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Como Empezar Un Trío Inolvidable

7537 palabras

Como Empezar Un Trío Inolvidable

Imagina que estás en tu depa chido en la Condesa, con las luces tenues de la ciudad filtrándose por las cortinas. El aire huele a tequila reposado y a las velas de vainilla que prendiste para ambientar. Ana, tu morra de ojos café y curvas que te vuelven loco, está sentada en el sofá de piel, con una blusa escotada que deja ver el encaje negro de su bra. Frente a ella, Carla, su mejor amiga desde la uni, la wey flaca pero con unas nalgas que quitan el hipo, ríe con esa carcajada ronca que siempre te ha puesto a mil.

Han pasado meses fantaseando con esto. Una noche, después de un par de chelas, Ana te confesó su curiosidad por un trío. "Wey, neta me late la idea de compartirte con Carla, pero ¿cómo empezar un trío sin que se arme el desmadre?" le dijiste tú, medio nervioso, pero con la verga ya latiendo de solo pensarlo. Ella sonrió pícara y te mandó un mensajito a Carla. La respuesta fue un "Órale, cuéntame más" seguido de emojis de fuego.

Ahora están aquí, las tres copas en mano, la música de Natalia Lafourcade sonando bajito, un ritmo suave que hace vibrar el piso. Sientes el pulso acelerado en las sienes, el sudor fresco en la nuca. Ana se acerca, su aliento cálido con sabor a limón y sal roza tu oreja.

¿Y si no fluye? ¿Y si Carla se echa para atrás? Pero carajo, las veo a las dos, sus piernas cruzadas, los labios húmedos por el trago, y sé que esto va a ser épico.

"¿Listos para la aventura?" pregunta Ana, su voz ronca, mientras desliza la mano por tu muslo. Carla asiente, mordiéndose el labio inferior, sus ojos verdes clavados en los tuyos. "Neta, he soñado con esto", dice ella, y su acento chilango la hace sonar tan puta y tan tierna a la vez.

El beso empieza inocente. Ana te besa primero, sus labios suaves como mango maduro, la lengua juguetona explorando tu boca con ese sabor dulce de tequila. Sientes su calor contra tu pecho, los pezones endurecidos presionando a través de la tela. Carla observa, su respiración agitada haciendo que su pecho suba y baje. "Ven, nena", le dice Ana, extendiendo la mano. Carla se acerca gateando por el sofá, su perfume floral invadiendo tus sentidos, mezclado con el aroma almizclado de su excitación incipiente.

Ahora son dos bocas en la tuya. Carla besa con hambre, sus dientes rozando tu labio inferior, mientras Ana lame tu cuello, dejando un rastro húmedo que eriza tu piel. Tocas sus cinturas, sientes la suavidad de Ana, carnosa y cálida, y la firmeza atlética de Carla. "Qué chingón se siente esto", murmuras, y ellas ríen, un sonido gutural que vibra en tu verga endurecida.

La ropa empieza a caer. Ana se quita la blusa con un movimiento lento, revelando sus chichis perfectas, tetas medianas con pezones oscuros como chocolate. Carla la imita, su cuerpo delgado pero con caderas anchas, la piel oliva brillando bajo la luz ámbar. Tú te desabrochas la camisa, el corazón retumbando como tambor en un antro. Ellas te ayudan, sus uñas arañando ligeramente tu pecho, enviando chispas de placer directo a tu entrepierna.

En el piso, alfombra persa suave bajo tus rodillas, las guías hacia el centro. Ana se arrodilla frente a ti, desabrochando tu jeans con dedos temblorosos de anticipación. "Mira qué verga tan rica traes, wey", dice, y su aliento caliente roza la cabeza hinchada. Carla se pone a un lado, besando tu abdomen, su lengua trazando círculos alrededor del ombligo, bajando despacio. Sientes el olor a sexo empezando a llenar el aire, ese musk dulce y salado que te hace salivar.

Esto es cómo empezar un trío: con besos que queman, toques que prometen más, y la promesa de que nadie se queda fuera.

