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Que Quiere Decir Try En Tu Piel

8240 palabras

Que Quiere Decir Try En Tu Piel

La noche en Polanco estaba viva con ese ruido chido de la ciudad que no duerme: risas de borrachos en la terraza, el claxon de un taxi lejano y el aroma dulce de los tacos al pastor quemándose en la esquina. Tú caminabas por la calle empedrada, con el calor del tequila todavía quemándote la garganta, cuando la viste. Sofía, con su falda ajustada que marcaba sus curvas como si fueran un mapa del paraíso, el cabello negro suelto cayéndole por la espalda y unos labios rojos que gritaban ven y pruébame.

Te miró desde la barra del bar al aire libre, sus ojos cafés brillando bajo las luces de neón. Órale, qué chula, pensaste, mientras tu pulso se aceleraba como motor de Vocho viejo. Te acercaste, pediste una chela y le sonreíste. "Hola, guapo", dijo con esa voz ronca que olía a tabaco y miel. "Soy Sofía. ¿Tú qué onda? ¿Gringo o qué?"

Reíste, negando con la cabeza. "Mexicano de pura cepa, pero vivo allá en el norte. Me llamo Alex. ¿Y tú, qué haces aquí sola?" Ella se mordió el labio, inclinándose para que olieras su perfume de vainilla y jazmín. "Buscando aventura, carnal. Neta, la vida es pa' disfrutarla."

Hablaron de todo: de la pinche tráfico de la CDMX, de las mejores carnitas en el mercado y de cómo ella estaba aprendiendo inglés por un curso en línea. "Oye", dijo de repente, juguetona, tocándote el brazo con uñas pintadas de rojo. "Qué quiere decir try? Lo vi en una canción gringa y me quedé pensando."

Tu piel se erizó al roce de sus dedos, un cosquilleo que bajaba directo a tu entrepierna. "Try es intentar, nena. Como probar algo nuevo." Ella abrió los ojos grandes, lamiéndose los labios. "Ahhh, intentar. Suena padre. ¿Y si try contigo ahorita?" Su risa fue como un trago de mezcal: ardiente, adictiva.

Acto 1 fin, pero la tensión ya latía en el aire húmedo de la noche.

La invitaste a caminar, mano en mano, sintiendo el calor de su palma contra la tuya, suave como seda mojada. Llegaron a un parque chiquito, con bancas bajo árboles de jacaranda que perfumaban todo de morado. Se sentaron pegaditos, sus muslos rozando los tuyos, el roce enviando chispas por tu espina dorsal. "Cuéntame más de try", murmuró ella, su aliento cálido en tu oreja, oliendo a menta y deseo.

Tú tragaste saliva, el corazón retumbando como tamborazo zacatecano. "Try es arriesgarse, Sofía. Intentar un beso, por ejemplo." Ella giró el rostro, tan cerca que sentías el latido de su pulso en la sien. "Entonces, try me, Alex. Neta, quiero saber qué se siente."

Sus labios tocaron los tuyos suaves al principio, un roce tentativo que sabía a tequila y fresas. Pero pronto se volvió hambre: lenguas danzando, húmedas y calientes, sus manos en tu nuca tirando de tu cabello, tus dedos hundidos en su cintura carnosa. Gemiste contra su boca, el sabor salado de su piel cuando le besaste el cuello, inhalando su aroma almizclado que te ponía duro como piedra.

"Vamos a mi depa", jadeó ella, separándose con ojos nublados de lujuria. "Está cerca, en Masaryk. Quiero try más." Caminaron rápido, el aire nocturno fresco contra vuestras pieles encendidas, tus manos explorando su culo redondo bajo la falda, sintiendo la tela tensa y el calor que emanaba de ella.

En el elevador, no aguantaron: la empujaste contra la pared, besándola feroz, tu erección presionando su vientre plano. Ella gimió, "Pinche wey, qué rico", manoseándote por encima del pantalón, el roce áspero de la tela amplificando el placer punzante.

El departamento era un nido sensual: luces tenues, velas de vainilla encendidas, sábanas de algodón egipcio en la cama king size. Ella te jaló adentro, quitándose la blusa con un movimiento fluido, revelando senos perfectos, pezones oscuros endurecidos como chocolate amargo. " Try esto", dijo, guiando tu boca a ellos. Chupaste, lamiste, el sabor salado y dulce explotando en tu lengua, sus uñas clavándose en tu espalda mientras arqueaba el cuerpo, gimiendo "¡Ay, cabrón, sí!"

