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Trío Dos Hombres y Mujer en Llamas

6092 palabras

Trío Dos Hombres y Mujer en Llamas

La noche en Puerto Vallarta olía a sal marina y coco tostado, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la playa. Estabas en esa fiesta playera, , con un vestido ligero de tirantes que se pegaba a tu piel por el calor húmedo. La música reggaetón retumbaba, cuerpos bailando pegados, sudor brillando bajo las luces de neón. Sentías el pulso acelerado, esa cosquilla en el estómago que te decía que algo chido iba a pasar.

Ahí los viste: Javier y Marco, dos carnales altos, morenos, con camisetas ajustadas que marcaban sus pechos duros y brazos tatuados. Javier, el de ojos verdes intensos, te guiñó el ojo mientras servía unas chelas frías. Marco, con sonrisa pícara y barba recortada, se acercó bailando, rozando tu cadera con la suya. Órale, qué mamacita, murmuró él al oído, su aliento caliente oliendo a tequila y menta.

¿Y si me lanzo? Neta, hace rato que no siento esta electricidad. Dos weyes guapísimos, mirándome como si fuera su cena...

Te reíste, juguetona, y les seguiste el rollo. Bailaron contigo, Javier por delante, Marco por detrás, sus manos firmes en tu cintura, guiándote al ritmo. Sentías el calor de sus cuerpos, el roce de sus vergas endureciéndose contra ti a través de la tela. El deseo subía como marea, tu panocha ya húmeda, palpitando con cada movimiento. Esto es un trío dos hombres y mujer soñado, pensaste, mordiéndote el labio.

¿Vámonos a un lado más privado, reina? —propuso Javier, su voz ronca rozando tu cuello. Marco asintió, besando tu hombro desnudo. Dijiste que sí con la mirada, el corazón latiéndote en la garganta. Caminaron hacia la casa rentada, risas ahogadas, manos entrelazadas. El aire nocturno fresco contrastaba con el fuego en tu piel.

En la recámara, con vista al mar, cerraron la puerta. La luz de la luna entraba por la ventana abierta, pintando sus cuerpos de plata. Javier te besó primero, labios suaves pero urgentes, lengua explorando tu boca con sabor a sal y ron. Marco se pegó por atrás, mordisqueando tu oreja, manos subiendo por tus muslos, levantando el vestido. Sus toques son puro fuego, me derriten.

Te quitaron el vestido despacio, admirando tus curvas. Estás de lujo, nena, dijo Marco, lamiendo tu cuello mientras Javier chupaba tus tetas, pezones endureciéndose bajo su lengua áspera. Gemiste, el sonido escapando ronco, vibrando en el cuarto. Tus manos bajaron a sus pantalones, sintiendo las vergas gruesas, duras como piedra, latiendo bajo tus palmas.

Se desnudaron rápido, sus cuerpos atléticos brillando de sudor. Javier tenía el pecho velludo, Marco más liso, pero ambos con vergas impresionantes, venosas, cabezas hinchadas goteando precum. Te arrodillaste, el piso fresco contra tus rodillas, y las tomaste en las manos, oliendo su aroma masculino, almizclado, excitante.

Qué rico, dos vergas pa' mí sola. Voy a saborearlas hasta que rueguen.

Chupaste a Javier primero, lengua girando en la cabeza, saboreando el salado dulce de su esencia. Él gruñó, ¡Carajo, qué chida chupas!, enredando dedos en tu pelo. Marco se acercó, y alternaste, mamando una mientras pajeabas la otra, saliva chorreando, sonidos húmedos llenando el aire. Tus labios hinchados, garganta relajada, los mirabas con ojos lujuriosos, viendo sus caras de placer puro.

Te levantaron como pluma, Javier acostándose en la cama king size, jalándote encima. Te sentaste en su cara, su lengua hundiéndose en tu panocha empapada, lamiendo el clítoris con maestría, chupando jugos que sabían a miel salada. ¡Ay, wey, me vas a hacer venir ya! Marco se posicionó atrás, escupiendo en su verga, frotándola contra tu ano, pero paró, preguntando: ¿Quieres por atrás, preciosa? Asentiste ansiosa, y él entró despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Dolor placentero, lleno total.

El ritmo empezó lento, Javier lamiéndote mientras Marco te cogía el culo con embestidas suaves, manos apretando tus nalgas. Gemidos tuyos, suyos, mezclados con el chapoteo de piel contra piel. Cambiaron: Marco debajo, su verga gruesa en tu panocha, llenándote hasta el fondo, Javier ahora en tu boca. Súbete, cabrona rica, te animó Marco, pellizcando tus pezones.

El sudor corría por vuestros cuerpos, olor a sexo intenso, almizcle y mar. Tus caderas ondulaban, montando a Marco, sintiendo su verga golpear tu punto G, chispas de placer subiendo por tu espina. Javier te follaba la boca, huevos rozando tu barbilla, gruñendo ¡Te voy a llenar, puta deliciosa! Pero todo juguetón, empoderándote, tú mandando el paso.

Soy la reina de este trío dos hombres y mujer, los tengo comiendo de mi mano... de mi concha.

La tensión crecía, tu orgasmo acercándose como ola gigante. Aceleraste, panocha contrayéndose alrededor de Marco, clítoris frotándose en su pubis peludo. Javier salió de tu boca, besándote profundo, compartiendo saliva y gemidos. ¡Córrete conmigo, amor! gritó Marco, y explotaste: temblores violentos, jugos chorreando, grito ahogado en la boca de Javier. Él se corrió segundos después, semen caliente pintando tu culo, mientras Marco inundaba tu panocha con chorros espesos, cálidos.

Colapsaron los tres, enredados en sábanas revueltas, respiraciones jadeantes calmándose. Javier te acariciaba el pelo, Marco besaba tu espalda, sus cuerpos pegajosos contra el tuyo. El mar susurraba afuera, brisa fresca secando el sudor. Neta, esto fue épico. Me siento viva, poderosa.

¿Repetimos mañana, diosa? —preguntó Javier, riendo bajito. Sonreíste, sabiendo que sí. En ese trío dos hombres y mujer, habías encontrado no solo placer carnal, sino una conexión ardiente, liberadora. Te dormiste entre ellos, pieles calientes, corazones latiendo al unísono, soñando con más noches en llamas.

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