Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Acabo de Intentarlo Acabo de Intentarlo

Acabo de Intentarlo

5351 palabras

Acabo de Intentarlo

La luz tenue de las velas parpadeaba en mi depa de la Roma, iluminando la mesa con platos de tacos al pastor que olían a piña chamuscada y chile fresco. Alex y yo llevábamos tres años juntos, pero esa noche el aire se sentía cargado, como si el DF entero conspirara para encender la chispa. Él, con su camisa negra ajustada que marcaba sus pectorales, me sonreía con esa mirada pícara que me hacía mojarme de solo pensarlo.

Órale, Sofía, hoy vas a soltarte, me dije mientras servía el mezcal. Quería probar algo nuevo, algo que platicamos en la cama semanas atrás. Anal. Neta, solo de imaginarlo se me erizaba la piel. Pero con él, todo era chido: confianza total, besos que sabían a tequila y promesas de parar si no me late.

—Mi reina, estás más rica que nunca —murmuró Alex, rozando mi muslo bajo la mesa. Su mano subió despacio, y yo apreté las piernas, sintiendo el calor subir por mi entrepierna.

—Ay, wey, no mames, ¿ya quieres? —reí, pero mi voz salió ronca, traicionándome.

La cena se enfrió mientras nos devorábamos con los ojos. El sonido de la ciudad filtrándose por la ventana —cláxones lejanos, risas de transeúntes— contrastaba con el pulso acelerado en mi cuello. Terminamos los tacos, lamiendo salsas de los dedos, y de pronto sus labios estaban en mi boca, saboreando el cilantro y el deseo.

Lo arrastré al cuarto, donde la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me quitó el vestido rojo ceñido, dejando al aire mis curvas. Sus ojos se clavaron en mis chichis, duras como piedras.

Te quiero toda la noche —gruñó, y yo asentí, temblando de anticipación.

Nos besamos como posesos, lenguas enredadas, saliva mezclada con el dulzor del mezcal. Sus manos expertas masajearon mi espalda, bajando hasta mis nalgas, amasándolas con fuerza. Gemí cuando un dedo rozó mi entrada trasera, lubricada ya por mi propia excitación.

Neta, Sofía, este es el momento. Relájate, carnala.

—Alex, quiero... quiero que me cojas por atrás. Pero despacito, ¿va? —susurré, mi corazón latiendo como tambor de mariachi.

Él sonrió, sacando el lubricante de la mesita. —Claro, mi amor. Tú mandas. Si no te late, paramos.

Me puse a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mis rodillas. Sentí el aire fresco en mi panocha expuesta, chorreando. Alex se colocó detrás, su verga dura como fierro rozando mis muslos. Primero lamió mi clítoris, su lengua caliente y áspera haciendo círculos que me hicieron arquear la espalda. Qué rico, pendejo, pensé, mordiéndome el labio hasta saborear sangre.

El olor a sexo llenó la habitación: almizcle mío, sudor suyo, lubricante vainillado. Introdujo un dedo, despacio, y yo jadeé, el estiramiento ardiente pero placentero. —¡Sí, así! —grité, empujando contra él.

Agregó otro dedo, moviéndolos en tijera, mientras su otra mano pellizcaba mi pezón. Mi mente era un torbellino: Esto es nuevo, wey, pero se siente cabrón de bueno. Los gemidos salían solos, roncos, mezclados con sus respiraciones pesadas.

Gradualmente, la tensión creció. Retiró los dedos, y sentí la punta de su verga presionando. —Respira, Sofi —dijo, besando mi espalda. Empujó centímetro a centímetro, el ardor inicial dando paso a una plenitud deliciosa. ¡Carajo! Era como si me llenara el alma.

—Muévete, amor, ya estoy lista —supliqué, y él obedeció, embistiendo lento al principio. El slap-slap de piel contra piel resonaba, sincronizado con mis jadeos. Sudor goteaba de su pecho al mío, salado en mi lengua cuando volteé a lamerlo.

Internamente luchaba: ¿Y si duele más? No, neta, es puro fuego. Aceleró, una mano en mi cadera, la otra frotando mi clítoris. La presión se acumulaba, como volcán a punto de estallar. Grité su nombre, olas de placer subiendo por mi espina.

—Me vengo, Alex, ¡no pares! —Mi cuerpo convulsionó, panocha contrayéndose, apretándolo dentro de mí. Él gruñó, embistiendo profundo, y sentí su calor explotar, llenándome mientras colapsábamos juntos.

Quedamos jadeando, enredados en sábanas húmedas. Su peso sobre mí era reconfortante, su verga aún palpitando dentro. Besos suaves en mi nuca, olor a semen y sudor envolviéndonos como niebla.

—Fue increíble, mi reina. ¿Estás bien? —preguntó, saliendo despacio, un chorrito cálido escurriendo por mis muslos.

—Más que bien, pendejo. Acabo de intentarlo y quiero más —reí, volteando para besarlo. Nuestros cuerpos pegajosos se frotaron, piel contra piel, pulsos calmándose en unisono.

Después, envueltos en una cobija, tomamos agua fría que sabía a victoria. La ciudad zumbaba afuera, pero adentro era paz. Reflexioné: esto nos unió más, rompiendo barreras con ternura y fuego.

De pronto, agarré mi cel, abrí WhatsApp y tecleé a mi compa Lu:

i just tried anal con Alex y neta fue de la verga qué rico todo estuvo perfecto girl
. Ella respondió con emojis de fuego, y yo sonreí, acurrucándome en su pecho.

Alex me miró curioso. —¡Ey, cuéntame!

—Nada, wey, solo presumiendo lo chingón que eres —guiñé, y nos reímos, sabiendo que esta noche acababa de empezar una nueva etapa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.