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El Trío Ardiente con Mi Novia

6540 palabras

El Trío Ardiente con Mi Novia

Todo empezó en nuestra depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Mi novia, Ana, esa morra preciosa con curvas que te hacen babear, ojos cafés profundos y una sonrisa que derrite, se recargó en mi pecho mientras veíamos una peli en Netflix. Llevábamos como seis meses juntos, y la química entre nosotros era explosiva. Pero esa tarde, mientras sus dedos jugaban con mi vello del pecho, soltó la bomba.

¿Y si probamos algo nuevo, amor? Un trío con mi novia... digo, tú, yo y alguien más. ¿Qué dices?
Su voz era un ronroneo suave, con ese acento chilango que me ponía la piel chinita.

Me quedé pasmado, el corazón latiéndome a mil. "¿Estás en serio, nena?" le pregunté, sintiendo cómo mi verga empezaba a despertar solo de imaginarlo. Ana rio bajito, su aliento cálido contra mi cuello oliendo a menta. "Sí, carnal. Mi amiga Carla anda soltera y super caliente. La invité esta noche. ¿Te late?"

Carla. La había visto en fotos: flaca pero con tetas firmes, cabello negro largo y un culo que parecía esculpido. Era de Guadalajara, pero vivía aquí en la ciudad. El deseo me invadió como una ola, mezclado con un pellizco de celos. ¿Y si se ponía intenso? Pero Ana me miró con esos ojos lujuriosos, y supe que era consensual, puro placer mutuo. "Chido, vamos a ver qué pasa", respondí, besándola profundo, saboreando sus labios carnosos y jugosos.

La noche cayó con un calor bochornoso típico de mayo en México. Preparamos unos tequilas con limón y sal, el aroma cítrico llenando la sala. Sonó el timbre, y ahí estaba Carla, en un vestido rojo ajustado que marcaba cada curva, tacones altos y perfume floral que me mareó de inmediato. "¡Hola, pendejos! ¿Listos para la fiesta?" dijo riendo, abrazando a Ana con un beso en la boca que duró un segundo de más. Mi pulso se aceleró.

Nos sentamos en el sofá, las luces bajas, música de Natalia Lafourcade de fondo suave. Hablamos pendejadas, pero el aire estaba cargado de tensión sexual. Ana se pegó a mí, su mano en mi muslo subiendo despacio, mientras Carla nos miraba con picardía. "Oigan, ¿han pensado en un trío con mi novia? Ana me contó que andan aventureros", soltó Carla, lamiéndose los labios pintados de rojo.

El calor subió. Sentí el roce de sus pies descalzos contra mis piernas, el sudor perlándome la frente. Ana se inclinó y me besó el cuello, mordisqueando suave. "Relájate, amor. Todo va a estar chingón", susurró. Carla se acercó, su mano en la rodilla de Ana, y de pronto las dos se besaron frente a mí. Fue como ver fuego vivo: lenguas entrelazadas, gemidos suaves, el sabor imaginado de sus salivas mezcladas.

Mi verga ya estaba dura como piedra, presionando contra el pantalón. Me uní, besando a Ana mientras Carla me desabrochaba la camisa, sus uñas arañando mi pecho. Olía a vainilla y deseo, su piel suave como seda bajo mis dedos. "Qué rico hueles, Javier", murmuró Carla, llamándome por mi nombre como si ya fuéramos íntimos.

Esto es una locura, pero qué chido. Dos mamacitas para mí solo. No la cagues, carnal.
Mi mente giraba mientras las ayudaba a quitarse la ropa. Ana quedó en tanga negra, sus pezones erectos rozando mi torso. Carla, desnuda ya, tenía un piercing en el ombligo que brillaba. Sus tetas perfectas, caderas anchas invitando a tocar.

Nos movimos al cuarto, la cama king size con sábanas frescas. El aire acondicionado zumbaba bajo, pero sudábamos igual. Ana se arrodilló primero, bajándome el bóxer con dientes, liberando mi verga palpitante. "Mira qué grande, amiga", le dijo a Carla, quien jadeó y la lamió primero, su lengua caliente y húmeda recorriendo la base. Sentí el calor de su boca, el succionar suave, el gemido vibrando en mi piel. Ana se unió, chupando la punta mientras Carla lamía las bolas, sus cabellos rozándome los muslos.

El sonido era obsceno: pop de labios, saliva chorreando, mis gruñidos roncos. Olía a sexo puro, ese almizcle animal mezclado con sus perfumes. Las hice acostarse, besando sus cuerpos. Primero Ana, lamiendo sus pezones salados, bajando a su concha depilada, húmeda y rosada. La saboreé, dulce y salada, su clítoris hinchado bajo mi lengua. "¡Ay, sí, amor! ¡No pares!", gritó, arqueando la espalda.

Carla observaba, tocándose, dedos hundiéndose en su humedad. "Mi turno, cabrón", exigió juguetona. Su concha era más peluda, jugosa, con sabor intenso a mujer excitada. La comí voraz, sintiendo sus muslos temblar contra mis orejas, sus gemidos agudos como música.

La tensión crecía. Ana montó mi cara, frotando su coño contra mi boca mientras yo metía dedos en Carla. El cuarto olía a sudor y fluidos, pieles chocando húmedas. "Quiero tu verga dentro", suplicó Ana, posicionándose. La penetré despacio, su calor envolviéndome como terciopelo mojado. Carla se recostó al lado, besando a Ana, pellizcándole las tetas.

Esto es el paraíso. Mi novia gimiendo por mí, su amiga mirándonos con lujuria. ¿Cómo carajos llegamos aquí?

Cambié posiciones. Carla a cuatro patas, su culo redondo alzado. La embestí fuerte, palmadas resonando, su carne temblando. "¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo!", pedía. Ana debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis bolas y la concha de Carla. El placer era abrumador, pulsos latiendo en mi verga, venas hinchadas.

Ana quería más. La puse de lado, yo atrás penetrándola profundo mientras Carla lamía su clítoris. Ana gritaba, uñas clavadas en las sábanas. "¡Me vengo! ¡Ay, Dios!" Su coño se contrajo, ordeñándome, jugos chorreando por mis muslos.

No aguanté más. Saqué, las dos arrodilladas frente a mí. "Vengan, nenas", jadeé. Chuparon juntas, manos bombeando, miradas lujuriosas arriba. El orgasmo explotó, chorros calientes en sus caras, lenguas lamiendo cada gota. Saborearon mi semen, besándose para compartirlo, salado y espeso.

Colapsamos en la cama, cuerpos enredados, respiraciones agitadas. El olor a sexo impregnaba todo, pieles pegajosas de sudor. Ana me besó tierno. "Gracias, amor. Fue increíble el trío con mi novia". Carla rio. "Repetimos cuando quieran, carnales".

Me quedé pensando, abrazándolas, el corazón lleno. No era solo físico; era confianza, deseo compartido. Mañana sería otro día, pero esta noche nos cambió para siempre. El pulso se calmaba, pero el fuego ardía bajo la piel.

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