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Pasión Bajo el Led Tri Proof Light

7157 palabras

Pasión Bajo el Led Tri Proof Light

Entré al baño de mi departamento en Polanco, ese rincón moderno que tanto me gustaba, con sus azulejos blancos relucientes y el led tri proof light encendido en el techo. Esa luz era perfecta, resistente al vapor, al agua, a todo lo que pudiera salpicar en una ducha caliente. No era cualquier bombilla; era chida, iluminaba todo sin sombras raras, haciendo que la piel se viera suave, invitadora. Me quité la blusa despacio, sintiendo el aire fresco rozar mis pechos, los pezones ya endureciéndose un poquito por la anticipación. Hoy era viernes, y sabía que Marco llegaría pronto del gym, oliendo a sudor fresco y con esa mirada de te voy a comer viva.

Me miré en el espejo empañado apenas, el vapor empezaba a subir del agua que ya corría.

¿Por qué me pongo tan caliente solo de pensarlo, wey?
pensé, mientras me bajaba el pantalón, quedando en tanguita negra. Marco y yo llevábamos tres meses juntos, pero cada vez era como la primera. Él, con su cuerpo marcado de tanto CrossFit, y yo, curvas mexicanas que lo volvían loco. La luz led tri proof light bañaba mi cuerpo en un glow blanco puro, haciendo que mis tetas parecieran más redondas, más listas para ser tocadas.

Oí la puerta principal. Ya llegó el cabrón. Su voz grave retumbó: "¡Ana, mi amor, dónde andas, mamacita?". Sonreí, mordiéndome el labio. "¡En el baño, ven pa'cá, pendejo!", grité juguetona, con ese acento chilango que nos une. Entró, aún con shorts deportivos ajustados, mostrando el bulto que ya se notaba. Sus ojos se clavaron en mí, recorriéndome de arriba abajo bajo esa luz implacable. "Neta, estás cañón con esa luz puesta en ti", murmuró, acercándose. Olía a hombre, a feromonas, a ese desodorante con aroma a madera que me enloquece.

Acto primero: la tensión inicial. Me jaló por la cintura, sus manos grandes y callosas de tanto trabajar en construcción, pero suaves donde importaba. Nuestros labios se chocaron, besos húmedos, lenguas danzando con sabor a menta de su chicle. El agua de la regadera caía como lluvia tropical, empapándonos. Sentí su verga dura presionando contra mi panza, gruesa, palpitante. Chin, cómo me mojo, pensé, mientras sus dedos bajaban mi tanga, rozando mi clítoris hinchado. "Estás empapada, mi reina", susurró al oído, su aliento caliente contra mi cuello. Gemí bajito, el sonido ahogado por el chorro del agua.

Nos metimos bajo la ducha, el led tri proof light reflejándose en las gotas que corrían por su pecho velludo, por mis caderas anchas. Le enjaboné la espalda, sintiendo cada músculo tenso bajo mis uñas. Él me volteó, apoyándome contra la pared fría de azulejos. Sus manos amasaron mis nalgas, separándolas un poco, un dedo juguetón rozando mi ano. "No seas menso", reí, pero arqueé la espalda queriendo más. El vapor llenaba el baño, olor a jabón de lavanda mezclado con nuestro sudor, esa esencia almizclada de deseo que hace que todo huela a sexo inminente.

El beso se profundizó, su barba raspándome la piel suave de la mandíbula. Bajó por mi cuello, lamiendo gotas de agua como si fueran néctar. Sus labios capturaron un pezón, chupándolo fuerte, tirando con los dientes lo justo para que doliera rico.

¡Ay, wey, me vas a matar!
Mi mano bajó a su short, liberando esa verga morena, venosa, que saltó libre, goteando precum transparente. La apreté, masturbándolo despacio, sintiendo cómo latía en mi palma, caliente como hierro forjado.

Acto segundo: la escalada. Salimos de la ducha, cuerpos brillantes, el suelo resbaloso pero él me cargó como si nada, riendo. "Eres mi morrita fuerte", dijo, depositándome en la alfombrita mullida. La luz led tri proof light nos seguía, iluminando cada gota en su abdomen de six-pack, cada curva de mis muslos abiertos. Me arrodillé, mirándolo desde abajo, esa pose de sumisión que nos encanta porque es juguetona. Lamí la punta de su verga, salada, masculina, luego la engullí hasta la garganta, oyendo sus gruñidos roncos: "¡Sí, así, Ana, trágatela toda!". El sonido de succión, el slap de saliva, el jadeo de su pecho subiendo y bajando.

Pero no quería acabar rápido. Lo empujé al suelo, montándome a horcajadas. Frotes lentos, mi concha resbaladiza rozando su tronco duro, lubricándonos mutuamente. Siento su calor, su pulso contra mi clítoris, neta que voy a explotar. Él me miró, ojos negros brillantes bajo la luz. "Te quiero adentro, Marco, métemela ya". Agarró mis caderas, guiándome. La cabeza entró, estirándome delicioso, luego todo el largo, llenándome hasta el fondo. Gemí alto, un "¡Aaaah!" que rebotó en las paredes.

Cabalgaba despacio al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el roce eléctrico. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones, tirando suave. Aceleré, el slap-slap de carne contra carne, sudor nuevo mezclándose con el de la ducha. Olía a sexo puro, a coño mojado, a verga sudada. Él se incorporó, chupándome el cuello mientras yo rebotaba, sus caderas empujando arriba, clavándose más profundo.

Esto es el paraíso, cabrón, no pares
. La tensión crecía, mi vientre apretándose, orgasmos asomándose.

Cambiamos: él encima, misionero con piernas en sus hombros. Entró brutal pero consensual, cada embestida sacándome el aire. "¡Más fuerte, pendejo, rómpeme!", supliqué, uñas clavadas en su espalda. El baño se llenó de nuestros sonidos: gemidos, slap de bolas contra mi culo, respiraciones agitadas. Bajo el led tri proof light, su sudor brillaba como aceite, mis jugos corriéndome por las nalgas. Él bajó una mano, frotando mi clítoris en círculos rápidos. Ya vengo, ya vengo... Explosé primero, un orgasmo que me arqueó, chorros calientes saliendo de mí, empapándolo. Él gruñó, "¡Me vengo, mi amor!", y sentí su leche caliente inundándome, pulso tras pulso, hasta rebosar.

Acto tercero: el afterglow. Colapsamos, jadeantes, cuerpos entrelazados en la alfombrita. El agua de la ducha aún chorreaba bajito, un sonido relajante. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Neta, esa luz hace que todo se vea más intenso", murmuró él, acariciándome el pelo mojado. Reí bajito, oliendo su cuello salado.

Es la luz, pero sobre todo tú, mi rey
. Nos levantamos despacio, enjuagándonos de nuevo bajo el chorro tibio, manos explorando sin prisa, risas compartidas.

Salimos envueltos en toallas grandes, el baño empañado pero la luz led tri proof light cortando la niebla como un faro de placer. Nos tiramos en la cama king size, piel contra piel, el aire acondicionado zumbando suave. Hablamos de tonterías, de ir a taquear mañana, pero en el fondo sabíamos que esto era lo nuestro: deseo puro, conexión carnal y emocional. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón latiendo fuerte aún, sintiendo el semen secándose entre mis piernas. Chido ser feliz así, sin complicaciones.

La noche cayó, pero el recuerdo de esa luz iluminando nuestros cuerpos quedó grabado. Mañana, otro round, porque con Marco, el fuego nunca se apaga.

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