Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Pareja Busca Hombre para Trío en Puebla Pareja Busca Hombre para Trío en Puebla

Pareja Busca Hombre para Trío en Puebla

7187 palabras

Pareja Busca Hombre para Trío en Puebla

Todo empezó una noche cualquiera en Puebla, cuando te topaste con ese anuncio en una app de contactos. Pareja busca hombre para trío en Puebla. Las palabras te pegaron como un rayo, despertando esa curiosidad que traes guardada desde hace rato. La foto mostraba a una morra guapísima con curvas que invitaban a pecar, y un vato a su lado, sonriente, con pinta de carnal confiado. "Somos Ana y Luis, buscamos aventura con alguien chido y discreto", decía el perfil. Tu corazón latió más fuerte, el pulso acelerado mientras tecleabas un mensaje. "¿Qué onda? Me late su idea, soy de aquí y ando solo esta semana".

La respuesta llegó rápido, como si ellos también estuvieran al acecho. Chatearon un rato, preguntas inocentes al principio: ¿qué te gusta? ¿has hecho algo así antes? Tú les contaste que sí, un par de veces, pero nada como lo que imaginabas con ellos. Ana mandó una foto más hot, su escote profundo oliendo a promesa, y Luis soltó un "Órale, carnal, nos caes bien. ¿Quedamos mañana en el hotel en Angelópolis?". El acuerdo fue pan comido. Esa noche no pegaste ojo, imaginando el olor de su piel, el roce de manos ajenas, el calor de tres cuerpos enredados.

Al día siguiente, el sol de Puebla caía suave sobre las calles empedradas camino al hotel. Entraste al lobby, aire acondicionado fresco rozando tu piel sudada por los nervios. Ahí estaban, en una mesa del bar: Ana con un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis perfectas y sus caderas anchas, cabello negro suelto cayendo como cascada. Luis, alto, moreno, con camisa blanca desabotonada un poco, mostrando pecho firme. Te levantaste la mano, y ellos sonrieron. Pinche suerte la mía, pensaste mientras te acercabas.

¿Qué carajos estoy haciendo? Esto es real, no un sueño mojado. Su mirada me quema, y él parece el tipo que sabe manejar la situación.

"¡Qué onda, Alejandro!", dijo Ana con voz ronca, ese acento poblano dulce que te erizó la piel. Te dieron la mano primero, pero el saludo pronto se volvió abrazos. Su perfume, mezcla de vainilla y algo más salvaje, te invadió las fosas nasales. Pidieron unos chelas frías, y la plática fluyó como agua: de la vida en Puebla, del Zócalo un sábado, de cómo se conocieron ellos en una fiesta hace años. Pero el aire estaba cargado, cada mirada un roce invisible, cada risa un preludio.

Subieron a la suite, el elevador oliendo a limpio y anticipación. La habitación era amplia, cama king size con sábanas blancas crujientes, vista a las luces de la ciudad. Ana se quitó los zapatos primero, pies delicados pisando la alfombra mullida. "Relájate, carnal", dijo Luis, sirviendo tragos de tequila reposado. El líquido quemó tu garganta, calentando todo por dentro. Se sentaron en la cama, tú en medio, y Ana posó su mano en tu muslo. El calor de su palma traspasó el pantalón, enviando chispas a tu verga que ya empezaba a despertar.

El beso vino natural. Ana se inclinó, labios suaves y húmedos rozando los tuyos, lengua juguetona explorando. Sabía a tequila y menta, un sabor adictivo. Luis observaba, su mano acariciando la espalda de ella, luego la tuya. Esto es lo que buscábamos, murmuró él. Tus manos subieron por las piernas de Ana, piel tersa como seda, subiendo el vestido hasta encontrar encaje húmedo. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en tu pecho. Luis se unió, besando tu cuello, barba raspando delicioso, su aliento caliente en tu oreja.

