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Demasiados Intentos Por Favor Inténtalo Más Tarde En Mi Piel

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Demasiados Intentos Por Favor Inténtalo Más Tarde En Mi Piel

Estabas sentada en el balcón de tu depa en la Roma, con el calor de la noche mexicana pegándote en la piel como una caricia insistente. El tráfico de la colonia sonaba lejitos, un murmullo de cláxones y risas que se colaba por la ventana abierta. Tenías el celular en la mano, el corazón latiéndote fuerte mientras tecleabas otra vez la contraseña de esa app de ligues calientes que tanto te había recomendado tu amiga Lupe. Usuario: NenaCaliente69. Contraseña: otra vez fallada. La pantalla parpadeó con ese mensaje culero: too many attempts please try again later. ¡Puta madre! Ya llevabas como cinco intentos, y cada vez que fallabas, sentías un calor subiendo por tus muslos, una frustración que se mezclaba con el deseo que te había agarrado desde que viste el perfil de AlexHotMex. Ese cabrón tenía fotos que te ponían a mil: torso marcado, sonrisa pícara, ojos que prometían hacerte gritar.

¿Por qué chingados no me acuerdo de la pinche contraseña? Solo quiero chatear con él, ver si es tan rico en persona como en las fotos. Me tiene mojadita nomás de imaginarlo, pensaste, mordiéndote el labio mientras el aire nocturno olía a jacarandas y tacos de la esquina.

Apagaste el cel por un rato, te levantaste y te pusiste un vestido negro ajustado que te marcaba las curvas justito. Mañana lo intentas de nuevo, te dijiste. Pero justo cuando ibas a la cocina por un mezcalito, ping. Notificación. No era de la app, sino un mensaje directo en Instagram de @alexhotmex. Vi que intentaste entrar a mi perfil privado varias veces. ¿Too many attempts please try again later? Jaja, no te preocupes nena, aquí estoy. ¿Quieres platicar de verdad? Estoy en Polanco, en el bar del W.

El pulso se te aceleró como si hubieras corrido una carrera. ¿Cómo supo? ¿Estaba stalkeándote? Pero en lugar de espanto, sentiste un cosquilleo en el estómago, de esos que te bajan directo a la entrepierna. Le contestaste rápido: ¡Sí güey! Demasiados intentos y ni modo. ¿Me invitas una chela? Minutos después, ya estabas en un Uber, el viento revolviéndote el pelo, oliendo a tu perfume de vainilla que se mezclaba con el cuero del asiento.

Llegaste al bar, luces tenues, música lounge con toques de mariachi electrónico. Lo viste de inmediato: alto, moreno, con camisa blanca desabotonada que dejaba ver el pecho bronceado. Te sonrió y te plantó un beso en la mejilla que te erizó la piel. Al fin te encuentro, después de tantos intentos fallidos, te dijo con voz grave, mientras te pasaba un margarita helado. Sus dedos rozaron los tuyos, un toque eléctrico que te hizo apretar las piernas bajo la mesa.

Platicaron de todo: de la vida en la CDMX, de cómo la app era un desmadre pero había valido la pena por conocerte. Él era Alex, 32 años, Diseñador gráfico freelance, soltero y con un sentido del humor que te hacía reír a carcajadas. Eres preciosa, y se nota que traes ganas, murmuró acercándose, su aliento a tequila rozándote el oído. Tú sentiste el calor de su pierna contra la tuya, el roce deliberado que mandaba chispas por tu cuerpo.

No lo conozco de nada, pero joder, lo quiero ya. Su olor a colonia masculina y sudor fresco me está volviendo loca, pensaste mientras lo mirabas a los ojos, esos ojos cafés que brillaban con promesas sucias.

La tensión crecía con cada sorbo, cada mirada. Él te tomó la mano y te sacó a la terraza, donde la ciudad brillaba como un mar de luces. ¿Quieres subir a mi depa? Está aquí cerca, en una torre chida, te propuso, su pulgar acariciando tu palma. Dijiste que sí sin dudar, el deseo ardiendo en tu vientre como chile en nogada.

En el elevador, ya no aguantaron. Sus labios se estrellaron contra los tuyos, un beso hambriento, lengua explorando tu boca con sabor a sal y deseo. Sus manos en tu cintura, apretando tu culo firme bajo el vestido. Estás rica, nena, jadeó contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. Tú gemiste bajito, sintiendo su verga dura presionando contra tu cadera. El ding del elevador los separó, pero solo por un segundo.

Entraron al depa: minimalista, con ventanales al skyline, olor a sándalo de un difusor. Te quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al descubierto. Tus tetas quedaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. Míralas, perfectas, dijo antes de chupar uno, lengua girando mientras su mano bajaba a tu tanga empapada. Su boca es fuego, me va a hacer correrme así nomás.

Te llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como una caricia. Se desnudó, su verga gruesa y venosa saltando libre, goteando pre-semen. Tú te arrodillaste, queriendo probarlo. Lamiste la punta, salado y musgoso, mientras él gruñía Así, chúpamela rica. Lo metiste hasta la garganta, tus jugos chorreando por los muslos. Él te levantó, te tumbó y separó tus piernas. Estás chorreando, pinche mojada, rio, metiendo dos dedos que curvó justo en tu punto G. Gemiste fuerte, uñas clavándose en su espalda, el sonido de tus cuerpos húmedos llenando la habitación.

La intensidad subía como el volumen de un cumbia rebajada. Él lamió tu panocha, lengua plana lamiendo el clítoris hinchado, chupando tus labios mayores hasta que tus caderas se arquearon. ¡No pares, cabrón! ¡Me vengo! gritaste, el orgasmo explotando como fuegos artificiales, jugos salpicando su cara. Él no paró, siguió hasta que temblabas.

Entonces te volteó, te puso a cuatro patas. Su verga rozó tu entrada, resbalosa y lista. ¿Me la quieres adentro? preguntó, voz ronca. Sí, métemela toda, pendejito, suplicaste. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. El dolor placer mezclándose, su pubis chocando contra tu culo con palmadas húmedas. Llena, tan llena, su calor palpitando dentro de mí. Ritmo acelerando, sudor goteando, olor a sexo crudo impregnando el aire.

Cambiaron posiciones: tú encima, cabalgándolo como reina, tetas rebotando mientras él pellizcaba tus pezones. ¡Qué rico te meneas! gemía, manos en tus caderas guiándote. Sentías su verga golpeando profundo, el clímax construyéndose otra vez. Él se sentó, te abrazó, besos desordenados mientras follaban sentados, piel contra piel resbalosa.

El final llegó como tormenta: Me vengo, nena, gruñó, y tú Adentro, lléname. Su leche caliente inundándote, tu orgasmo apretándolo como vicio, ondas de placer sacudiéndolos. Colapsaron juntos, jadeos entrecortados, corazones tronando al unísono.

Después, enredados en las sábanas, su cabeza en tu pecho, el skyline titilando afuera. Demasiados intentos en la app, pero valió la pena intentarlo en persona, murmuraste riendo. Él te besó el ombligo. La próxima, ni app, directo a mi piel. Te dormiste con su calor envolviéndote, sabiendo que esa noche había sido el intento perfecto.

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