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Triada del Asma

6437 palabras

Triada del Asma

El bullicio del bar en Polanco te envuelve con su ritmo pulsante, luces neón bailando sobre cristales de mezcal y cuerpos que se rozan en la penumbra. Tú estás ahí, solo con tu chela en la mano, sintiendo el calor húmedo de la noche mexicana pegándose a tu camisa. De repente, dos morras te clavan la mirada desde la barra: Carla, con su melena negra suelta y curvas que gritan pecado, y Asma, de ojos verdes felinos y labios carnosos que prometen delirio. ¿Qué pedo?, piensas, el corazón ya latiéndote como tamborazo zacatecano.

Carla se acerca primero, su perfume a vainilla y jazmín invadiéndote las fosas nasales. "Órale, guapo, ¿vienes a calentar la noche o nomás a ver?", dice con esa voz ronca que te eriza la piel. Asma ríe bajito, un sonido como cascabeles en la brisa, y te roza el brazo con sus uñas pintadas de rojo. El toque es eléctrico, un chispazo que baja directo a tu entrepierna. Hablan de la ciudad, de la vida chida en la Condesa, pero sus ojos te devoran, prometiendo más que palabras.

Estas nenas son puro fuego, carnal. ¿Te atreves o te rajas?
La tensión crece con cada trago, sus rodillas rozando las tuyas bajo la mesa, el sudor perlándote la nuca.

Una hora después, en el depa de ellas en Polanco, todo es lujo discreto: sillones de piel suave, velas aromáticas a coco quemándose lento. Carla te ofrece un trago de tequila reposado, sus dedos demorándose en los tuyos. Asma pone música, cumbia rebajada que vibra en el piso. "Ven, siéntate entre nosotras", susurra Asma, y tú obedeces, el pulso acelerado como si corrieras el Maratón.

El beso empieza con Carla, sus labios suaves y calientes probando los tuyos, lengua juguetona saboreando el tequila en tu boca. Asma observa, mordiéndose el labio, su mano subiendo por tu muslo. El sabor salado de su saliva te enloquece, mezclado con el dulzor de su aliento. Rompes el beso y volteas a Asma; ella te atrapa con hambre, su boca más agresiva, chupando tu lengua como si fuera miel. Sus senos presionan tu pecho, duros pezones bajo la blusa de encaje. La habitación huele a deseo crudo: feromonas, sudor fresco, un toque de su loción floral.

"Quítate la camisa, papi", ordena Carla juguetona, y tú lo haces, sintiendo el aire fresco lamiendo tu torso desnudo. Ellas se desabotonan lento, provocándote. Los senos de Carla saltan libres, grandes y firmes, pezones oscuros invitándote. Asma es más delgada, pero sus chichis perfectas, con areolas amplias que piden ser lamidas.

Estás en el paraíso, wey. Dos diosas mexicanas listas para devorarte.
Tus manos exploran: la piel de Carla sedosa como satén, la de Asma tibia y vibrante. Gemidos suaves llenan el aire cuando tus dedos pellizcan sus pezones, endureciéndolos más.

La escalada es imparable. Carla te empuja al sofá, arrodillándose para desabrocharte el pantalón. Tu verga salta dura, palpitante, venosa bajo su mirada hambrienta. "¡Mira qué chingona, Asma! Esta nos va a romper." Asma se une, sus lenguas duelan por ti: Carla lame la cabeza, saboreando el precum salado, Asma chupa los huevos con succiones que te arquean la espalda. El sonido es obsceno: pop pop de labios húmedos, slurps resonando. Tú agarras sus cabelleras, oliendo su shampoo a coco mezclado con sudor. El placer sube como ola en Acapulco, tensándote los huevos.

Pero ellas mandan. Te tumban y Carla se sube a tu cara, su panocha depilada rozándote la nariz. Huele a almizcle dulce, jugos calientes goteando. "Come, cabrón, hazme volar." Tu lengua se hunde en sus labios hinchados, saboreando su miel agria-dulce, chupando el clítoris que late como pulso. Ella gime fuerte, "¡Ay sí, así, pendejito rico!" mientras muele contra tu boca. Asma cabalga tu verga despacio, su concha apretada envolviéndote centímetro a centímetro. El calor interno te quema, paredes vaginales masajeándote. Suena chap chap de jugos, su culo rebotando contra tus muslos.

El ritmo acelera. Cambian posiciones: tú de perrito con Asma, embistiéndola profundo, sus paredes contrayéndose. Sientes cada vena de tu verga rozando su interior aterciopelado, olores de sexo impregnando todo. Carla se mete debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu escroto y el clítoris de Asma. "¡La chingada, qué rico! ¡No pares!" grita Asma, su voz entrecortada. Tú sudas ríos, pieles pegajosas chocando, pechos bamboleándose. La tensión psicológica explota:

Esto es la gloria, carnal. Olvídate del mundo, solo piel, calor, placer.

Ahora la triada del asma se forma de verdad. Asma jadea sin aliento, "Es como mi triada del asma, pero de puro gozo: falta de aire por tus estocadas, sibilancias de tanto gemir, y esta tos de placer que no para." Ríen entre gemidos, el lazo emocional tejiéndose en el caos. Tú las volteas, penetrando a Carla mientras Asma te besa el cuello, mordisqueando. Sus dedos en tu culo, masajeando próstata, te llevan al borde. El olor a sexo es espeso, sabores de piel salada en tu lengua, tacto de nalgas firmes apretando tus caderas.

El clímax llega como tormenta. Primero Asma, frotando su clítoris mientras la follas: "¡Me vengo, cabrón! ¡Aaaah!" Su concha aprieta como vicio, jugos chorreados mojando sábanas. Carla sigue, ordeñándote con Kegels expertos, sus uñas clavándose en tu espalda. Tú no aguantas: "¡Ya me vengo, putas ricas!" Explota dentro de Carla, chorros calientes llenándola, mientras Asma lame el exceso. Gemidos se funden en un coro, cuerpos temblando en éxtasis compartido. El mundo se reduce a pulsos sincronizados, sudor enfriándose en pieles jadeantes.

Después, el afterglow es ternura. Acostados enredados, pechos subiendo y bajando al unísono. Carla acaricia tu pecho, "Eso fue la triada del asma perfecta, nos dejaste sin oxígeno, pero qué chido." Asma besa tu hombro, su aliento cálido. Sientes paz, conexión profunda más allá del sexo: risas compartidas, promesas susurradas de repetir. La noche mexicana los arropa, con su promesa de más noches sin aliento. El deseo no se apaga, solo reposa, listo para encenderse de nuevo.

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