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El Canalporno Trio Enciende La Noche

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El Canalporno Trio Enciende La Noche

La noche en el depa de Polanco estaba chida, con el aire cargado de ese olor a tacos de la esquina y chelas frías sudando en la mesa. Ana, mi morra de ojos café que me volvían loco, se recargaba en mi hombro mientras Luis, mi carnal de toda la vida, zapeaba el tele con esa cara de pendejo curioso. Éramos tres weyes adultos, solteros en espíritu aunque yo andaba con Ana, celebrando un pinche viernes sin jefes ni broncas.

"Neta, carnal, ¿qué pedo con este canal?" dijo Luis, riendo mientras el control remoto caía en un anuncio rarísimo. De repente, la pantalla se iluminó con canalporno trio, unas curvas moviéndose al ritmo de gemidos que retumbaban como truenos en mi cabeza. Tres cuerpos enredados, piel morena brillando bajo luces neón, manos explorando sin pena ni vergüenza. Ana se enderezó, su aliento cálido rozando mi cuello, y sentí su mano apretar mi muslo. "¿Qué es eso?" murmuró, pero su voz traía un filo juguetón, como si ya supiera la respuesta.

El corazón me latía fuerte, el pulso acelerado contra su piel suave. Olía a su perfume de vainilla mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa. Luis soltó una carcajada. "¡Órale, miren nomás! Es el famoso canalporno trio, wey. Dicen que es el mejor para tríos calientes." No pude evitarlo, mi verga se despertó bajo los jeans, presionando contra la tela. Ana lo notó, su dedo trazó un círculo lento en mi pierna, enviando chispas por mi espina.

¿Y si lo intentamos? Solo por curiosidad, ¿no? pensé, mientras la pantalla mostraba lenguas lamiendo pezones erectos, el sonido húmedo de besos profundos llenando la sala.

Apagué el tele de un jalón, pero el fuego ya estaba encendido. "¿Quieren unas chelas más?" propuse, para romper la tensión, pero Ana negó con la cabeza, sus labios carnosos curvándose en una sonrisa pícara. "No, amor. Quiero ver qué pasa si seguimos el ejemplo de ese canalporno trio." Luis se quedó tieso, sus ojos saltando entre nosotros, pero vi el bulto en su pantalón. Todos sabíamos que éramos carnales, confiables, y la química flotaba en el aire como humo de mota buena.

Acto uno del deseo: nos miramos, el silencio roto solo por el zumbido del refri. Ana se levantó primero, su blusa ajustada marcando sus chichis perfectas, y se acercó a Luis. "¿Te late, güey?" le preguntó, rozando su brazo. Él asintió, tragando saliva, y yo sentí una punzada de celos mezclada con excitación pura. Esto era nuevo, prohibido pero nuestro.

La cosa escaló despacio, como buena fiesta mexicana. Ana se sentó entre nosotros en el sofá, su mano en mi paquete mientras la otra jugaba con el cuello de Luis. Sentí el calor de su palma a través de la tela, masajeando con ritmo lento, haciendo que mi verga palpitara como tambor de cumbia. "Qué rico," susurró ella, inclinándose para besarme. Su lengua invadió mi boca, sabor a tequila dulce y menta, mientras Luis observaba, su respiración pesada.

Le quité la blusa a Ana, revelando sus tetas firmes, pezones duros como piedras preciosas. Luis no se hizo de rogar; se lanzó a mamar uno, chupando con hambre mientras yo lamía el otro. Ella arqueó la espalda, gimiendo bajito, "Ay, cabrones, no paren." El sonido de su voz, ronca y necesitada, me erizaba la piel. Olía a su excitación, ese aroma almizclado que me volvía loco, mezclándose con el sudor salado de Luis a mi lado.

Esto es mejor que cualquier porno, neta. Sus cuerpos contra el mío, piel contra piel, pulsos latiendo al unísono.

La desvestimos entre los dos, jeans volando, calzones mojados cayendo al piso. Ana se arrodilló, sus ojos brillando con picardía mexicana. "Ahora les toca a ustedes, pendejos." Sacó mi verga primero, dura y venosa, lamiéndola desde la base hasta la punta, saliva tibia goteando. El placer era eléctrico, cada roce de su lengua enviando ondas por mis huevos. Luego volteó a Luis, mamándolo con la misma devoción, alternando como en el canalporno trio que nos había prendido.

Yo no aguanté; la puse de pie y la besé mientras Luis la penetraba con los dedos, el sonido chapoteante de su concha húmeda llenando la habitación. "Estás chorreando, nena," le dije al oído, mordisqueando su lóbulo. Ella temblaba, uñas clavándose en mi espalda, dejando marcas rojas que ardían delicioso.

Nos movimos al cuarto, colchón king size esperando. Ana encima de mí, montándome despacio, su concha apretada envolviéndome como guante caliente. Sentí cada centímetro, paredes pulsantes ordeñándome. Luis se posicionó atrás, untando lubricante con olor a fresa, y entró en su culo con cuidado. "¿Está chido?" preguntó él, y ella asintió, gritando de placer. "Sí, métela toda, carnal."

El ritmo se volvió salvaje, cuerpos chocando con palmadas húmedas, sudor resbalando por espaldas, tetas rebotando contra mi pecho. Gemidos se mezclaban: el mío grave, el de Luis jadeante, el de Ana un aullido agudo que me ponía la piel de gallina. Olía a sexo puro, semen preeyaculatorio, jugos de ella chorreando por mis bolas. Cada embestida era fuego, tensión acumulándose en mi vientre como volcán a punto de estallar.

El clímax llegó como ola en Acapulco. Ana se corrió primero, convulsionando, gritando "¡Me vengo, pinches cabrones!" Su concha se contrajo, ordeñándome, y Luis gruñó, llenándola por atrás con chorros calientes. Yo exploté dentro de ella, semen brotando en pulsos interminables, placer cegador nublando mi vista. Nos quedamos unidos, respiraciones entrecortadas, cuerpos temblando en afterglow.

Desenredados despacio, risas nerviosas rompiendo el silencio. Ana se acurrucó entre nosotros, piel pegajosa y tibia. "Mejor que el canalporno trio, ¿verdad?" dijo, besándonos a ambos. Luis soltó un suspiro satisfecho. "Neta, carnales, esto hay que repetirlo."

En ese momento, supe que habíamos cruzado una línea, pero qué chingón se sentía. No era solo sexo, era conexión profunda, confianza que nos unía más que nunca.

Nos dimos un baño juntos, agua caliente lavando el sudor, manos explorando ya sin urgencia, solo ternura. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos por app, riendo de lo pendejos que habíamos sido al principio. La noche terminó con chelas y pláticas, el recuerdo del canalporno trio como chispa que encendió nuestra propia fogata.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, Ana me susurró: "Te amo, y a él también, a nuestra manera." Y así, en el corazón de México, descubrimos que el placer verdadero nace de la confianza y el deseo compartido.

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