Ana engulle tu verga primero, su boca húmeda y caliente envolviéndote hasta la garganta. El sonido obsceno de succión llena la habitación, chapoteos rítmicos que se mezclan con tus gemidos roncos. Carla no se queda atrás; lame tus bolas, succionándolas una por una, su saliva fresca contrastando con el calor de Ana. Cambian turnos, risas entre mamadas, "Pásamela, carnala", dice Carla, y Ana obedece, un hilo de saliva conectando sus labios a tu polla palpitante.

Las recuestas en el sofá. Ana abre las piernas, su panocha depilada reluciendo, labios hinchados y rosados, el clítoris asomando como un botón jugoso. "Lámeme, amor", suplica, y tú obedeces, hundiendo la cara en su calor. Sabe a sal y miel, su jugo empapando tu barbilla mientras tu lengua danza en su entrada, chupando fuerte su botón. Carla se sube a horcajadas sobre el rostro de Ana, quien gime contra la concha de su amiga, lamiendo con avidez. Ves cómo Carla se mueve, sus nalgas temblando, el sudor perlando su espalda.

Los sonidos son una sinfonía: gemidos ahogados, lenguas chapoteando, piel contra piel. Tocas la verga de tanto placer visual, pero Ana te detiene. "No todavía, cabrón. Quiero sentirte dentro". Cambian posiciones. Tú entras en Ana primero, su coño apretado y resbaloso tragándote centímetro a centímetro. "¡Ay, wey, qué rico!", grita ella, uñas clavadas en tus hombros. Carla besa tu espalda, sus tetas pequeñas presionando contra ti, dedos jugando con tus bolas mientras embistes.

El ritmo acelera. Sientes el calor de Ana contrayéndose alrededor de tu verga, sus paredes pulsando. Carla se masturba viéndolos, sus dedos hundidos en su propia humedad, gimiendo "Fóllala duro, pendejo". Cambias: ahora Carla a cuatro patas, su culo en pompa invitándote. La penetras de un golpe, su coño más estrecho, virgen en tightness pero experta en meneos. Ana se acurruca debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu eje y las bolas de Carla. El placer es cegador, olores intensos de sudor, sexo y perfume revueltos en una nube embriagadora.

El sudor gotea de tu frente al hueco de la espalda de Carla, cada embestida un trueno en tus oídos, el slap-slap de carne contra carne acelerando tu pulso a mil.

La tensión crece como ola en la playa de Acapulco. Ana se une, montándote mientras Carla chupa tus tetillas. Tres cuerpos entrelazados, manos everywhere: pellizcando pezones, arañando muslos, dedos en culos explorando límites con permiso susurrado. "Sí, métemela ahí suave", pide Carla, y un dedo lubricado entra en su ano apretado, haciendo que se corra primero. Su grito es animal, cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus piernas.

Ana te cabalga ahora, sus chichis rebotando hipnóticos, mientras Carla lame su clítoris desde atrás. "¡Me vengo, cabrones!", aúlla Ana, su coño estrujando tu verga en espasmos rítmicos. No aguantas más. "Ya, wey, me corro", gruñes, y ellas se arrodillan, bocas abiertas. Chorros calientes salpican sus lenguas, caras, tetas. Saborean, se besan compartiendo tu leche, un beso salado y pegajoso que te deja sin aliento.

Caen exhaustos en la alfombra, cuerpos pegajosos entrelazados. El aire huele a orgasmo cumplido, pieles brillando de sudor. Ana acaricia tu pecho, "Qué chido estuvo, amor. Así es como empezar un trío, con confianza y amor". Carla asiente, besándote la mejilla, "Neta, repitámoslo pronto".

Duermes entre ellas, pulsos calmándose, el rumor de la ciudad de fondo. Mañana será otro día, pero esta noche ha cambiado todo. Sientes una conexión profunda, no solo carnal, sino de almas compartidas en placer puro. El afterglow te envuelve como manta tibia, prometiendo más aventuras en este lazo nuevo y ardiente.

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