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Trio con Negro XXX en la Playa del Paraiso

7306 palabras

Trio con Negro XXX en la Playa del Paraiso

El sol de Cancún caía como una caricia ardiente sobre mi piel morena mientras Sofia y yo nos recostábamos en las chaiselongues de la playa del resort. El aire olía a sal marina mezclada con coco de las cremas bronceadoras y un toque de ron de los cocteles que nos servían los meseros. Yo, Laura, de veintiocho años, con mi bikini rojo que apenas contenía mis curvas generosas, sentía el calor subiendo no solo por el clima sino por la mirada que nos echaba ese chulo negro que acababa de llegar al bar playero.

Sofia, mi carnala de toda la vida, güera y flaca pero con un culo que volvía locos a todos, me dio un codazo juguetón. "Órale, Lau, mira a ese moreno. Neta que parece sacado de uno de esos videos de trio con negro xxx que vimos anoche", me susurró al oído, su aliento cálido con sabor a piña colada. Reí bajito, sintiendo un cosquilleo en el vientre. La neta, desde que llegamos de la CDMX para unas vacaciones de chicas, las noches se habían llenado de fantasías calientes. Ese wey, alto como torre, músculos definidos brillando bajo el sol, piel oscura como chocolate amargo, nos había clavado la mirada desde que se quitó la camisa. Se llamaba Marcus, lo supimos después, un gringo de Nueva York de vacaciones, pero con acento suave y sonrisa pícara que gritaba experiencia.

¿Y si nos animamos? Piensa en sus manos grandes recorriéndonos, su verga gruesa partiéndonos en dos. Ay, Lau, no seas pendeja, esto es el paraíso para un trio con negro xxx de verdad.

Nos levantamos, meneando las caderas al ritmo de la cumbia que sonaba en los altavoces, y nos acercamos al bar. Pedí un mojito helado que refrescó mi garganta seca, mientras Sofia le guiñaba el ojo a Marcus. Él se acercó, oliendo a sándwich y a hombre sudado del mar, su voz grave retumbando en mi pecho como un tambor.

"Hola, bellezas. ¿Vienen solas o buscan compañía?", dijo con ese inglés mezclado con español que sonaba tan sexy. Sofia, siempre la desatada, le contestó en español fluido: "Venimos solas pero nos hace falta un rey negro para la noche. ¿Te late un rato de diversión?". Yo sentí mis pezones endureciéndose bajo el bikini, el corazón latiéndome a mil. Él rio, mostrando dientes perfectos, y nos invitó unas rondas. Hablamos de todo: de la playa, de la vida en México, de lo caliente que estaba el clima. Sus ojos oscuros nos devoraban, y cada roce accidental de su brazo contra el mío enviaba chispas por mi espina.

La tensión crecía con cada sorbo. Sofia me miró con picardía y le propuso ir a nuestra suite privada con vista al mar. Marcus aceptó sin dudar, su mano grande rozando mi cintura al caminar. "Esto va a ser épico", pensé, el pulso acelerado mientras subíamos en el elevador perfumado a jazmín.

En la habitación, las cortinas blancas ondeaban con la brisa del Caribe, trayendo el sonido de las olas rompiendo en la arena. Nos quitamos las sandalias, pies húmedos por la arena pegada. Sofia puso música suave, reggaetón con bajo profundo que vibraba en el piso. Marcus se paró en medio, quitándose la camisa despacio, revelando un torso esculpido, pectorales firmes y un vientre plano con vello negro que bajaba tentador hacia su short. Olía a sal y a macho listo para la acción.

Yo me acerqué primero, mis manos temblorosas tocando su pecho cálido, piel suave como terciopelo sobre acero. "Qué chingón estás, negro", le murmuré, y él me jaló contra él, sus labios gruesos capturando los míos en un beso que sabía a ron y deseo puro. Su lengua exploró mi boca con hambre, mientras Sofia se pegaba por detrás, besando mi cuello, sus manos desatando mi bikini. Mis tetas saltaron libres, pezones duros rozando el pecho de Marcus. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca.

Su piel oscura contra la mía clara, qué contraste tan rico. Siento su verga dura presionando mi panza, gruesa y prometedora. Esto es mejor que cualquier trio con negro xxx de internet.

Sofia se arrodilló, bajando el short de Marcus. Su verga saltó, enorme, venosa, cabeza rosada brillando con precúm. "¡Madre santa, mira este pedazo!", exclamó ella, lamiendo la punta con deleite. Yo me uní, arrodilladas las dos, turnándonos para chuparla. Su sabor salado inundó mi lengua, el olor almizclado de su entrepierna me mareaba de lujuria. Marcus gruñía, manos enredadas en nuestro pelo, guiándonos. "Sí, mamacitas, así, chúpemela rico". Lamimos bolas pesadas, succionamos el tronco, besándonos con su pito en medio, saliva goteando.

La intensidad subía. Marcus nos levantó, nos tiró en la cama king size con sábanas frescas de algodón egipcio. Me puso a mí de rodillas, su lengua hurgando mi coño empapado desde atrás. Olía a mi propia excitación, jugos chorreando por mis muslos. Sofia se acostó frente a mí, abriendo las piernas para que la comiera yo. Su clítoris hinchado sabía a miel salada, mientras Marcus me penetraba despacio con dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G. Gemí en la chatita de Sofia, el placer triplicándose.

"Fóllame ya, negro chingón", supliqué, y él obedeció. Su verga me abrió centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Dolor placentero al principio, luego puro éxtasis. Cada embestida hacía slap-slap contra mi culo, sus bolas golpeando mi clítoris. Sofia se masturbaba viéndonos, luego se subió a mi cara, restregando su coño mientras Marcus me taladraba. Sudor nos cubría, el cuarto olía a sexo crudo, gemidos y jadeos mezclándose con la música.

Cambiaron posiciones. Sofia montó a Marcus, su coño tragándose esa polla monstruosa, rebotando con tetas saltando. Yo besaba sus labios, chupando sus pezones rosados, mientras él me metía dedos. "Estás tan mojada, Lau", me dijo Sofia, voz ronca. Luego me turné yo, cabalgándolo como una loca, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. Marcus nos volteaba como muñecas, poniéndonos en 69 mientras él alternaba follarnos el culo con la lengua y el pito.

No puedo más, voy a venirme como nunca. Su negro enorme me parte, Sofia sabe deliciosa, todo es fuego y placer.

El clímax llegó en oleadas. Primero Sofia, gritando "¡Me vengo, cabrones!", squirteando sobre el vientre de Marcus. Él la siguió, sacando la verga para pintarnos las caras con chorros calientes y espesos, sabor amargo en mi lengua mientras lamía. Yo exploté última, dedos en mi clítoris, cuerpo convulsionando, olas de placer interminable.

Caímos exhaustos, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones entrecortadas. Marcus nos abrazó, su calor envolviéndonos como manta. Besos suaves ahora, caricias tiernas. Afuera, la luna plateaba el mar, olas susurrando paz.

"Eso fue el mejor trio con negro xxx de mi vida", susurró Sofia, riendo bajito. Marcus sonrió, "Y solo es la primera noche, reinas". Me acurruqué entre ellos, el corazón lleno, cuerpo saciado. En ese paraíso mexicano, habíamos encontrado no solo placer, sino conexión pura, empoderándonos mutuamente en la entrega total. El deseo se había cumplido, pero el eco de sus toques perduraría en mi piel para siempre.

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