I Try Letra
Era una noche cualquiera en el corazón de la Condesa, con ese bullicio de la Ciudad de México que te envuelve como un abrazo caluroso. Las luces neón del bar karaoke parpadeaban invitándome a entrar, y yo, después de un día de puro estrés en la oficina, pensé ¿por qué no? Me late la música, y esa noche me picó el bichito de cantar. Pedí un tequila reposado con limón y sal, el trago que sabe a México entero, y vi el catálogo de canciones. Ahí estaba: I Try de Macy Gray. Neta, esa rola con su voz rasposa siempre me ha movido algo por dentro. "Voy a intentar la letra", me dije, aunque sabía que se me iba a trabar la lengua como siempre.
Subí al escenario con el micrófono en la mano, el corazón latiéndome a mil. Las luces me cegaban un poco, y el humo del lugar olía a tabaco y sudor mezclado con perfume barato. Empecé:
Games, changes and fearsMi voz salió decente al principio, pero en el coro me atoré. "I try to say goodbye... and I..." ¡Pum! Se me fue la letra. El público empezó a silbar juguetón, y yo me reí, sintiendo el calor subiéndome a las mejillas. Ahí la vi. Sentada en la primera fila, con un vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de su cuerpo como si fuera una escultura viva. Pelo negro largo, labios carnosos pintados de rojo fuego, y unos ojos cafés que brillaban con picardía. Se paró, tomó un micrófono extra del mesero y subió conmigo. "¿Me dejas ayudarte con la letra, guapo?", dijo con una voz ronca que me erizó la piel.
When we grow up will we still be here?
Se llamaba Letra. Sí, como la letra de las canciones. "Qué chingón nombre", le dije mientras ella tomaba el control. Cantamos juntos el resto:
I try to say goodbye and I chokeNuestras voces se entrelazaban perfectas, su aliento cálido rozándome el cuello cada vez que se acercaba al micrófono. Olía a vainilla y algo más, un aroma dulce y almizclado que me ponía la piel de gallina. El público aplaudía como loco, pero yo solo la veía a ella: sus caderas moviéndose al ritmo, los senos subiendo y bajando con cada nota alta. Cuando bajamos del escenario, me jaló de la mano hacia la barra. "I try letra contigo fue lo mejor que he visto en meses", le dije, adaptando la frase con una sonrisa pícara. Ella rio, una carcajada profunda que vibró en mi pecho. "Pues yo soy Letra, y tú acabas de intentarlo de maravilla, wey".
I try to walk away and I stumble
Pedimos más tequilas, y la plática fluyó como río en crecida. Me contó que era diseñadora gráfica, que le encantaba el karaoke porque "es como follar con la voz", dijo guiñándome el ojo. Neta, esa mujer era fuego puro. Su piel morena brillaba bajo las luces, y cada vez que se reía, su mano rozaba mi brazo, enviando chispas directo a mi entrepierna. Yo sentía el pulso acelerado, el calor subiendo por mi espina dorsal. ¿Y si la invito a salir de aquí?, pensé, mientras imaginaba el sabor de esos labios. "Oye, Letra, ¿y si seguimos la noche en otro lado? Mi depa está cerca". Ella me miró fijo, mordiéndose el labio inferior. "Inténtalo, papi. Me late".
Salimos al fresco de la noche, el ruido de los coches y los vendedores ambulantes de elotes rompiendo el hechizo un segundo. En el taxi, no aguantamos más. Sus labios se pegaron a los míos, suaves como pétalos pero urgentes como tormenta. Sabían a tequila y menta, con un toque salado de deseo. Mi lengua exploró la suya, y ella gimió bajito, un sonido que me endureció al instante. Sus manos bajaron por mi pecho, arañando suave sobre la camisa, mientras yo acariciaba su muslo desnudo, subiendo el vestido poco a poco. El taxista carraspeó, pero nos valía madre. Olía a su excitación, ese olor terroso y dulce que inunda los sentidos.
Llegamos a mi depa en Polanco, un lugar chido con vista a los edificios iluminados. Apenas cerré la puerta, nos devoramos. La empujé contra la pared, besándola con hambre, mis manos amasando sus nalgas firmes. "Qué rica estás, Letra", murmuré contra su cuello, inhalando su perfume mezclado con sudor fresco. Ella jadeó, tirando de mi camisa para quitármela. Sus uñas recorrieron mi espalda, dejando rastros de fuego. "Quítame el vestido, pendejo juguetón", ordenó con voz entrecortada, y yo obedecí, deslizando la tela roja por su cuerpo. Debajo, solo un tanga negro diminuto y un brasier que apenas contenía sus tetas perfectas, redondas y erguidas.
La llevé a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Me puse encima, besando cada centímetro de su piel: el hueco de su clavícula que sabía a sal, los pezones duros como piedras que chupé hasta hacerla arquearse. "¡Ay, cabrón, qué rico!", gritó, sus caderas moviéndose contra mi verga tiesa dentro del pantalón. Le quité el tanga, revelando su panocha depilada, húmeda y brillante. El olor era embriagador, puro sexo. Metí dos dedos despacio, sintiendo su calor apretado, y ella mojó mi mano entera. "Más, inténtalo más profundo", suplicó. Lamí su clítoris, saboreando su jugo dulce y salado, mientras ella me agarraba el pelo y gemía como loca.
No aguanté más. Me quitó los pantalones de un jalón, liberando mi verga palpitante. "Mírala, qué chula", dijo, acariciándola con manos expertas, su lengua lamiendo la punta donde ya perleaba. Me la metió a la boca, chupando con un ritmo que me volvió loco, el sonido húmedo llenando la habitación. Esto es el paraíso, wey, pensé, mientras mis caderas empujaban suave. La volteé, poniéndola a cuatro patas, admirando su culo redondo. "Sí, así, fóllame duro", pidió, y yo la penetré de una, sintiendo su coño envolviéndome como terciopelo caliente. Cada embestida era un estallido: piel contra piel, slap slap slap, sus gemidos altos mezclados con los míos. Sudábamos, el aire espeso de nuestro aroma, sus tetas balanceándose al ritmo.
Cambié de posición, ella encima, cabalgándome como amazona. Sus ojos clavados en los míos, pelo revuelto pegado a la frente por el sudor. "¡Me vengo, papi!", gritó, su cuerpo temblando, paredes internas apretándome hasta que no pude más. Explote dentro de ella, oleadas de placer cegándome, el mundo reduciéndose a ese pulso compartido. Colapsamos, jadeantes, su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su espalda húmeda.
Después, en la calma, fumamos un cigarro en la ventana, la ciudad brillando abajo. "I try letra contigo fue épico", le dije riendo, y ella me besó suave. "Y apenas es el comienzo, guapo. Mañana repetimos la letra". Me quedé dormido con su cuerpo pegado al mío, el corazón lleno, sabiendo que esa noche había encontrado algo más que una canción: una conexión que vibraba como la mejor rola de karaoke.