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La Pasión Ardiente del Pat Martino Trio

6524 palabras

La Pasión Ardiente del Pat Martino Trio

En el corazón de la Condesa, en ese antro de jazz clandestino que huele a humo de cigarro y a tequila añejo, te sientas en una mesita pegada a la pista. La luces tenues bailan sobre las paredes grafiteadas, y el aire está cargado de ese vaho cálido que sube de los cuerpos sudados. Oyes el primer rasgueo de la guitarra, un sonido que te eriza la piel como caricia prohibida. Es el Pat Martino Trio, wey, los cabrones que traen el fuego del jazz fusión directo al alma. Pat Martino al frente, con su guitarra colgando como amante fiel, el bajista con dedos que parecen serpientes, y el baterista que aporrea con ritmo de caderas enloquecidas.

Desde tu asiento, sientes cómo las notas te envuelven, bajan por tu cuello, se meten entre tus pechos y te hacen apretar las piernas. Qué chingón este trío, piensas, mientras un sorbo de mezcal quema tu garganta y despierta algo profundo en tu vientre. Pat Martino cierra los ojos, su cuerpo se mueve al compás, sudor brillando en su frente bajo el foco rojo. Imaginas esas manos callosas sobre tu piel, tocando acordes en lugares que nadie ha explorado. El bajo retumba en tu pecho como latidos acelerados, y los platillos susurran promesas sucias al oído.

¿Y si después del show...? No mames, ¿por qué no? Llevas meses soltera, con el cuerpo pidiendo a gritos un desmadre de esos que te dejan temblando.

El set termina con un solo de guitarra que te deja jadeando, el público aplaude como loco, pero tú solo los miras a ellos. Pat Martino baja del escenario, su camisa entreabierta dejando ver pecho moreno y vello que invita a hundir los dedos. Te levantas, el corazón martilleando más fuerte que la batería, y te acercas a la barra donde ellos piden tragos. "Órale, güerita, ¿te gustó el show?", te dice el bajista, un moreno alto con sonrisa pícara y ojos que te desnudan sin piedad.

"¡Pus claro, carnales! El Pat Martino Trio es la neta", respondes, sintiendo el calor subir a tus mejillas. Pat se acerca, su presencia como un imán, huele a colonia amaderada mezclada con sudor fresco. "Gracias, mamacita. ¿Quieres unirte a la jam session de después?", pregunta con voz ronca, como si ya supiera tu respuesta. El baterista ríe, "Sí, ven con nosotros, que la noche apenas amanece". Consientes con un guiño, el pulso acelerado, el coño ya húmedo solo de imaginar.

Acto dos: la escalada. Los sigues al backstage, un cuartito chiquito con sofás raídos y botellas por todos lados. La puerta se cierra, y el mundo afuera desaparece. Pat pone música suave de fondo, su guitarra acústica ahora, notas lentas que acarician el aire. Te sientas entre ellos, el bajista a tu izquierda, su muslo rozando el tuyo, cálido y firme. "Cuéntanos de ti, ¿qué te prende del jazz?", pregunta Pat, su mano posándose casualmente en tu rodilla. Sientes el calor de su palma filtrarse por la falda delgada, y respondes con voz entrecortada: "Me prende todo, pero sobre todo cuando vibra adentro, como ahorita".

El baterista se inclina, su aliento con sabor a ron roza tu oreja: "Pues vibra con nosotros, reina". Sus labios rozan tu cuello, un beso ligero que te hace arquear la espalda. Consientes girando la cabeza, besándolo con hambre, lengua explorando su boca salada. Pat Martino observa, sus ojos oscuros ardiendo, y desliza la mano más arriba, por tu muslo, hasta el borde de las panties. "Qué rica estás, suave como seda", murmura, mientras el bajista te besa el hombro, bajando el tirante de tu blusa.

Te levantas un segundo, te quitas la blusa con un movimiento fluido, pechos libres bajo el bra negro de encaje. Ellos gimen, "¡No mames, qué chichotas!". Pat te jala hacia él, chupando un pezón con maestría, lengua girando como en sus solos. Sientes el tirón delicioso hasta el clítoris, que palpita pidiendo más. El bajista se arrodilla, sube tu falda, besa tu ombligo, baja lento, inhalando tu aroma almizclado de excitación. "Hueles a pecado, güey", dice, y lame por encima de la tela húmeda.

Esto es lo que necesitaba, tres hombres que saben tocar, que escuchan mi ritmo y lo hacen explotar.

Te tumban en el sofá, Pat desabrochándose el pantalón, su verga dura saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen. La tocas, piel aterciopelada sobre acero, y la chupas con ganas, saboreando su gusto salado y masculino. El baterista se pone detrás, masajeando tus nalgas, dedo lubricado con saliva entrando en tu culo, preparándote. "Relájate, carnalita, te vamos a hacer volar". El bajista se quita la ropa, su pito largo y curvado rozando tu entrada vaginal, frotando el clítoris hasta que gritas de placer.

La tensión sube como un crescendo jazzístico: Pat en tu boca, embistiendo suave, el bajista penetrándote despacio, estirándote delicioso, paredes internas apretándolo. El baterista alterna, metiendo dedos en tu ano, luego su lengua, rimming que te hace convulsionar. Cambian posiciones, rotando como en un trío perfecto. Ahora Pat adentro, su guitarra humana golpeando spots que te hacen ver estrellas, olor a sexo impregnando todo, sudor chorreando, pieles chocando con palmadas húmedas. "¡Más fuerte, cabrones!", exiges, empoderada, montando al baterista mientras el bajista te come el culo y Pat te besa, lenguas enredadas.

El clímax se acerca, pulsos acelerados sincronizados con su ritmo. Sientes el orgasmo build-up, como un solo interminable: temblores en piernas, coño contrayéndose, ano palpitando. "¡Ya vengo, weyes!", aúllas, y explotas en oleadas, jugos chorreando, ellos gruñendo al unísono, llenándote de semen caliente, Pat en tu boca tragas todo, el bajista dentro eyaculando profundo, baterista pintando tus nalgas.

Caen sobre ti, respiraciones entrecortadas, risas suaves. El afterglow es puro: pieles pegajosas, besos tiernos, manos acariciando cabellos revueltos. "Eres la mejor jam de la noche", dice Pat Martino, besando tu frente. Limpian con toallas, te visten con cuidado, como amantes que valoran cada nota.

Saldrás de aquí renovada, con el eco del Pat Martino Trio resonando en cada fibra, lista para más solos en la vida.

Te despiden en la puerta del club, promesas de repetir, números en tu celular. Caminas a la calle, brisa nocturna secando tu piel aún sensible, sonrisa pícara en los labios. La noche de la Ciudad de México nunca fue tan viva, tan tuya.

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