Pasión Ardiente en El Tri León GTO
El estadio en León Guanajuato bullía de vida esa noche de El Tri contra los gringos. Tú eras Ana una morra de veintiocho años con el corazón verde y el cuerpo listo para la fiesta. Vestías una playera ajustada del Tri que marcaba tus curvas perfectas y unos shorts que dejaban ver tus piernas bronceadas por el sol de la Comarca Lagunera. El aire olía a chela fría cacahuates tostados y ese sudor masculino que te ponía la piel de gallina.
Te acomodaste en tu asiento cerca de la cancha el rugido de la afición retumbando en tus oídos como un tamborazo zacatecano. Qué chido estar aquí pensaste mientras el estadio se iluminaba con las luces y los gritos de ¡México México! Ahí lo viste a él Marco un vato alto moreno con ojos cafés intensos y una sonrisa pícara que te clavó en el sitio. Llevaba la misma playera pero sin mangas mostrando unos brazos fuertes de quien sabe trabajar en el gimnasio o en el rancho. Se sentó a tu lado por pura chiripa de boletos vendidos de último momento.
—Órale güey qué buena vibra ¿no? —te dijo él con esa voz grave que te erizó el vello de la nuca.
—Sí carnal el Tri en León GTO siempre es puro fuego —respondiste coqueteando con la mirada tus labios rojos entreabiertos.
El partido arrancó con un golazo de Lozano que hizo explotar el estadio. Saltaste abrazándolo sin pensarlo su pecho duro contra tus tetas su aliento caliente en tu oreja. Pinche delicia sentiste su mano en tu cintura un toque fugaz pero cargado de promesas. El olor a su colonia mezclada con sudor fresco te mareó como un trago de tequila reposado.
¿Qué carajos estoy haciendo? Este vato me prende con solo mirarme pero ¿y si es un pendejo de paso? Nah se siente real su calor me quema.
Durante el primer tiempo charlaron de todo del pinche arbitraje de las Chivas de lo chingón que era León con sus birrias y sus fiestotas. Cada vez que El Tri atacaba sus rodillas se rozaban enviando chispas por tu espinazo. Su risa ronca te hacía mojar las panties sutilmente imaginando esas manos explorando tu piel.
Al medio tiempo fueron por chelas al pasillo sus hombros chocando en la multitud apretada. Ahí en el bullicio él te acorraló contra la pared su cuerpo pegado al tuyo el sonido de la banda sonando de fondo.
—Eres bien rica Ana —susurró su aliento a menta y cerveza rozando tu cuello.
—Y tú bien cabrón Marco me traes con el hoyo palpitando —le contestaste descarada sintiendo su verga endureciéndose contra tu muslo.
Volvieron a sus asientos pero la tensión era palpable. Cada gol cada grito los unía más sus manos entrelazadas bajo la banca dedos juguetones trazando círculos en tu palma. El estadio olía a pasión a tierra mojada por el rocío nocturno y a ese aroma almizclado de excitación compartida.
El segundo tiempo fue una locura El Tri ganando dos a uno los fans en éxtasis. Tú sentías tu clítoris hinchado rozando la tela áspera de tus shorts cada vez que te movías. Marco te devoraba con los ojos susurrándote al oído:
—Imagínate mi lengua ahí abajo lamiéndote hasta que grites mi nombre.
Su voz es puro veneno dulce me tiene empapada quiero montarlo ya pero aguanta Ana el juego no acaba.
El pitazo final desató el infierno saltaron abrazados besándose con furia ahí mismo en las gradas. Sus labios carnosos devorando los tuyos lengua invadiendo tu boca sabor a sal y victoria. La multitud los rodeaba pero era como si estuvieran solos el mundo reduciéndose a su calor su erección presionando tu vientre.
Salieron tomados de la mano el estacionamiento lleno de cláxones y cánticos. Subieron a su troca una pick up reluciente con asientos de piel. En el camino a su depa en el centro de León él conducía con una mano en tu muslo subiendo peligrosamente alto sus dedos rozando el borde de tus panties húmedas.
—Pinche morra me vas a matar —gruñó él deteniéndose en un alto su mano colándose dentro frotando tu coño empapado.
—¡Sigue cabrón no pares! —gimiste arqueándote el sonido de tus jugos chorreando en el silencio de la noche.
Llegaron al depa un lugar chido con vista al Cerro de los Gigantes. Apenas cerraron la puerta se devoraron mutuamente quitándose la ropa a tirones. Su playera del Tri voló mostrando un torso esculpido pectorales duros pezones oscuros que lamiste con deleite sabor a sal sudor y hombre. Él te levantó en brazos tus piernas envolviéndolo chupando tus tetas grandes duras los pezones erectos como balas.
—Qué tetotas tan ricas —masculló succionando fuerte enviando descargas a tu útero.
Te llevó a la cama king size sábanas frescas oliendo a suavizante. Te abrió de piernas admirando tu coño depilado reluciente de miel.
Es perfecto ancho y largo ya lo quiero dentro rompiéndome.
Se hincó lamiéndote despacio lengua plana recorriendo tus labios mayores aspirando tu aroma almizclado a mujer en celo. Chupó tu clítoris hinchado metiendo dos dedos gruesos curvándolos en tu punto G. Gemías como loca el sonido de su chupeteo obsceno llenando la habitación tus jugos corriéndole por la barbilla.
—¡Sí Marco cómetelo todo métemela ya! —suplicaste tirando de su pelo.
Se quitó los bóxers liberando una verga impresionante venosa gruesa de esas que te estiran hasta el fondo cabeza morada goteando precum. Te penetró de un solo empujón tus paredes vaginales abrazándolo como guante húmedo caliente. El placer te partió en dos su pelvis chocando tu clítoris con cada embestida profunda.
Él gruñía como animal sudor perlando su frente el olor a sexo crudo impregnando el aire. Cambiaron posiciones tú encima cabalgándolo rebotando tus nalgas cachetonas contra sus muslos el plaf plaf rítmico como tambores de banda. Sus manos amasando tus tetas pellizcando pezones.
—¡Córrete en mi verga Ana dame todo! —rugió él.
El orgasmo te azotó como rayo contrayendo tu coño ordeñándolo chorros de squirt mojando sábanas. Él explotó segundos después inundándote de leche caliente espesa pulsos interminables llenándote hasta rebosar.
Colapsaron jadeantes cuerpos entrelazados piel pegajosa por sudor y fluidos. Él te besó la frente suave su mano acariciando tu espalda.
—Qué chingonería de noche ¿verdad? El Tri León GTO y tú —murmuró.
Esto no fue solo sexo fue conexión pura fuego que no se apaga fácil.
Se quedaron así hasta el amanecer el sol filtrándose por las cortinas tiñendo sus cuerpos de oro. León despertaba con el aroma a tortas de carnitas y café de olla pero en esa cama solo existía el afterglow esa paz satisfecha de cuerpos saciados almas tocadas. Sabías que volverían a verse en el próximo partido o antes porque el deseo entre ustedes era como El Tri invencible eterno.