Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Triada de ODonoghue Tratamiento Fisioterapeutico Prohibido Triada de ODonoghue Tratamiento Fisioterapeutico Prohibido

Triada de ODonoghue Tratamiento Fisioterapeutico Prohibido

6427 palabras

Triada de ODonoghue Tratamiento Fisioterapeutico Prohibido

Todo empezó en ese pinche partido de fut en el parque de Polanco. Yo, pendejo como siempre, quise hacer el tiro de chilena para impresionar a las morras que miraban desde las gradas. Pero el cuerpo no dio y crack, mi rodilla se fue al carajo. Dolor de la chingada, no podía ni pararme. El doc en el hospital me dijo que era la triada de ODonoghue: rotura de ligamento cruzado anterior, medial y menisco. "Necesitas tratamiento fisioterapéutico intensivo, carnal", me soltó. Así llegué a la clínica de la Doctora Valeria, una chava de unos treinta pirulos, con curvas que te ponían a sudar antes de empezar.

La primera sesión fue profesional al cien. Entré cojeando a su consultorio, oliendo a antiséptico mezclado con su perfume dulzón, como vainilla y algo más picante. Valeria era morena clara, pelo negro largo recogido en coleta, ojos cafés que te escaneaban como rayos X. Vestía leggins ajustados y blusa deportiva que marcaba sus chichis firmes. "Siéntate aquí, güey", me dijo con esa voz ronquita que ya me erizaba la piel. Me explicó la triada de ODonoghue tratamiento fisioterapeutico: ejercicios de fortalecimiento, estiramientos, masajes profundos. Sus manos, fuertes pero suaves, tocaron mi muslo por primera vez. Sentí un chispazo, como corriente eléctrica subiendo por mi verga.

¿Qué pedo? Esto es terapia, no mamada
, pensé, pero mi cuerpo ya traicionaba.

Las semanas siguientes fueron un suplicio delicioso. Cada martes y jueves, llegaba puntual a su consultorio en la colonia Roma, con el corazón latiéndome como tambor de banda. El aire acondicionado zumbaba bajito, pero el calor entre nosotros subía. Valeria me ponía en la camilla, bajaba mis shorts hasta las rodillas y empezaba con los masajes. Sus dedos amasaban el músculo isquiotibial, rozando peligrosamente cerca de mis huevos. Olía a sudor fresco mío mezclado con su loción de coco. "Respira hondo, aprieta aquí", ordenaba, y yo obedecía, gimiendo disimuladamente. Un día, mientras estiraba mi pierna, su cadera rozó mi nalga. Se quedó quieta un segundo, mirándome fijo. Su aliento caliente en mi oreja. "Estás progresando chido, pero necesitas relajar más", murmuró. Mi pija ya estaba semi dura, latiendo contra el short.

La tensión crecía como volcán. En mi cabeza, monólogos eternos:

Es profesional, no le copies al pendejo que se emociona con un masaje. Pero chingao, esas manos son puro fuego
. Ella también parecía alterada. Sus pezones se marcaban duros bajo la blusa cuando me tocaba. Una sesión, después de un ejercicio intenso, me sudaba la frente, el pecho empapado. Valeria se quitó la coleta, el pelo cayéndole en cascada. "Hace calor, ¿verdad?", dijo, abanicándose. Yo asentí, la boca seca. Entonces, en vez de masaje estándar, aplicó aceite tibio. Sus palmas resbalaban por mi muslo interno, milímetros de mi entrepierna. Gemí bajito. Ella se detuvo, ojos brillantes. "¿Te duele?". "No, al contrario, mami", solté sin pensar. Se rio, juguetona. "Cuidado con lo que pides en un tratamiento fisioterapéutico".

El clímax llegó en la sesión número ocho. Mi rodilla ya mejoraba, la triada de ODonoghue bajo control gracias a su dedicación. Entré y la encontré sola, luces bajas, música suave de rancheras electrónicas sonando. "Hoy probamos algo nuevo para relajar el tendón", dijo, pero su voz temblaba. Me recostó boca abajo, desató mi short completamente. Sus manos expertas subieron por mis nalgas, apretando, separando un poco. Olía su excitación, ese aroma almizclado de coño mojado que me volvía loco. Volteé la cara, la vi quitándose la blusa. Chichis perfectos, morenos, pezones duros como piedras. "Valeria...", susurré. "Shh, déjame tratarte completo".

Se subió a la camilla, a horcajadas sobre mis muslos. Su calor empapaba mis piernas. Manos en mi espalda baja, bajando, hasta agarrar mi verga dura como fierro. La volteé con cuidado, nuestros cuerpos chocando sudorosos. Besos hambrientos, lenguas enredadas con sabor a menta y deseo. "Te quiero desde el primer día, cabrón", jadeó ella, mordiéndome el labio. La desvestí rápido, leggins abajo revelando un tanga empapado. Su piel suave como terciopelo, olor a sexo puro. Lamí sus chichis, succionando pezones mientras ella gemía "¡Ay, sí, chúpame!". Sus uñas arañaban mi espalda, enviando ondas de placer doloroso.

La puse de rodillas en la camilla, mi boca en su panocha. Sabía a miel salada, jugos chorreando por mi barbilla. Lengua adentro, chupando clítoris hinchado, ella retorcía caderas gritando "¡No pares, pendejo, me vengo!". Temblores la sacudían, coño contrayéndose en mi boca. Me volteó, devorando mi pija. Boca caliente, succionando hasta la garganta, saliva resbalando. "Grossa y rica, güey", balbuceó. No aguanté más. La penetré despacio, su interior apretado, húmedo, envolviéndome. Empujones lentos primero, sintiendo cada vena de mi verga rozar sus paredes. Aceleramos, piel chocando paf paf paf, sudor volando. Ella arriba, cabalgando salvaje, chichis rebotando, pelo azotando mi cara. "¡Cógeme duro, sana mi triada tú!", gritó entre risas y gemidos.

Cambié posiciones, de lado para no forzar mi rodilla. Misionero profundo, mirándonos a los ojos. Suspiros sincronizados, pulsos latiendo juntos. Olor a sexo intenso, camilla crujiendo. "Me vengo, Valeria, ¡chingao!". "¡Dentro, lléname!", ordenó. Explosión, semen caliente brotando, su coño ordeñándome hasta la última gota. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Esto no fue solo tratamiento fisioterapéutico", susurró, acariciando mi mejilla.

Después, nos duchamos juntos en su baño privado. Agua caliente lavando fluidos, manos explorando sin prisa. Salimos envueltos en toallas, riendo como pendejos enamorados. Mi rodilla, milagrosamente, se sentía nueva. La triada de ODonoghue era historia, pero lo nuestro apenas empezaba. "Vente el sábado a mi depa, sin excusas médicas", me dijo guiñando. Salí caminando firme, el cuerpo liviano, el alma llena.

Quién iba a decir que un pinche esguince me traería esto
. Desde entonces, cada sesión es puro fuego consensual, empoderándonos mutuamente en este baile de cuerpos mexicanos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.