Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mis Tries En Ingles Que Lo Encienden Mis Tries En Ingles Que Lo Encienden

Mis Tries En Ingles Que Lo Encienden

6376 palabras

Mis Tries En Ingles Que Lo Encienden

Estaba en la playa de Playa del Carmen, el sol pegando duro sobre mi piel morena, el olor a sal y crema de coco flotando en el aire. Llevaba un bikini rojo que me hacía sentir chida, con el cabello suelto ondeando con la brisa del mar Caribe. Yo, Ana, una chilanga de veintiocho que trabaja en un hotel por temporadas, siempre había soñado con ligar con un gringo guapo. Y ahí estaba él, tirado en una tumbona, con su piel clara brillando bajo el sol, músculos definidos de tanto gym, y unos ojos azules que me clavaban como flecha.

Órale, Ana, no seas pendeja, ve y háblale, me dije mientras me acercaba, el corazón latiéndome como tamborazo en quinceañera. No domino el inglés, pero neta, había visto suficientes pelis para intentarlo. Respiré hondo, oliendo mi propio perfume mezclado con sudor salado, y solté mi primer try:

"Hi... you like beach?"
Mi acento mexicano lo delató todo, pero él levantó la vista, sonrió con dientes perfectos y respondió:
"Yeah, it's beautiful. And you?"

Me senté a su lado sin pedir permiso, sintiendo la arena caliente bajo mis nalgas. ¡Ya valió, pero qué ojos! "Me too. I Ana. You?" Él se rió, una risa grave que me erizó la piel.

"I'm Jake. Nice to meet you, Ana."
Empecé a platicar, mezclando español e inglés como pozole con salsa. "You strong... gym mucho?" Le toqué el brazo, fingiendo casual, pero pinche músculo duro como piedra. Él no se apartó; al contrario, sus dedos rozaron mi muslo. El toque fue eléctrico, como chispas en mi piel húmeda por el calor.

La tensión creció mientras charlábamos. Le conté de mi vida en la Ciudad de México, del metro atascado y las chelas con cuates los viernes. Él hablaba de California, surf y Hollywood. Cada vez que metía un try en inglés –"You kiss good?"– él se carcajeaba y me corregía juguetón:

"I bet I do. Want to try?"
El sol bajaba, tiñendo el cielo de naranja, y el sonido de las olas rompiendo se mezclaba con risas lejanas de turistas. Pedimos unas micheladas en el chiringuito cercano, el hielo crujiendo en el vaso, el limón picante en mi lengua. Sus ojos bajaban a mis tetas, y yo no me cubría; al revés, me arqueé un poco, sintiendo mis pezones endurecerse bajo la tela delgada.

Este wey me late cañón, pensé mientras su mano subía por mi pierna, el calor de su palma quemándome. "Jake... you want... room?" Mi try en inglés salió ronco, cargado de deseo. Él asintió, pagó la cuenta y me jaló de la mano. Caminamos por la playa, pies hundiéndose en arena tibia, el viento trayendo olor a mariscos asados. En su habitación del hotel –todo madera y vistas al mar– cerró la puerta y me besó. Sus labios eran suaves, con sabor a sal y cerveza, su lengua explorando mi boca como si fuera un mapa secreto.

La segunda parte de la noche fue puro fuego lento. Me quitó el bikini despacio, sus dedos temblando un poco de anticipación. Qué chulo, se emociona como yo. Besó mi cuello, bajando por mi clavícula, el roce de su barba incipiente raspándome delicioso. Olía a protector solar y hombre sudado, un aroma que me mojó entre las piernas. "Ana... you're so hot", murmuró en mi oído, y yo respondí con otro try:

"You too... touch me here."
Le guié la mano a mi concha, ya resbalosa de jugos. Sus dedos juguetearon con mi clítoris, círculos lentos que me hicieron gemir, el sonido ahogado contra su hombro.

Caímos en la cama king size, sábanas frescas contrastando con nuestros cuerpos calientes. Él se arrodilló entre mis piernas, su aliento caliente sobre mi piel. Lamidas expertas, lengua plana lamiendo mis labios hinchados, succionando mi botón como si fuera caramelo. Neta, nunca me habían comido así; mis caderas se alzaban solas, persiguiendo su boca. "¡Ay, Jake! More... please!" Mi inglés fallaba, pero él entendía perfecto, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El cuarto olía a sexo, a mi excitación dulce y salada, mezclada con su sudor.

Lo volteé, queriendo mi turno. Su verga estaba dura, venosa, palpitando en mi mano. La chupé despacio primero, saboreando el precum salado en mi lengua, luego más rápido, garganta profunda hasta que él gruñó:

"Fuck, Ana... slow down or I'll come."
Le sonreí pícara, ni madres, te voy a volver loco. Le subí encima, frotando mi concha mojada contra su pija, lubricándola. "Ready?" pregunté, y él solo asintió, ojos vidriosos.

Me hundí en él centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. Cabalgaba lento al principio, pechos rebotando, sus manos amasándolos, pellizcando pezones hasta doler placero. El ritmo subió, piel contra piel chocando con palmadas húmedas, mis gemidos mezclados con sus grunts. ¡Qué rico, wey! Me vengo... El orgasmo me pegó como ola gigante, contrayéndome alrededor de él, jugos chorreando por sus bolas. Él se volteó encima, embistiéndome fuerte, profundo, el colchón crujiendo. "Ana... I'm close!" Y se vino dentro, chorros calientes bañándome, su cuerpo temblando sobre el mío.

Quedamos jadeando, pegados por sudor pegajoso, el ventilador zumbando sobre nosotros. Su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón galopante calmarse. "That was amazing", susurró, y yo, exhausta pero feliz, probé un último try en inglés:

"Yes... best ever."
Reímos bajito, sus dedos trazando círculos en mi vientre. Afuera, la noche caribeña cantaba con grillos y olas lejanas. No hablamos mucho después; no hacía falta. En ese afterglow, con su calor envolviéndome, sentí una conexión más allá de palabras torpes. Quién iba a decir que mis tries en ingles abrirían esta puerta.

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, nos besamos perezosos. Él prometió volver, y yo le di mi número garabateado en una servilleta. Salí del hotel con piernas flojas, el sabor de él aún en mi boca, el cuerpo marcado por sus besos. Caminé por la playa, arena fresca bajo pies descalzos, pensando en cómo un simple try en inglés había prendido esta fogata. Neta, la vida es chida cuando te atreves.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.