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Que Significa Sonar Que Hago Un Trio

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Que Significa Sonar Que Hago Un Trio

Todo empezó con un sueño que me dejó temblando bajo las sábanas. Yo, Karla, una morra de veintiocho pirulos viviendo en el corazón de la Condesa, con mi departamentito chido lleno de plantas y luz natural, soñé que hacía un trío. Neta, qué onda. En el sueño, mis dos carnales más cercanos, Alex y Diego, me tenían entre ellos como si fuera el centro del universo. Sus manos ásperas rozaban mi piel, sus alientos calientes en mi cuello, y yo me perdía en un mar de sensaciones que me despertaron empapada y jadeando.

Al día siguiente, mientras me tomaba un café negro en la terraza, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a pan recién horneado del puesto de la esquina, saqué mi cel y busqué que significa soñar que hago un trio. Las páginas hablaban de deseos reprimidos, de exploración sexual, de que mi subconsciente me pedía soltar las riendas. Órale, pensé, ¿y si es una señal? Alex y Diego eran mis mejores amigos desde la uni, siempre con esa química que flotaba en el aire cuando nos juntábamos para unas cheves en el roof top bar. Nunca habíamos cruzado la línea, pero las miraditas, las bromas subidas de tono... algo hervía debajo.

Les mandé un whatss: "Wey, soñé algo loco anoche. ¿Vienen a mi depa esta noche? Necesito contarles". Respondieron al tiro: "Ahí estaremos, Karla. ¿Chelas?". Me puse a arreglarme con nervios en la panza, el corazón latiéndome como tamborazo. Me vestí con un vestidito negro ajustado que marcaba mis curvas, sin bra, solo tanguita, oliendo a vainilla de mi perfume favorito. Cuando tocaron la puerta, el sonido de sus voces roncas me erizó la piel.

¿Y si les digo todo? ¿Y si pasa de verdad? Neta, Karla, no seas pendeja, pero ¿por qué no?

Entraron riendo, con bolsas de chelas y unos tacos de la taquería de Don Chacho. Nos sentamos en el sofá mullido, el aire cargado con el aroma picante de la salsa y el humo de sus cigarros electrónicos. Les conté el sueño sin pelos en la lengua: cómo Alex me besaba el cuello mientras Diego lamía mi ombligo, sus vergas duras presionando contra mis muslos. Se miraron, sonrisas picas, y Alex dijo: "Netita, Karla, eso suena a que tu cuerpo te está pidiendo acción. ¿Qué significa soñar que haces un trío? Pues que lo hagas, wey". Diego soltó una carcajada grave que vibró en mi pecho: "Si tú quieres, aquí estamos listos pa' cumplirte el sueño".

El ambiente se espesó como miel caliente. Mi piel ardía bajo sus miradas, el pulso acelerado en mis sienes. Me acerqué a Alex primero, rozando su rodilla con la mía, sintiendo el calor de su muslo musculoso. "¿De veras?", murmuré, y él me jaló de la cintura, sus labios capturando los míos en un beso que sabía a cerveza y deseo puro. Diego se pegó por detrás, sus manos grandes subiendo por mis caderas, apretando mi culo con fuerza juguetona. Chingado, qué rico se sentía ser el centro de su atención.

La tensión creció despacio, como el calor de un atardecer en Polanco. Alex me desvistió con calma, sus dedos trazando senderos de fuego por mi espalda desnuda, mientras Diego besaba mi hombro, mordisqueando suave hasta dejar una marca rosada. Olía a su colonia amaderada mezclada con mi vainilla, un perfume embriagador que me mareaba. Me recostaron en la cama king size, las sábanas frescas contra mi piel caliente. Alex se hincó entre mis piernas, abriéndolas con ternura, su aliento cálido rozando mi panocha ya mojada. "Mírate, Karla, estás chorreando por nosotros", dijo con voz ronca, y metí los dedos en su pelo oscuro mientras su lengua encontraba mi clítoris, lamiendo en círculos lentos que me hacían arquear la espalda.

Diego se quitó la playera, revelando su torso tatuado, pectorales firmes que pedían ser tocados. Se acercó a mi boca, su verga gruesa liberada de los jeans, palpitando caliente contra mis labios. La chupé con ganas, saboreando el salado de su piel, el gemido gutural que soltó resonando en la habitación como música prohibida. Esto es mejor que cualquier sueño, pensé, mientras Alex metía dos dedos en mí, curvándolos justo ahí, masajeando mi punto G hasta que mis caderas se movían solas, el sonido húmedo de mi excitación llenando el aire.

Sus cuerpos contra el mío, sudados, duros, perfectos. No hay vuelta atrás, y no quiero que la haya.

La intensidad subió como fiebre. Cambiamos posiciones fluidas, como si hubiéramos ensayado mil veces. Me puse a cuatro patas, Diego detrás embistiéndome con thrusts profundos que me llenaban hasta el fondo, su pelvis chocando contra mi culo con palmadas sonoras y deliciosas. Cada entrada era un estallido de placer, su verga rozando paredes sensibles, el olor almizclado de nuestro sudor impregnando todo. Alex delante, follándome la boca, sus bolas pesadas golpeando mi barbilla, gruñendo "Así, Karla, trágatela toda, qué mamada tan rica". Mis tetas rebotaban con cada movimiento, pezones duros como piedras rozando las sábanas.

El clímax se acercaba como tormenta. Sentí a Diego acelerarse, sus manos clavándose en mis caderas, "Me vengo, carnala", y un chorro caliente me inundó por dentro, empujándome al borde. Alex salió de mi boca, se hincó y me penetró mientras Diego besaba mi espalda, sus dedos pellizcando mis pezones. El roce doble, sus alientos sincronizados jadeando en mis oídos, me lanzó al orgasmo. Grité, el cuerpo convulsionando, olas de placer eléctrico desde mi centro hasta las yemas de los dedos, visión borrosa, gusto salado en la lengua.

Pero no paramos. Alex se corrió dentro de mí con un rugido animal, su semen mezclándose con el de Diego, goteando por mis muslos en ríos calientes. Nos derrumbamos en un enredo de extremidades sudorosas, pechos subiendo y bajando al unísono. El cuarto olía a sexo crudo, a piel satisfecha, con el zumbido lejano de la ciudad como banda sonora lejana.

Después, en la afterglow, nos quedamos tirados, riendo bajito. Diego me acariciaba el pelo, Alex trazaba círculos en mi vientre. "Entonces, ¿qué significa soñar que haces un trío?", bromeó Alex. Sonreí, besándolos a ambos. "Significa que hay que repetirlo, weyes. Esto fue épico". Me sentía empoderada, llena, como si hubiera despertado de verdad. El sueño había sido solo el principio; la realidad era mil veces más vívida, más nuestra.

Desde esa noche, nuestra amistad se transformó en algo más profundo, más carnal. Cada vez que cerraba los ojos, no soñaba: recordaba. Y planeábamos el próximo round, porque neta, la vida es pa' vivirse sin frenos.

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