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Bloque Try Caliente

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Bloque Try Caliente

Todo empezó en el bloque de departamentos de la colonia Roma, aquí en la CDMX, donde vivo desde hace un par de años. El edificio es de esos viejos pero chidos, con balcones que dan a la calle llena de taquerías y bares hipsters. Yo, un wey de treinta pirulos, soltero y con un trabajo de diseñador freelance que me deja tiempo para vaguear. Ese día, bajaba al estacionamiento y la vi: una morra de unos veintiocho, curvas que te hacen babear, cabello negro largo hasta la cintura, ojos cafés que brillan como el chocolate de la abuela. Cargaba cajas al depa 305, justo enfrente del mío.

Órale, carnal, esta está perrísima, pensé mientras la ayudaba con una caja pesada. Olía a vainilla y algo floral, un perfume que me pegó directo en la verga. "¡Gracias, vecino! Soy Laura, nueva por aquí", dijo con una sonrisa que mostraba dientes perfectos. Su voz era ronca, como si acabara de despertar de un sueño mojado. Le contesté: "Pleasure, soy Alex. Si necesitas algo, avísame, ¿eh? Bienvenida al bloque". Ahí nació el bloque try: ese intento clásico de ligar con alguien del mismo edificio sin que los chismosos del portero o las vecinas metidas se enteren. Neta, en estos bloques, un polvo con la del lado y ya estás en boca de todos.

Los días siguientes fueron pura tensión. La saludaba en el elevador, rozábamos brazos por "accidente", y cada vez sentía su calor a través de la blusa ajustada. Una noche, el olor a su shampoo me llegó desde el pasillo mientras lavaba mi ropa en la lavandería compartida. Ella entró con un montón de calcetines y tangas diminutas.

"¿Siempre tan ordenado, Alex?"
me dijo guiñando un ojo, colgando una prenda roja que me imaginó puesta en ella. Mi mente voló: piel suave, sudor mezclado con su aroma, gemidos ahogados contra la pared. No mames, tengo que intentarlo, me dije. Era el bloque try perfecto: cerca, discreto, explosivo.

Acto seguido, la invité a unas chelas en mi depa. "Vente, Laura, traigo unas Indias frías y Netflix". Aceptó sin pensarlo dos veces. Entró vestida con jeans que le marcaban el culo redondo y una playera escotada que dejaba ver el valle de sus chichis. El aire se cargó de electricidad. Nos sentamos en el sofá, cervezas en mano, platicando de la vida en el bloque: el perro ladrador del 201, la fiesta ruidosa del 402. Su risa era música, grave y sexy, vibrando en mi pecho.

La tensión creció como la espuma de la chela. Nuestras rodillas se tocaban, y cada roce era fuego. Su piel es tan suave, huele a deseo puro, pensé mientras le pasaba un mechón de pelo por detrás de la oreja. Ella se mordió el labio, ojos fijos en los míos. "Sabes, Alex, desde que te vi helping con las cajas, pensé que eras el wey ideal para un bloque try". Se rio, pero su mano ya estaba en mi muslo, subiendo lento. Bloque try. Lo dijo como si fuera nuestro código secreto. Mi verga se endureció al instante, palpitando contra el pantalón.

La besé. Sus labios eran carnosos, sabían a cerveza y menta, su lengua danzó con la mía en un duelo húmedo y caliente. Gemí contra su boca, manos explorando su espalda, bajando al culo que apreté con fuerza. Ella arqueó la espalda, presionando sus chichis contra mi pecho. "Te quiero, Alex, neta", susurró jadeando. La cargué al cuarto, tirándola en la cama king size que crujió bajo su peso. El cuarto olía a sábanas frescas y nuestro sudor incipiente.

Le quité la playera despacio, revelando un bra negro de encaje que apenas contenía sus tetas grandes y firmes. Las besé, lamiendo los pezones rosados que se endurecieron como piedras bajo mi lengua. Ella maullaba,

"¡Ay, wey, chúpamelas más duro!"
Sus uñas arañaban mi espalda, enviando chispas de dolor placentero. Bajé los jeans, besando su ombligo, inhalando el musk de su arousal. La tanga estaba empapada, la quité con dientes, exponiendo su panocha depilada, labios hinchados y brillantes de jugos.

La comí como hombre hambriento. Su sabor era salado-dulce, como tamarindo con chile. Lengua en el clítoris, chupando suave luego fuerte, dedos adentro curvados tocando ese punto que la hacía gritar. "¡Sí, cabrón, ahí! ¡No pares!" Su cuerpo temblaba, caderas empujando contra mi cara, jugos corriendo por mi barbilla. Olía a sexo puro, ese olor primitivo que enloquece. Mi verga dolía de lo tiesa, pre-semen goteando.

Pero el bloque try no acababa ahí. Ella se volteó, arrodillándose, culo en pompa. "Cógeme así, Alex, pero despacio al principio". Me puse un condón –siempre seguro, wey– y la penetré lento. Su coño era apretado, caliente como lava, envolviéndome centímetro a centímetro. Gemí fuerte, sintiendo cada vena de mi verga rozar sus paredes. Embestí rítmico, piel contra piel slap-slap, sudor volando. Ella empujaba hacia atrás, gritando "¡Más fuerte, pendejo, rómpeme!"

La volteamos: misionero, sus piernas en mis hombros, profundo hasta el fondo. Nuestros ojos conectados, respiraciones sincronizadas. Sudor goteaba de mi frente a su pecho, mezclándose. El cuarto retumbaba con nuestros jadeos, la cama golpeando la pared –ojalá no nos oigan los vecinos. La intensidad subió: dedos en su clítoris mientras la taladraba, ella apretándome con su coño en espasmos. "¡Me vengo, Alex! ¡Júntate!" explotó ella primero, cuerpo convulsionando, uñas clavadas en mis brazos, un grito ahogado que vibró en mis huesos.

No aguanté. Mi orgasmo llegó como tsunami, verga pulsando chorros dentro del látex, visión nublada, gruñendo su nombre. Colapsamos, enredados, piel pegajosa y palpitante. Su corazón latía contra el mío, rápido como tambores de cumbia.

En el afterglow, fumamos un cigarro en la cama –ventana abierta para que no huela el bloque entero. Ella trazaba círculos en mi pecho con el dedo. "Ese fue el mejor bloque try de mi vida, carnal". Reí, besando su frente húmeda. Neta, esto cambia todo, pensé. No era solo un intento; era conexión real, deseo mutuo que nos unía en este caos citadino.

Desde esa noche, los elevadores son puro fuego, miradas cómplices, roces "accidentales". El bloque ya no es solo ladrillos y chismes; es nuestro playground secreto. Y si alguien pregunta, fue solo un bloque try... pero qué try tan chingón.

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