y la charla fluyó. "¿Ya vieron mucho esposa en trío porn?" preguntó Marco, guiñando. Karla rio, su mano en mi pierna apretando. "Sí, y Karla quiere ser la estrella", le dije, sintiendo el pulso acelerado. Tocaron sus pies bajo la mesa, un roce casual que me erizó la piel. El olor a su colonia varonil se mezcló con el de Karla, y salimos de ahí con el corazón en la garganta, camino a un hotel cercano.

En la habitación, king size con sábanas blancas crujientes, el aire acondicionado zumbando fresco contra el calor de nuestros cuerpos. Karla se paró en medio, quitándose la blusa despacio, revelando sus chichis perfectas, pezones duros como piedras. "Vengan, cabrones", dijo con voz juguetona, usando ese tono mexicano que me encanta. Marco y yo nos acercamos, yo por delante, él por atrás. Sentí sus manos en mi espalda mientras besaba a Karla, su lengua dulce a cerveza y menta invadiendo mi boca. El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el cuarto, y cuando Marco le bajó la falda, olí su excitación, ese musk femenino que me hace perder la cabeza.

Esto es real, wey. Tu esposa en trío porn, pero en vivo, con su piel sudando, su coño chorreando por dos vergas.
La tensión subía como fiebre. Karla se arrodilló, nos jaló los cinturones. Mi verga saltó libre, venosa y palpitante; la de Marco era más gorda, con cabeza morada reluciente de precum. Ella los miró, lamiéndose los labios. "Qué ricas pingas, mis amores". Empezó mamándome a mí, su boca caliente envolviéndome, lengua girando en la punta, saboreando mi sal. Marco gemía mientras ella le hacía lo mismo, mano en mis huevos masajeando. El sloppy sound de su saliva goteando, sus arcadas suaves, me volvían loco. Yo le acariciaba el pelo, viendo cómo su cabeza subía y bajaba, tetas rebotando.

La subimos a la cama, Karla abierta de piernas, panocha rosada hinchada, clítoris asomando como perlita. "Cóganme ya, pendejos", suplicó, riendo. Yo me puse entre sus muslos, oliendo su jugo dulce, lamiéndole despacio. Sabía a miel salada, su coño palpitando contra mi lengua. Marco le chupaba las tetas, mordisqueando pezones, y ella arqueaba la espalda, gimiendo "¡Ay, sí, cabrón!". El cuarto apestaba a sexo, sudor, lubricante natural. La tensión era brutal; mis celos se mezclaban con placer puro viendo a otro wey tocarla.

La volteamos a cuatro patas, su culo redondo alzado como ofrenda. Yo me metí primero, su coño apretado tragándome entero, caliente y mojado como horno. "¡Qué chido, amor!" gritó, empujando contra mí. Marco se paró enfrente, y ella le mamó la verga mientras yo la taladraba, slap slap de mis bolas contra su clítoris. Sentía su interior contrayéndose, oía sus gemidos ahogados por la carne en su boca. Cambiamos: Marco la embistió por atrás, su verga gruesa estirándola, y yo en su boca, probando mi propio sabor mezclado con ella.

Es tuya, pero en este momento es nuestra diosa, gozando como en esas esposa en trío porn que vimos.

La intensidad creció; la pusimos en el centro, yo debajo penetrándola vaginal, Marco por arriba en su culo lubricado con saliva y gel. Karla gritaba, "¡Me van a partir, weyes! ¡No paren!". Sus paredes me ordeñaban, el roce de la verga de Marco a través de la delgada membrana me volvía loco. Sudor chorreaba, pieles chocando resbalosas, olor a semen inminente. Sus uñas en mi pecho, mi lengua en su cuello salado. El clímax llegó como tsunami: Karla se convulsionó primero, coño apretando como puño, chorro caliente mojándonos. "¡Me vengo, cabrones!". Marco gruñó, llenándole el culo de leche espesa. Yo exploté dentro, chorros calientes pintando sus paredes, el placer cegándome.

Nos derrumbamos, jadeando, cuerpos enredados pegajosos de fluidos. Karla entre nosotros, besándonos alternadamente, su piel tibia y sonrojada. El cuarto olía a orgasmo puro, sábanas revueltas. "Fue chido, mis reyes", murmuró, mano en mi verga flácida aún sensible. Marco se vistió, nos dimos un abrazo de carnales, y se fue con promesa de discreción.

De vuelta en casa, Karla y yo nos bañamos juntos, agua caliente lavando el sudor, pero no el recuerdo.

Esto nos unió más, wey. Su placer es el mío, y viceversa.
Ahora, cada vez que vemos una esposa en trío porn, sonreímos sabiendo que lo vivimos mejor. La tensión se fue, dejando un afterglow de conexión profunda, deseo renovado. Ella duerme en mi pecho, su respiración calmada, y yo pienso: qué afortunado pendejo soy.

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