Te desnudó despacio, torturándote: desabrochó tu chamarra, besó tu pecho velludo, bajó al ombligo lamiendo un camino de fuego. Cuando llegó a tu verga tiesa, palpitante, la miró con picardía. "¿Qué quiere decir try aquí abajo?" Susurró, antes de engullirla entera, su boca caliente y húmeda succionando con maestría, la lengua girando alrededor de la cabeza sensible. Gemiste fuerte, el sonido rebotando en las paredes, tus caderas moviéndose solas, oliendo su cabello perfumado mientras el placer te nublaba la vista.

Pero no querías acabar así. La tumbaste en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso suave. Le quité la falda y las tangas de encaje negro, revelando su panocha depilada, hinchada y reluciente de jugos. "Ahora yo try", gruñiste, separando sus labios rosados con los dedos, inhalando su aroma almizclado y dulce como mango maduro. Lamiste su clítoris hinchado, chupando suave al principio, luego fuerte, su sabor ácido y adictivo inundando tu boca. Ella gritó, "¡No mames, qué chingón!", sus muslos temblando alrededor de tu cabeza, caderas alzándose para follarte la cara.

El sudor perlaba vuestras pieles, el aire cargado de gemidos y el chapoteo húmedo de lenguas y dedos. Introdujiste dos dedos en su calor apretado, curvándolos contra su punto G, sintiendo las contracciones rítmicas. "¡Más, pendejo, try más profundo!", suplicó, y obedeciste, follándola con la mano mientras lamías sin parar. Su orgasmo llegó como tormenta: cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tu barbilla, un alarido que debió despertar a los vecinos.

Acto 2 culminando en puro fuego.

Jadeantes, se miraron, ojos conectados en esa intimidad cruda. "Fóllame ya, Alex. Quiero sentirte todo." Te pusiste condón –siempre seguro, carnal– y te hundiste en ella de un empujón lento, su coño envolviéndote como guante de terciopelo caliente, apretado y resbaloso. "¡Madre santísima!", exclamó ella, uñas arañando tu espalda, dejando surcos rojos que ardían delicioso.

Empezaste despacio, saboreando cada centímetro: el roce de su interior aterciopelado contra tu verga hinchada, sus senos rebotando con cada embestida, el plaf plaf de carne contra carne mezclándose con vuestros jadeos. Aceleraste, follando duro, profundo, su lengua en tu boca saboreando sus propios jugos. "¡Más fuerte, wey! Try romperme", rugió ella, piernas envolviéndote la cintura, talones clavados en tu culo empujándote más adentro.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona salvaje, sus caderas girando en círculos hipnóticos, pezones rozando tu pecho. Sudor goteaba de su frente a la tuya, salado en tus labios. Agarraste sus nalgas firmes, amasándolas, sintiendo el calor irradiar. "¡Me vengo otra vez!", gritó, su coño contrayéndose como puño alrededor de ti, ordeñándote, llevándote al borde.

La volteaste a cuatro patas, admirando su culo perfecto alzado, invitador. Entraste de nuevo, palmeándola suave –zas–, el sonido erótico amplificando el placer. Follaron como animales, el olor a sexo impregnando la habitación, pieles resbalosas chocando, gemidos convirtiéndose en rugidos. Tu clímax se acercó imparable: bolas apretadas, verga palpitando. "¡Me corro, Sofía!" Ella empujó hacia atrás: "¡Dentro, cabrón, lléname!"

Explotaste, chorros calientes llenando el condón, ondas de placer sacudiéndote entero, mientras ella se corría contigo, gritando tu nombre. Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, corazones galopando al unísono, el aire espeso de sudor, semen y satisfacción.

En el afterglow, ella acurrucada en tu pecho, trazando círculos en tu piel con el dedo. "Ahora ya sé qué quiere decir try", murmuró riendo bajito. "Intentar contigo fue lo mejor de la noche." Besaste su frente, oliendo su cabello revuelto. "Y apenas empezamos, mi amor. Mañana try más."

Durmieron pegados, la ciudad zumbando afuera, pero adentro solo paz y promesas de más noches ardientes.

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