La ropa voló: tu camisa arrancada, pantalón cayendo con un plop. Ana de rodillas, besando tu pecho, lengua trazando círculos en tus pezones. Luis detrás de ella, bajándole el vestido, exponiendo sus nalgas redondas. El cuarto se llenó de suspiros, el olor a excitación creciente, almizcle mezclado con sudor fresco. Tú la ayudaste a quitarse el brasier, chichis grandes y firmes saltando libres, pezones oscuros endurecidos. Los chupaste, succionando suave al principio, luego fuerte, mientras ella arqueaba la espalda y jadeaba "¡Ay, sí, así!".

Su concha debe estar chorreando ya. Siento la verga de Luis presionando mi espalda, dura como piedra. Esto va a ser épico.

Luis te empujó gentil a la cama, Ana encima, frotando su entrepierna contra tu erección. El roce a través de la tanga era tortura exquisita, humedad empapando todo. Él se desnudó, verga gruesa y venosa apuntando al techo. Ana la tomó en mano, masturbándola lento mientras te besaba. Tú metiste dedos en ella, resbalosos de jugos calientes, clítoris hinchado pulsando bajo tu pulgar. "¡Qué rico, Alejandro! No pares", suplicó ella, caderas moviéndose al ritmo.

El trío escaló. Ana se puso a cuatro patas, invitándote con la mirada. Entraste en ella despacio, su concha apretada envolviéndote como guante caliente, paredes contrayéndose. El slap de piel contra piel resonó, mezclado con sus gemidos agudos. Luis se arrodilló frente a ella, y Ana lo mamó ansiosa, labios estirados alrededor de su grosor, saliva goteando. Tú la embestías más fuerte, bolas golpeando su clítoris, manos apretando sus caderas. El sudor corría por tu espalda, el cuarto un horno de placer.

Cambiaron posiciones, tensión subiendo como volcán. Ana encima de ti, cabalgando salvaje, chichis rebotando hipnóticos. Luis detrás, lubricando su ano con saliva y jugos. Ella asintió ansiosa, y él entró lento, doble penetración que la hizo gritar de éxtasis. Sentías su verga a través de la delgada pared, frotando la tuya en un baile prohibido. "¡Sí, cabrones, fóllanme duro!", gritó Ana, uñas clavándose en tu pecho. El ritmo sincronizado, gemidos fundiéndose en coro, olores intensos: sexo puro, sudor salado, pieles chocando.

El clímax se acercó como ola. Tus huevos se tensaron, verga hinchándose dentro de ella. Ana tembló primero, concha convulsionando en orgasmos múltiples, chorros calientes empapando sábanas. Luis gruñó, sacando y eyaculando chorros blancos en su espalda. Tú no aguantaste, saliendo para pintar su vientre de leche espesa, pulsos interminables de placer cegador. Colapsaron los tres, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco.

El afterglow fue dulce. Ana acurrucada en tu pecho, dedo trazando patrones en tu piel. Luis pasó brazo por encima de ambos, risa cansada. "Estuvo chingón, carnal. Volvemos a vernos", dijo él. Bebieron agua fría, saboreando el salado de labios ajenos. La ciudad brillaba afuera, pero adentro reinaba paz satisfecha. Te vestiste con besos de despedida, promesas de más tríos. Bajaste al lobby, piernas flojas, sonrisa boba. Pareja busca hombre para trío en Puebla: habías sido el elegido, y el recuerdo te quemaría por noches.

De regreso a casa, el viento nocturno de Puebla refrescaba tu piel aún sensible. Pensaste en sus sabores: el dulce de Ana, el salado de Luis. No era solo sexo; había conexión, confianza mutua que lo hacía empoderador. Ellos te habían hecho sentir deseado, vivo. Y tú a ellos, parte de algo salvaje y compartido. Mañana checarías la app de nuevo, pero por ahora, el eco de gemidos te arrullaba al sueño.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.