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Backroom Casting Couch Tria Prueba Tentadora

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Backroom Casting Couch Tria Prueba Tentadora

Tú eres Tria, una morra de veinticinco años con curvas que vuelven locos a cualquiera en las calles de la Roma, México. Siempre has soñado con ser actriz, pero neta, las telenovelas te aburren. Quieres algo más chido, más real, que te haga sentir viva. Por eso, cuando viste el anuncio del Backroom Casting Couch Tria en un grupo de Facebook de actrices independientes, no lo pensaste dos veces. Era una audición privada para un corto erótico, y las reseñas decían que era consensual, empoderador, puro fuego. Te arreglaste con un vestido negro ajustado que marca tus chichis perfectas y tu culo redondo, tacones altos y un perfume que huele a vainilla y deseo.

Llegas al estudio en Polanco, un loft moderno con luces suaves y sofás de piel. El aire acondicionado zumba bajito, fresco contra tu piel caliente de nervios. Tocas el timbre y un tipo guapo abre: Marco, el director, moreno, con barba recortada y ojos que te recorren como si ya te estuvieran desnudando. Qué pendejo tan rico, piensas, mientras él te sonríe y te invita a pasar.

—Pasa, Tria. Bienvenida al Backroom Casting Couch Tria. Siéntate aquí —te dice, señalando un sofá amplio frente a una cámara que parpadea en rojo.

Te sientas, cruzas las piernas y sientes el roce de la piel del sofá contra tus muslos. El corazón te late fuerte, como tambor en fiesta. Él se acomoda enfrente, con una libreta en mano. Huele a colonia masculina, a madera y algo salvaje.

¿Y si esto es lo que necesito? Algo que me saque de la rutina, que me haga sentir deseada de verdad.

La plática fluye: le cuentas de tu vida, cómo bailas salsa en antros de Condesa, cómo te encanta el cine independiente. Él asiente, riendo con tus chistes. La tensión crece, el aire se espesa con electricidad. Te pide que te pares y camines para la cámara. Lo haces, meneando las caderas, sintiendo sus ojos en tu cuerpo como caricias calientes.

—Quítate el vestido, Tria. Para ver cómo luces en pantalla —dice con voz ronca.

Tú sonríes, juguetona. Tus manos suben la cremallera despacio, el sonido metálico rasga el silencio. El vestido cae al piso, revelando tu lencería roja, tanga que apenas cubre tu concha ya húmeda. El aire fresco besa tu piel expuesta, pezones endureciéndose bajo el encaje. Marco traga saliva, su mirada hambrienta.

Acto primero cerrado. Ahora viene lo bueno.

Te sientas de nuevo, más cerca de él. Las luces calientan tu piel, un brillo de sudor perla en tu escote. Hablan de límites: todo consensual, tú mandas el ritmo. Él te toca el brazo primero, suave, probando. Su mano es cálida, callosa de tanto manejar cámaras. Un escalofrío te recorre la espina.

Qué rica estás, Tria —murmura, y tú sientes el pulso acelerado entre las piernas.

Le das permiso con una mirada. Sus dedos bajan a tu bra, desabrochándolo con maestría. Tus chichis saltan libres, pesadas y firmes. Él las acaricia, pulgares en los pezones, círculos lentos que te hacen gemir bajito. Su tacto es como fuego líquido, piensas, arqueando la espalda. El sonido de tu respiración agitada llena la habitación, mezclada con el zumbido de la cámara.

Tú tomas iniciativa, mano en su pantalón. Sientes su verga dura, gruesa, latiendo bajo la tela. La liberas, ¡órale qué chingona! Roja, venosa, goteando precúm que brilla. La hueles: salada, masculina, te hace agua la boca. Te arrodillas entre sus piernas, el piso duro contra tus rodillas, pero no importa. Lamés la punta, saboreando ese gusto amargo-dulce. Él gime, mano en tu pelo, guiándote sin forzar.

Esto es poder, neta. Yo controlo su placer.

Lo chupas profundo, lengua girando, saliva chorreando por tu barbilla. Él jadea tu nombre: Tria, Tria. La habitación huele a sexo incipiente, a sudor y excitación. Tus bragas están empapadas, concha palpitando, rogando atención. Te levantas, te quitas la tanga despacio, mostrándole todo: labios hinchados, mojados, listos.

Lo empujas al sofá, montándote a horcajadas. Su verga roza tu entrada, caliente, resbalosa. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te llena, estira tus paredes. ¡Ay cabrón, qué rico! Gritas bajito al fondo. Empiezas a moverte, caderas girando como en salsa, chichis rebotando. Él agarra tu culo, amasándolo, uñas clavándose leve.

El ritmo sube. Sudor perla en su pecho, gotea a tu piel, salado al lamerlo. Sus embestidas profundas, golpeando ese punto que te hace ver estrellas. Gemidos se mezclan: tuyos agudos, suyos guturales. La cámara capta todo, pero olvidas que existe. Solo piel contra piel, slap-slap húmedo, olor a concha mojada y verga dura.

Inner struggle: dudas un segundo, ¿es esto yo? ¿O la Tria salvaje que siempre quise ser? Pero su mirada te ancla, puro deseo mutuo. Aceleras, clavándote más, uñas en su pecho dejando marcas rojas.

Lo volteas, ahora él arriba. Piernas en sus hombros, penetración brutal pero deliciosa. Sientes cada vena, cada pulso. Tu clítoris roza su pubis, chispas de placer. Más fuerte, Marco, rómpeme, le ruegas. Él obedece, sudor goteando en tu boca, tragas el sabor salobre.

La tensión crece como tormenta. Tus músculos se aprietan, orgasmo asomando. Él gruñe, cerca también. Cambian: perrito, tu culo en pompa, él embistiendo, bolas golpeando tu clítoris. Manos en tu pelo, jalando suave. ¡Sí, así, pendejito!

Explotas primero: olas de placer te barren, concha contrayéndose, chorros calientes bajando por tus muslos. Gritas, cuerpo temblando, visión borrosa. Él sigue, unos empujones más, y se corre dentro, chorros calientes llenándote, desbordando. Cae sobre ti, pesados jadeos, corazones galopando al unísono.

Acto final. Se separan despacio, semen chorreando, pegajoso en tus piernas. Se miran, risas cansadas. Él te abraza, besos suaves en el cuello. Limpian con toallas suaves, olor a jabón mezclándose con el post-sexo.

Fue más que una audición. Fue liberación. Volvería mil veces.

Te vistes, piernas flojas pero alma plena. Marco te promete el video editado, un contrato si quieres más. Sales al sol de Polanco, brisa fresca secando tu piel aún sensible. Sientes el eco de su verga en ti, sonrisa pícara. El Backroom Casting Couch Tria no fue solo una prueba: fue tu despertar.

Ahora caminas con nuevo sway, lista para más aventuras. La ciudad bulle a tu alrededor, pero tú brillas más.

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