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El Trio Rudo que me Enloqueció

7653 palabras

El Trio Rudo que me Enloqueció

La noche en el antro de Polanco estaba que ardía. Las luces neón parpadeaban como estrellas locas, y el reggaetón retumbaba en mis huesos, haciendo que mi cuerpo se moviera solo. Yo, Ana, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, bailaba entre la multitud sudada. Olía a tequila, perfume caro y ese sudor excitante que se mezcla en las fiestas chidas. De repente, sentí unas manos fuertes en mi cintura. Era Marco, mi carnal de toda la vida, con su sonrisa pícara y esos brazos tatuados que gritaban rudo.

¡Neta, Ana, estás cañona esta noche!
me gritó al oído, su aliento caliente con sabor a cerveza Corona rozando mi cuello. Me reí, girándome para verlo. A su lado, Luis, su compa inseparable, el otro rudo del grupo, con el pelo revuelto y esa mirada que prometía problemas del bueno. Los dos eran como luchadores de la AAA, altos, musculosos, con esa vibra de tipos que no piden permiso pero siempre respetan el juego.

Habíamos platicado antes de la peda sobre fantasías. ¿Y si probamos un trío? soltó Marco una vez, medio en broma, mientras tomábamos chelas en su depa. Yo me sonrojé, pero adentro, mi concha palpitaba con la idea. Neta, siempre he sido curiosa, pero con estos dos, que me conocían de años, se sentía seguro, chingón. Esa noche, el deseo se encendió como yesca.

Salimos del antro riendo, el aire fresco de la noche mexicana nos golpeó la cara, cargado del olor a tacos de la esquina y escape de coches. Nos subimos al Uber de Marco, yo en medio, sintiendo sus muslos duros contra los míos. ¿Vámonos a mi casa? propuso Luis, su voz ronca como gravel. Asentí, el corazón latiéndome a mil. En el camino, sus manos empezaron a juguetear: Marco acariciando mi muslo por debajo del vestido, Luis rozando mi pezón endurecido a través de la tela. ¡Pendejos, no aquí! les dije riendo, pero mis piernas se abrían solitas.

Acto uno cerrado: la tensión era palpable, como el calor que subía desde mi entrepierna. Llegamos al depa de Luis en la Roma, un lugar cool con vista a los edificios iluminados. Adentro, luces tenues, música de fondo con Bad Bunny susurrando perrerías. Nos servimos tequilas en shots, el líquido ardiente bajando por mi garganta, despertando cada nervio.

Me senté en el sofá de piel suave, ellos a mis lados como guardianes. Marco me besó primero, sus labios gruesos devorando los míos, lengua invadiendo con fuerza juguetona. Sabía a tequila y hombre. Luis no se quedó atrás; su boca en mi cuello, mordisqueando suave, enviando chispas por mi espina.

¡Carajo, qué rico se siente esto!
pensé, mientras mis manos exploraban sus pechos firmes, sintiendo los músculos contraerse bajo mis dedos.

El beso se volvió trío: las tres bocas chocando, lenguas enredándose en un baile húmedo y salvaje. Olía a su colonia masculina, a mi perfume floral mezclado con el aroma de excitación que empezaba a flotar. Marco deslizó mi vestido hacia arriba, exponiendo mis tangas de encaje negro. ¡Mira nada más qué chula! gruñó Luis, sus dedos trazando mi rajita por encima de la tela. Gemí, el roce eléctrico haciendo que mi clítoris se hinchara.

Me pusieron de pie, desvistieron el vestido como si fuera papel. Quedé en bra y tanga, vulnerable pero poderosa. Ellos se quitaron las camisas, revelando torsos esculpidos, vello oscuro en el pecho, vergas ya marcadas en los pantalones. ¿Listos para el trio rudo? pregunté con voz temblorosa de deseo. Marco rio: ¡Órale, mami, te vamos a dar lo que pides!

