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Prueba Gratis Mi Fuego Latino

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Prueba Gratis Mi Fuego Latino

Estás sentado en el sofá de tu departamento en la Condesa, con el ruido de la ciudad filtrándose por la ventana abierta: cláxones lejanos, risas de chavos en la calle y el aroma a elotes asados de un puesto ambulante. Es viernes por la noche y el tedio te carcome como un pinche gusano. Agarras tu cel y abres la app de citas que has visto en anuncios, esa que promete prueba gratis para nuevos usuarios. "Qué chingados, ¿por qué no?", piensas mientras configuras tu perfil con una foto casual tuya en la playa de Cancún del verano pasado.

En menos de diez minutos, el match llega. Se llama Laura, una morra de unos treinta tacos, con curvas que parecen esculpidas por los dioses aztecas: tetas firmes que desafían la gravedad en su foto de perfil, caderas anchas envueltas en un vestido rojo ceñido y unos ojos cafés que te miran como si ya supieran tus secretos. Su bio dice: "Prueba gratis mi hospitalidad latina, carnal. Sin compromisos, puro fuego". Tu pulso se acelera, sientes un cosquilleo en el estómago. Le mandas un "Qué onda, güeyita. ¿En serio lo de la prueba gratis?" y ella responde al instante: "Ven y compruébalo, papi. Estoy en la Roma, lista pa' ti".

¿Y si es un timo? Nah, se ve real, y esa foto... joder, esa foto me pone la verga dura ya mismo.

Te levantas de un brinco, te echas colonia Creed —esa que huele a madera y deseo—, jeans ajustados y una playera negra que marca tus pectorales de gym. Sales al fresco nocturno, el aire cargado de jazmín de algún jardín vecino y el bullicio de bares con mariachi versionado en reggaeton. Llegas a su edificio en Uber, un lugar chido con portero y luces LED. Tocas el interfón y su voz ronca sale: "Sube, papi. Quinto piso".

La puerta se abre y ahí está ella, en el umbral, con un baby doll negro translúcido que deja ver sus pezones oscuros endurecidos y un tanga que apenas cubre su monte de Venus depilado. El olor a su perfume —vainilla y almizcle— te golpea como una ola, mezclado con el aroma sutil de su excitación. "Pasa, prueba gratis empieza ahora", dice con una sonrisa pícara, sus labios carnosos pintados de rojo sangre. Te abraza y sientes su calor contra tu pecho, sus tetas aplastándose suaves, el latido de su corazón sincronizándose con el tuyo.

Acto uno completo: la chispa se enciende. Se sientan en su sala minimalista, con cojines de colores mexicanos y una botella de tequila Don Julio abierta. Sirve shots, el líquido ámbar quema tu garganta con sabor a agave puro, y charlan. "Soy diseñadora gráfica, me aburro fácil, por eso lo de la prueba gratis", confiesa riendo, su risa como cascabeles calientes. Tú le cuentas de tu curro en marketing, cómo la rutina te ahoga. Sus manos rozan tu muslo "accidentalmente", enviando descargas eléctricas a tu entrepierna. El aire se carga de tensión, el sonido de su respiración profunda, el roce de sus uñas en tu piel.

La miras fijo: piel morena suave como chocolate derretido, el sudor perlándole el escote. "Quiero probarte ya", murmuras, y ella se muerde el labio. "Pues hazlo, no seas pendejo". Se levantan y sus bocas chocan en un beso hambriento. Sabe a tequila y menta, su lengua danza con la tuya, explorando, chupando. Tus manos bajan a sus nalgas firmes, las aprietas y ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho. La cargas al sillón, su peso delicioso, piernas envolviéndote.

Esto es mejor que cualquier sueño mojado, su concha ya debe estar empapada pa' mí.

Le quitas el baby doll, exponiendo sus tetas perfectas, pezones como chiles erectos. Los chupas, saboreando su sal, mordisqueando suave mientras ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, sí, papi, así!". Tus dedos bajan, rozan su tanga húmeda, el olor almizclado de su arousal te marea. La deslizas a un lado y tocas su panocha rasurada, labios hinchados, clítoris palpitante. Ella jadea, guiando tu mano: "Métemela despacio, prueba gratis incluye todo". Introduces dos dedos, su interior caliente, viscoso, apretándote como terciopelo vivo. La follas con la mano mientras la besas el cuello, oliendo su sudor dulce.

Se voltea, te baja el zipper con dientes, libera tu verga tiesa, venosa, goteando precum. "Qué chingona, carnal", dice lamiéndola desde la base hasta la cabeza, su saliva caliente envolviéndote. Chupa con maestría, lengua girando, garganta profunda, el sonido obsceno de succión llenando la habitación. Tus bolas se contraen, placer punzante subiendo por la columna. La agarras del pelo suave, follándole la boca suave, ella tose juguetona pero no para.

La llevas a la recámara, cama king con sábanas de algodón egipcio frescas. La tumbas boca arriba, besas su vientre, ombligo, bajando a su concha. La abres con los pulgares, rosa brillante, jugos relucientes. La pruebas: sabor salado-musgoso, adictivo. Lames su clítoris, chupas fuerte, mete lengua profunda. Ella grita "¡Me vengo, pendejo, no pares!", caderas temblando, squirtando en tu boca, líquido caliente dulce. Tu verga palpita, lista.

La intensidad sube como volcán en erupción. Te colocas encima, condón puesto —seguridad primero, güey—, y frotas tu punta en su entrada resbalosa. "Cógeme ya, prueba todo gratis", suplica con ojos vidriosos. Empujas lento, su concha te engulle centímetro a centímetro, apretada, ondulante. Gimes ambos, el slap de pieles inicia. La penetras profundo, lento primero, sintiendo cada vena rozar sus paredes. Aceleras, sus tetas rebotando hipnóticas, uñas clavándose en tu espalda, dejando surcos ardientes.

Cambian posiciones: ella arriba, cabalgándote como amazona, pelo negro azotando, sudor goteando en tu pecho. Su concha ordeñándote, clítoris frotando tu pubis. "¡Más fuerte, cabrón!", ordena, y tú embistes desde abajo, manos en sus caderas. El cuarto huele a sexo puro: sudor, fluidos, perfume mezclado. Sonidos: gemidos roncos, cama crujiendo, respiraciones jadeantes. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, placer como electricidad.

No aguanto más, esta morra es fuego puro, me va a quemar vivo.

La volteas a cuatro patas, su culo redondo invitándote. La penetras salvaje, palmadas resonando, mejillas enrojecidas. Ella se toca el clítoris, viniéndose otra vez, concha convulsionando, ordeñándote. "¡Córrete adentro, papi!", grita aunque con condón. Explota tu clímax: chorros calientes llenando el látex, visión borrosa, cuerpo temblando. Colapsan juntos, pegajosos, exhaustos.

En el afterglow, yacen enredados, pieles calientes enfriándose. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu abdomen. "La prueba gratis te gustó, ¿verdad?", susurra con voz satisfecha. Ríes, besas su frente sudada. "Chingón, nena. ¿Repetimos sin promo?". Ella asiente, ojos brillando. Se duchan juntos, agua caliente lavando pecados, jabón de coco espumoso en curvas resbalosas. Te vistes, ella te da un último beso profundo, sabor a post-sexo.

sales a la noche renovada, piernas flojas, sonrisa boba. El recuerdo de su fuego latino te quema por dentro, promesa de más pruebas. La ciudad palpita a tu ritmo ahora, tú el rey de la Condesa.

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