El Trío en Inglés que Me Enloqueció
Estaba en una fiesta en Polanco, de esas que arman los cuates con buena chela y música que te hace mover el culo sin pensarlo. Yo, Alex, un morro de veintiocho bien plantado, con mi chamba en marketing que me deja tiempo para la vida loca. La noche iba chida, pero todo cambió cuando vi a Sofía. Esa mamacita con curvas que quitan el hipo, piel morena como el chocolate, ojos negros que te tragan entero. Bailaba con una güerita gringa, Emma, que parecía salida de una peli de Hollywood: rubia, tetas firmes bajo un top escotado, y un acento que derretía.
Me acerqué con mi mejor sonrisa, chela en mano. —Órale, Sofía, ¿qué onda? ¿Ya te cansaste de romper corazones? le dije, recordando que la conocía de la uni. Ella se rio, ese sonido ronco que me ponía la verga dura al instante. —Alex, pendejo, ven, te presento a Emma. Es mi roomie de Estados Unidos, aquí de intercambio.
Emma me miró de arriba abajo, lamiéndose los labios. —Nice to meet you, Alex. Sofía says you're fun. Su inglés era suave, como miel caliente, y yo sentí un cosquilleo en el estómago. Hablamos un rato, mezclando español e inglés, riéndonos de todo. Sofía propuso jugar algo: verdad o reto, pero con un twist. —Hagamos un trío en inglés, soltó de repente, guiñándome el ojo. ¿Qué? ¿Un trío en inglés? pensé, el pulso acelerándose. No era literal, al principio, solo charlar en inglés sobre fantasías, pero el aire se cargó de electricidad. Sus miradas me decían que querían más.
La fiesta se desvaneció. Terminamos en el depa de Sofía, un penthouse con vista a Reforma, luces tenues y jazz suave sonando. El olor a su perfume, jazmín mezclado con sudor fresco, me invadió las fosas nasales. Nos sentamos en el sofá de piel, yo en medio, ellas flanqueándome como lobas en celo.
¿De veras va a pasar esto? Dos chavas así, queriendo un trío en inglés. Mi verga ya palpita, dura como piedra.
Sofía se acercó primero, su mano tibia en mi muslo, subiendo despacio. —Let's play for real, Alex. Truth or dare in English, murmuró Emma, su aliento cálido en mi oreja. El reto fue simple: besarnos. Sus labios se unieron a los míos primero Emma, su lengua juguetona, sabor a menta y deseo. Sofía observaba, mordiéndose el labio inferior, sus pezones endureciéndose bajo la blusa.
La tensión crecía como una tormenta. Mis manos exploraban: la suavidad de la piel de Emma, pálida y sedosa; la de Sofía, firme y cálida como el sol de Veracruz. —Touch me here, gemí en inglés torpe, guiando la mano de Emma a mi entrepierna. Ella apretó, riendo bajito. Sofía no se quedó atrás, desabrochándome la camisa, sus uñas rozando mi pecho, enviando chispas por mi espina.
Nos quitamos la ropa con urgencia contenida. El sonido de telas deslizándose, cremalleras bajando, era música erótica. Desnudos, sus cuerpos brillaban bajo la luz ámbar: Emma con sus tetazas perfectas, pezones rosados; Sofía con caderas anchas, concha depilada reluciente de anticipación. Yo, erecto, venas pulsantes, goteando pre-semen.
Acto dos: la escalada. Me recostaron en la cama king size, sábanas de satén fresco contra mi espalda ardiente. Sofía montó mi cara, su concha jugosa presionando mis labios. Olía a mar y almizcle, sabor salado y dulce en mi lengua. —Lick me good, baby, jadeó Emma en inglés, mientras chupaba mi verga. Su boca era un horno húmedo, lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza que me hacía arquear la espalda.
¡Chingado, qué rico! Dos lenguas, dos bocas, un trío en inglés que me tenía al borde. Cambiaron posiciones. Emma se sentó en mi polla, su coñito apretado envolviéndome centímetro a centímetro. Gemí fuerte, el estiramiento delicioso, sus paredes contrayéndose. Sofía se frotaba contra mi pecho, besando a Emma con pasión lésbica, lenguas danzando visibles para mí.
El sudor nos unía, piel resbaladiza, sonidos de carne chocando: slap-slap-slap rítmico. Oía sus jadeos en inglés: —Fuck me harder... yes, like that! Sofía susurraba en mi oído, —Cárgeme, pendejo, hazme tuya. Mis manos amasaban nalgas, dedos hundiéndose en carne suave. El olor a sexo llenaba la habitación: semen, jugos, perfume mezclado.
La intensidad subía. Las puse a cuatro patas, lado a lado. Sus culos redondos me invitaban. Metí en Sofía primero, profundo, sintiendo su calor apretarme. —Oh god, Alex! gritó Emma, masturbándose. Luego a Emma, más ajustada, su acento gimiendo deeper. Alternaba, verga brillando de sus fluidos, bolas golpeando clítoris hinchados.
Esto es el paraíso. Un trío en inglés, pero con sabor mexicano. No aguanto más.
El clímax se acercaba. Las recosté, yo encima de Emma misionero, Sofía lamiendo mis huevos desde abajo. Sus lenguas se unían en mi eje, besándose alrededor. El orgasmo explotó: chorros calientes llenando a Emma, ella convulsionando, I'm cumming! Sofía se corrió frotándose contra mi muslo, chillidos agudos.
Acto tres: el afterglow. Colapsamos en un enredo de extremidades, respiraciones agitadas calmándose. Besos suaves, caricias perezosas. El sabor salado en mi piel, sus cuerpos pegajosos contra el mío. Emma murmuró that was amazing, Sofía rio: —El mejor trío en inglés de mi vida, carnal.
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el pecado, manos jabonosas explorando de nuevo, pero tierno. Secos, en la cama, platicamos. —Vuelve cuando quieras, dijo Sofía, acurrucada. Emma asintió, definitely a repeat. Me vestí al amanecer, Reforma despertando afuera, con un beso de cada una.
Caminé a mi auto, piernas flojas, sonrisa boba. Ese trío en inglés no era solo sexo; fue conexión, deseo puro, un recuerdo que me haría pajearme por semanas. La vida en la CDMX es chingona cuando pasa esto.