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XXX Tríos Dos Hombres Una Mujer en Llamas

6971 palabras

XXX Tríos Dos Hombres Una Mujer en Llamas

En la brisa salada de Puerto Vallarta, Ana se recostaba en la terraza del chalet rentado, con el sol del atardecer tiñendo su piel morena de tonos dorados. El mar susurraba a lo lejos, un ritmo constante que aceleraba su pulso. Frente a ella, Marco, su novio de ojos negros y sonrisa pícara, charlaba con Luis, su carnal de toda la vida, un tipo alto y atlético con tatuajes que asomaban por la camisa desabotonada. Habían llegado esa mañana, escapando del ajetreo de Guadalajara, solo ellos tres, con cervezas frías y un plan de fiesta privada.

Ana sorbió su margarita, el limón fresco picando en su lengua, mientras observaba cómo los dos weyes reían por una tontería. Marco era todo pasión contenida, con manos fuertes de mecánico que la volvían loca en la cama. Luis, más juguetón, con esa mirada que prometía travesuras.

¿Y si esta noche pasa algo más? Neta, un XXX trío dos hombres una mujer... solo de pensarlo se me moja el calzón.
La idea la había rondado desde que Marco lo mencionó de broma en el camino, pero ahora, con el tequila calentándole las venas, ya no era chiste.

—Órale, Ana, ¿qué traes en esa cabeza? —dijo Marco, acercándose con una cerveza en la mano, su aroma a protector solar y hombre mezclado con el salitre del aire.

Ella sonrió, cruzando las piernas en el bikini rojo que apenas contenía sus curvas generosas. —Nada, carnal. Solo pensando en lo bien que se siente estar aquí con mis dos galanes.

Luis se unió, sentándose a su lado en el sofá de mimbre, su muslo rozando el de ella accidentalmente... o no. —Si quieres galanes, aquí estamos. ¿Verdad, Marc?

El roce envió una chispa por su piel, y Ana sintió el calor subirle por el pecho. La tensión era palpable, como el aire antes de la tormenta. Marco la miró con esa intensidad que conocía tan bien, y asintió. —¿Qué dices, mi reina? ¿Nos animamos a algo más... caliente?

Acto uno culminaba en esa mirada compartida. Ana asintió, el corazón latiéndole como tambores jalicienses. —Sí, weyes. Vamos a ver qué pasa.

La noche cayó como un velo negro salpicado de estrellas, y entraron al cuarto principal, con la cama king size invitando al pecado. La habitación olía a sábanas frescas y velas de coco que Marco encendió. Ana se paró en el centro, temblando de anticipación, mientras los dos hombres la rodeaban. Marco la besó primero, sus labios firmes y urgentes, sabor a tequila y deseo. Sus manos grandes subieron por su espalda, desatando el bikini con maestría.

Pinche calor, su boca me quema. Y Luis ahí, mirándome como si fuera su cena...

Luis se acercó por detrás, su aliento cálido en su cuello, besándola suave mientras sus dedos trazaban la curva de sus caderas. —Eres una chulada, Ana. Neta, soñaba con esto.

Ella gimió bajito, el sonido ahogado por la lengua de Marco explorando su boca. Las manos de Luis bajaron, colándose en su bikini inferior, encontrándola ya húmeda, resbaladiza. —Ya estás lista, ¿eh? Qué rico se siente. Sus dedos juguetearon con su clítoris, círculos lentos que la hicieron arquearse contra él.

Marco se apartó un segundo, quitándose la camisa, revelando su pecho velludo y marcado por el gym. —Quítensela todo, Luis. Vamos a hacerla volar.

Ana jadeaba, el aire cargado de su aroma almizclado mezclado con el de ellos, sudor fresco y testosterona. Cayó de rodillas en la alfombra suave, el corazón retumbando. Desabrochó el short de Marco primero, liberando su verga dura, gruesa, venosa, que saltó ante su rostro. La lamió desde la base, saboreando la sal de su piel, mientras Luis se desvestía a su lado, su miembro más largo, curvado, palpitante.

XXX tríos dos hombres una mujer... esto es real, no porno de internet. Pensó mientras alternaba, chupando a Marco profundo hasta la garganta, oyendo sus gruñidos roncos, luego a Luis, que gemía "¡Qué chingona boca, Ana!". La saliva corría por su barbilla, el sonido húmedo de succión llenando la habitación, mezclado con el lejano romper de olas.

La llevaron a la cama, Marco debajo de ella, guiándola para que se sentara en su cara. Su lengua la devoró, lamiendo su coño empapado, chupando el jugo dulce que brotaba. Ana gritó, el placer eléctrico subiendo por su espina. Luis se arrodilló frente a ella, metiéndosela en la boca otra vez, follando su cara con ritmo lento. Sus pechos rebotaban, pezones duros rozando el abdomen de Luis.

—Más, wey, hazla gritar —urgió Marco desde abajo, su voz vibrando contra su clítoris.

El ascenso era imparable. Ana se corrió primero, un orgasmo que la sacudió como maremoto, piernas temblando, gusto salado en la boca de Luis. Pero no pararon. Marco la penetró desde abajo, su verga llenándola hasta el fondo, estirándola delicioso. Luis escupió en su mano, lubricando su ano con cuidado, preguntando: —¿Puedes, mi amor? Dime si quieres.

Sí, métemela despacio... los dos, cabrones. —suplicó ella, empoderada en su lujuria.

Luis entró atrás, centímetro a centímetro, el ardor inicial convirtiéndose en plenitud abrumadora. Estaban los tres unidos, cuerpos sudados chocando, piel contra piel resbalosa. El cuarto olía a sexo crudo, a coño mojado y semen preeyaculatorio. Ana cabalgaba a Marco, sintiendo las dos vergas frotarse dentro, separadas solo por una delgada pared, pulsando al unísono.

¡Qué pinche éxtasis! Dos hombres follándome como diosa... mi cuerpo es suyo y mío.

Los gemidos se volvieron gritos: "¡Más duro, Luis!", "¡Apriétame, Ana!", "¡Me vengo, weyes!". Sudor goteaba, sábanas empapadas, el colchón crujiendo bajo el embate.

El clímax llegó en oleadas. Luis se corrió primero, caliente chorros llenando su culo, gruñendo "¡Te lleno, chula!". Eso disparó a Marco, eyaculando profundo en su coño, espasmos que la ordeñaban. Ana explotó de nuevo, visión borrosa, cuerpo convulsionando entre ellos, un grito largo y gutural que ahogó el mar.

Colapsaron en un enredo de miembros exhaustos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Marco la besó en la frente, Luis acarició su cabello revuelto. El aire ahora fresco olía a satisfacción, a pieles calmadas.

¿Estuvo chingón, verdad? —murmuró Ana, voz ronca, un brazo alrededor de cada uno.

—El mejor XXX trío dos hombres una mujer de mi vida —rió Marco, besándola suave.

Luis asintió, trazando círculos en su vientre. —Y repetimos, ¿no? Eres nuestra reina.

Ana sonrió en la penumbra, el cuerpo pesado de placer, alma ligera.

Esto no fue solo sexo. Fue conexión, confianza, fuego compartido. Mañana el sol saldrá diferente.
Afuera, el Pacífico cantaba su nana eterna, mientras ellos tres se dormían entrelazados, promesa de más noches en llamas.

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