Tres Palabras con Tra Tre Tri Tro Tru
La lluvia caía a cántaros sobre las ventanas del departamento en la Condesa, ese golpeteo constante como un tambor lejano que te ponía la piel de gallina. Tú y Karla estaban tirados en el sillón de piel suave, con una botella de mezcal a medio terminar y el calor de sus cuerpos pegados bajo una cobija ligera. Ella, con su blusa escotada que dejaba ver el nacimiento de sus chichis perfectas, te miró con esos ojos cafés que siempre te derretían.
Órale, wey, hagamos algo chido para no aburrirnos, dijo riendo, su voz ronca por el trago. Tú asentiste, sintiendo ya el cosquilleo en la entrepierna al ver cómo se mordía el labio inferior.
—Va, juguemos a 3 palabras con tra tre tri tro tru. Yo digo la sílaba, tú das tres palabras rapidito. Si te trabas, te quitas algo de ropa. ¿Le entras?
El juego empezó inocente, pero el aire ya olía a deseo, mezclado con el aroma cítrico del mezcal y su perfume de vainilla que te volvía loco.
Neta que esta noche te la voy a dar hasta que grites, pensaste mientras la veías recargarse, sus tetas subiendo y bajando con la risa.
—Tra —dijo ella primero.
—Tragar, traes, trapito —respondiste rápido, imaginando ya su boca tragándote entero.
—¡Bien! Ahora tre.
—Tremendo, tren, trementina.
Ella soltó una carcajada, pero sus ojos bajaron a tu pantalón donde ya se notaba el bulto. Estás cañón, cabrón, murmuró, y te pasó la botella. El líquido quemaba la garganta, calentándote las venas.
—Tri —le tocó a ti.
—Triste, trino, tridente —dijo ella, pero se trabó en la tercera. ¡Perdiste! exclamaste, y ella se quitó la blusa con un movimiento lento, sensual. Sus chichis saltaron libres, cubiertos solo por un brasier de encaje negro que apenas los contenía. La piel morena brillaba bajo la luz tenue de la lámpara, y sus pezones ya duros se marcaban como promesas.
El corazón te latía fuerte, el sonido de la lluvia ahora un fondo perfecto para el pulso acelerado. Te acercaste, rozando su brazo con los dedos; la piel tibia, suave como terciopelo, te erizó el vello.
—Tro.
—Trompo, trozo, tropezón —respondiste, pero tu mente volaba a trozos de su cuerpo que querías devorar.
—Tru —dijo ella, su voz más baja, jadeante.
—Trucha, trueno, truncar. ¡Ja! Ahora tú, preciosa.
—3 palabras con tra tre tri tro tru otra ronda —propuso, pero ya no era juego. Se recargó en ti, su mano bajando por tu pecho, sintiendo los músculos tensos. —Tra: tragar tu leche, tre: temblor en mis piernas, tri: triangulo de placer.
¡Pum! El fuego se encendió. Tú la jalaste hacia ti, sus labios chocando con los tuyos en un beso hambriento. Sabían a mezcal y miel, su lengua danzando con la tuya, húmeda y caliente.
Chíngame ya, no aguanto, pensó ella, o al menos eso jurarías por cómo gemía en tu boca.
Acto seguido, sus manos te desabrocharon el pantalón, liberando tu verga dura como piedra. La miró con lujuria, qué chingona está, y la acarició con la lengua desde la base hasta la punta, saboreando el gusto salado de tu piel. Tú gruñiste, el sonido gutural mezclándose con la lluvia, mientras tus dedos se enredaban en su cabello negro y largo, oliendo a shampoo de coco.
La recostaste en el sillón, quitándole el brasier con dientes. Sus tetas perfectas, redondas, con pezones oscuros y erectos, te invitaban. Los chupaste, mordisqueando suave, sintiendo cómo se endurecían más bajo tu lengua. Ella arqueó la espalda, ¡ay, wey, sí!, jadeó, sus uñas clavándose en tus hombros, dejando rastros ardientes.
Pero no pararon ahí. El juego seguía en sus mentes traviesas. —Tro: trozo de mi panocha —murmuró ella mientras te bajaba los bóxers. Sus dedos envolvieron tu verga, masturbándote lento, el roce cálido y firme que te hacía ver estrellas. El olor a su excitación subía, almizclado y dulce, mojando sus panties de encaje.
Tú se las quitaste, revelando su concha depilada, hinchada y brillante de jugos. La tocaste con los dedos, resbalosos, entrando uno, luego dos, curvándolos para rozar ese punto que la hacía temblar. Tre: tremenda verga, susurró, guiándote hacia ella. La penetraste despacio, centímetro a centímetro, sintiendo las paredes calientes apretándote, como un guante de terciopelo húmedo.
El ritmo empezó lento, sus caderas moviéndose contigo, piel contra piel chapoteando. El sudor perlaba sus cuerpos, salado en la lengua cuando la besabas en el cuello.
Es mía, toda mía, y se siente como el paraíso. Ella clavaba las uñas en tu espalda, gimiendo ¡más duro, cabrón!, y tú obedecías, embistiéndola fuerte, el sillón crujiendo bajo el peso.
La volteaste a cuatro patas, admirando su culo redondo, firme. Le diste una nalgada juguetona, ¡pendejo! rió ella, pero empujó hacia atrás, queriendo más. Entraste de nuevo, profundo, tus bolas golpeando su clítoris con cada estocada. El sonido era obsceno, húmedo, perfecto, ahogado por truenos lejanos que parecían eco de sus gemidos.
Tri: triangulo de sudor, placer y amor, pensaste en el calor del momento. La intensidad subía, sus paredes contrayéndose alrededor de ti, ordeñándote. ¡Me vengo, chulo! gritó, su cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus muslos. Tú no aguantaste más, saliendo para pintarle la espalda con chorros calientes, el olor a sexo impregnando el aire.
Colapsaron juntos, jadeantes, la lluvia amainando a un susurro. La abrazaste, su piel pegajosa y tibia contra la tuya, besándole la frente. Neta que eres lo máximo, murmuró ella, acurrucándose. El mezcal olvidado, solo quedaban los latidos calmándose, el aroma persistente de sus cuerpos unidos.
En ese afterglow, con su cabeza en tu pecho, supiste que el juego había sido solo pretexto.
Esto es lo que quiero siempre: ella, yo, sin barreras. La noche se cerraba dulce, prometiendo más rondas de 3 palabras con tra tre tri tro tru, pero ahora con significados que solo ustedes entendían.