El Tri 21 Años Después Álex Lora y El Tri en Mi Piel
Hace 21 años estaba en mi primer concierto de El Tri. Tenía veintitantos, el cuerpo prieto y una energía que me hacía bailar como poseída frente al escenario. Álex Lora gritaba esas letras rebeldes que me erizaban la piel, su voz ronca como un trago de tequila puro. Sudor, humo de cigarro y el olor a cerveza derramada en el aire. Esa noche soñé con él, con que me bajara del escenario y me chingara hasta el amanecer. Pero la vida sigue, wey. Me casé, tuve chamacos, divorcio y ahora, a mis cuarenta y tantos, aquí estoy de nuevo, en el auditorio Nacional, viendo El Tri 21 años después Álex Lora y El Tri en su gira de reencuentro.
El lugar está a reventar de carnales como yo, rockeros empedernidos con arrugas de risa y cicatrices de fiesta. La banda sube y Álex, pendejo eterno, parece el mismo diablo con barba gris y ojos que queman. Su camisa negra pegada al torso por el sudor, pantalones de cuero que marcan todo. Neta, el tiempo lo ha puesto más cabrón. Canto a todo pulmón "Triste canción de amor", pero mi mente vuela a fantasías sucias. Siento el bajo retumbar en mi pecho, vibrando hasta mi entrepierna. El calor sube, mis pezones se endurecen bajo la blusa ajustada. ¿Será el alcohol o que lo miro fijo?
Al final del pinche show, el público enloquece. Álex grita "¡Gracias México cabrones!" y tira púas. Milagro, una cae a mis pies. La agarro y, no sé cómo, acabo en la zona VIP porque un cuate de la producción me reconoce de un foro en línea de fans. "¡Órale güey, pasa!" me dice. Mi corazón late como tamborazo. Backstage, humo de mota ligera y risas. Y ahí está él, Álex Lora, secándose el sudor con una toalla, cerveza en mano. Nuestras miradas chocan. "¿Vienes desde los viejos tiempos?" me suelta con esa sonrisa pícara.
¿Qué chingados le digo? Neta, estoy mojada solo de verlo de cerca. Su olor a hombre, a rock, a sexo reprimido.
"Sí carnal, 21 años después y sigues siendo el rey", le respondo, voz temblorosa pero coqueta. Platicamos de la gira, de El Tri 21 años después Álex Lora y El Tri, cómo la banda se juntó por los fans locos como yo. Su mano roza mi brazo al pasarme la cerveza, piel áspera contra la mía suave. Electricidad pura. "Eres de las que no se rinden, ¿verdad?" me dice, ojos clavados en mis chichis. Neta, siento el calor subir por mi cuello. "Netísima", le guiño.
La fiesta sigue, pero él me jala a un rincón. "Ven, platiquemos en privado". Mi coño palpita. Subimos a su cuarto en el hotel del auditorio, elevador lleno de tensión. Su aliento huele a tabaco y licor, el mío a menta para disimular nervios. La puerta se cierra y ya está, sus labios en los míos, barba raspando mi piel suave. "Te vi en el público, mamacita", murmura mientras sus manos grandes aprietan mi culo. Gimo bajito, saboreando su lengua invasora, salada y caliente.
Acto dos de esta pinche locura. Lo empujo al sillón, me quito la blusa despacio, dejando ver mis tetas firmes aún, pezones duros como piedras. "Chúpamelas Álex", le ordeno juguetona. Obedece, boca hambrienta succionando, dientes rozando. Siento su verga tiesa contra mi muslo, enorme, palpitante. El cuarto huele a nuestra excitación, almizcle mezclado con su colonia barata. Le bajo el zipper, libero esa bestia gruesa, venosa. La acaricio, piel aterciopelada sobre acero. "¡Puta madre qué rica!" gruñe él.
Me arrodillo, pelo en la mano, y la chupo como diosa. Lengua girando en la cabeza, saboreando su pre-semen salado. Él jadea, "Así güey, trágatela". El sonido de succión húmeda llena el aire, mis jugos chorreando por mis piernas. Me para, me voltea contra la pared. Baja mis jeans, tanga empapada. Dedos expertosos abren mi panocha, frotando el clítoris hinchado. "
Empuja lento al inicio, estirándome delicioso. Cada centímetro quema de placer. Llenándome hasta el fondo, testículos peludos contra mi culo. Ritmo acelera, piel chocando con plaf plaf húmedo. Sudor nos pega, olores intensos: coño excitado, verga sudada. Agarro sus bolas, masajeo mientras él me taladra. "¡Más fuerte Álex, rómpeme!" grito. Sus manos aprietan mis caderas, uñas clavando. Giro la cabeza, besos salvajes, mordidas en labios.
Esto es mejor que cualquier sueño de hace 21 años. Álex Lora y El Tri en mi carne, en mi alma rockera.
Cambio de posición, lo monto en la cama. Sus ojos devoran mis tetas rebotando. Cabalgo como jineteza, caderas girando, clítoris rozando su pubis peludo. Siento el orgasmo venir, ola gigante. "¡Me vengo wey!" chillo, paredes contraídas ordeñando su pija. Él ruge, "¡Aguanta mamita!", pero no puede. Chorros calientes inundan mi interior, semen espeso goteando. Colapso sobre él, pechos aplastados en su pecho velludo, corazones galopando al unísono.
Después, el afterglow. Yacemos enredados en sábanas revueltas, olor a sexo impregnado. Fuma un cigarro, yo acaricio su barba. "21 años después y sigues prendiendo fuego", le digo riendo. Él besa mi frente. "Tú eres el verdadero Tri, triunfadora". Hablamos de la vida, de conciertos pasados, de cómo El Tri 21 años después Álex Lora y El Tri nos une a fans como yo. No promesas, solo este momento perfecto, empoderador. Me visto, beso su boca hinchada. "Nos vemos en el próximo pinche show".
Salgo al pasillo, piernas temblorosas, coño adolorido pero feliz. El rock no muere, y yo menos. Álex Lora me dio más que un polvo: me devolvió mi fuego interior. Ahora camino con la cabeza alta, lista para lo que venga. ¡Pura vida cabrona!