La escalada empezó. Me tumbaron en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio rozando mi piel arrebolada. Marco se arrodilló entre mis piernas, quitándome la tanga con dientes, su aliento caliente en mi concha depilada. Lamía despacio al principio, lengua plana recorriendo mis labios hinchados, saboreando mi jugo dulce y salado. ¡Ay, wey, qué sabroso! murmuró, chupando mi clítoris como un experto. Yo arqueaba la espalda, uñas clavándose en las sábanas, el sonido de su succión mezclado con mis jadeos.

Luis, meanwhile, se subió a la cama, verga en mano. Era gruesa, venosa, goteando pre-semen.

Chúpamela, Ana, como la reina que eres
, ordenó juguetón. Obedecí, abriendo la boca para tragármela hasta la garganta. Sabía a piel limpia y excitación pura, el olor almizclado invadiendo mis fosas nasales. La mamaba con hambre, lengua girando en la cabeza, mientras Marco metía dos dedos en mi coño, curvándolos para tocar mi punto G. El placer era doble, triples ondas chocando en mi cuerpo.

Intercambiaron posiciones, el trio rudo cobrando vida. Luis ahora lamía mi culo, lengua juguetona en el ano, mientras Marco me follaba la boca con ritmo controlado. Sentía sus pelotas peludas contra mi barbilla, el slap slap de piel contra piel. Mi mente era un torbellino: ¡Esto es lo que necesitaba, dos rudos dándome verga sin parar! El sudor nos cubría, brillando bajo la luz ámbar, el cuarto lleno de gemidos, resuellos y el squish squish de dedos en coño mojado.

La intensidad subió. Me pusieron a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mi peso. Marco se colocó atrás, verga alineada con mi entrada. ¿Quieres que te meta duro? preguntó, palmeando mi nalga. ¡Sí, cabrón, rómpeme! supliqué. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo, su grosor estirándome deliciosamente. El dolor placer inicial se volvió éxtasis puro, cada embestida golpeando mi cervix con fuerza ruda pero consentida.

Luis enfrente, otra vez en mi boca, follándome la cara mientras Marco me taladraba. Era un sándwich perfecto, cuerpos chocando en sincronía. Olía a sexo crudo, a coño chorreante y vergas palpitantes. Mis tetas rebotaban, pezones duros rozando las sábanas.

¡Me vengo, pendejos!
grité alrededor de la verga de Luis, el orgasmo explotando como fuegos artificiales, jugos salpicando las bolas de Marco.

No pararon. Me voltearon, ahora Luis en mi coño, Marco ofreciéndome su verga empapada de mis jugos. La chupé con gusto, probándome a mí misma en él. Luis me cogía más rudo, manos en mis caderas dejando marcas rojas, el sonido de carne contra carne como aplausos en un ring de lucha. Sentía sus venas pulsando dentro, mi pared vaginal apretándolo como guante.

El clímax se acercaba para ellos. ¡Voy a reventar! rugió Marco primero, sacando la verga para pintar mis tetas con chorros calientes y espesos. El semen tibio chorreaba por mi piel, olor salado y pegajoso. Luis aceleró, follándome como animal, hasta que se corrió adentro, llenándome con su leche cremosa. Gemí con él, otro orgasmo mío uniéndose al suyo.

Caímos exhaustos, un enredo de cuerpos sudorosos y satisfechos. El afterglow era puro: respiraciones agitadas calmándose, pieles pegajosas uniéndose. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo. ¿Fue chido el trio rudo? preguntó Marco riendo. ¡El mejor, carnales! respondí, sintiendo el semen secarse en mi piel, el coño palpitando aún con réplicas.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el pecado, manos jabonosas explorando de nuevo pero suave. En la cama, acurrucados, platicamos de la noche.

Esto nos cambia todo, pero para bien
, pensé, mientras el sueño me vencía con sonrisas. Mañana sería otro día, pero esta noche de trio rudo quedaría grabada en mi alma, un recuerdo ardiente para masturbarme mil veces.

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