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Trío de Oro Harry Potter en Pasión Ardiente

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Trío de Oro Harry Potter en Pasión Ardiente

Hermione Granger caminaba por la playa de la Riviera Maya, el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar turquesa. El aire salado le llenaba los pulmones, mezclado con el aroma dulce de las cocoteras y el humo lejano de algún antojito asándose en una fogata. Habían pasado años desde la batalla final en Hogwarts, y ahora, como adultos aurors independientes, el trío de oro Harry Potter se había reunido para unas vacaciones merecidas en este paraíso mágico oculto de los muggles. México les ofrecía esa libertad salvaje que necesitaban, lejos de las sombras del pasado.

Harry Potter, con su cabello negro revuelto por la brisa y esa cicatriz que ya no dolía pero que aún atraía miradas, cargaba una hielera llena de cervezas frías y tequilas encantados. Ron Weasley, más fornido que nunca, con pecas salpicadas por el sol y una sonrisa pícara, llevaba la sombrilla mágica que se desplegaba sola. Hermione sentía un cosquilleo en el estómago cada vez que los veía reír juntos, como en los viejos tiempos. Pero ahora era diferente. Eran hombres, ella una mujer en todo su esplendor, con curvas que el bikini rojo resaltaba sin pudor.

¿Por qué mi corazón late así cuando Harry me roza el brazo? ¿Y Ron, con esa mirada que me deshace? Somos el trío de oro, inseparables, pero ¿y si cruzamos la línea?
pensó Hermione, mientras extendía la manta en la arena tibia.

Se acomodaron, abriendo cervezas con un pop encantado. El sonido de las olas rompiendo era hipnótico, un ritmo que aceleraba sus pulsos. Ron sacó un porro de hierba mágica, suave y legal en este rincón hechizado, pero Hermione lo rechazó con una risa. "Neta, wey, tú siempre tan responsable", bromeó Ron, pasándole el tequila a Harry.

Hablaron de todo: misiones fallidas, amores que no cuajaron, el peso de ser héroes. El sol se hundió, dejando un crepúsculo estrellado. Hermione sintió el calor del cuerpo de Harry a su lado, su muslo rozando el suyo. Ron, del otro lado, le untó crema protectora en la espalda, sus dedos grandes y callosos deslizándose con una lentitud que erizaba la piel.

"Órale, Hermione, estás más rica que nunca", murmuró Ron, su aliento cálido contra su cuello. Ella se mordió el labio, el sabor salado de la piel en su boca.

La tensión creció como la marea. Harry la miró con ojos verdes intensos, esa varita guardada pero su magia palpable en el aire cargado de deseo.

En el segundo acto de su noche, caminaron hacia la cabaña rústica de madera y palma, iluminada por luciérnagas encantadas que flotaban como estrellas caídas. El interior olía a vainilla y mar, con una cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio que invitaban al pecado. Ron puso música, un son jarocho mágico que vibraba en sus pechos, haciendo que sus caderas se movieran solas.

Hermione bailó entre ellos, su cuerpo ondulando al ritmo. Harry la tomó de la cintura, sus manos firmes bajando por sus caderas, el roce de su pecho duro contra sus senos. Ron se pegó por detrás, su erección presionando contra sus nalgas, dura y prometedora. Qué chido, pensó ella, el sudor perlando su piel, mezclándose con el aroma almizclado de sus excitaciones.

Esto es una locura, pero neta, los quiero a los dos. Somos el trío de oro Harry Potter, ¿por qué no compartirlo todo?

"¿Quieren parar?", preguntó Harry con voz ronca, su aliento olía a tequila dulce. Hermione negó con la cabeza, besándolo primero. Sus labios eran suaves pero urgentes, lenguas danzando con sabor a sal y pasión. Ron la giró, capturando su boca en un beso hambriento, sus bigotes imaginarios rozando juguetones –no, Ron se había afeitado, pero su barba incipiente picaba delicioso.

Las manos volaron. Harry desató el bikini de Hermione, liberando sus pechos plenos, pezones endurecidos por el aire fresco. Ron gimió, chupándolos con avidez, lengua girando mientras ella arqueaba la espalda. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos. Hermione palpó la verga de Harry a través del short, gruesa y pulsante, el calor traspasando la tela. Ron ya estaba desnudo, su miembro rojo y venoso erguido como una bandera.

La llevaron a la cama, arena crujiendo bajo las sábanas. Hermione se arrodilló, tomando la polla de Ron en la boca, saboreando el precum salado, mientras Harry lamía su coño empapado. Su lengua experta exploraba pliegues hinchados, clitóris palpitante, el olor a excitación femenina embriagador. "¡Ay, cabrones, qué rico!", gritó ella, vibraciones en la garganta haciendo gemir a Ron.

Cambiaron posiciones con fluidez, como en batalla. Ron la penetró primero, de rodillas, su verga abriéndose paso en su calor apretado. El estiramiento era exquisito, dolor placer mezclado. Harry besaba su cuello, dedos pellizcando pezones. El slap slap de carne contra carne resonaba, sudor goteando, pieles resbaladizas. Hermione cabalgó a Harry después, su coño tragándoselo entero, paredes contrayéndose al ritmo de sus embestidas profundas. Ron se masturbaba viéndolos, luego metió su verga en la boca de ella, follándole la garganta con cuidado consentido.

La intensidad subió. El trío de oro Harry Potter se fundía en uno, gemidos en español y risas jadeantes. "¡Más duro, pendejo!", urgió Hermione a Ron, quien la volteó en cuatro, clavándola mientras Harry la besaba. El orgasmo la golpeó como un hechizo, cuerpo convulsionando, chorros de placer mojando las sábanas, grito ahogado en la boca de Harry.

Ellos la siguieron. Ron se corrió dentro, semen caliente llenándola, gruñendo como animal. Harry, en su boca, eyaculó con pulsos salados que ella tragó ávida, compartiendo el resto en besos entre los tres.

En el afterglow, el tercer acto los envolvió en calma. Yacían enredados, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono. El mar susurraba fuera, brisa refrescando sus cuerpos exhaustos. Hermione trazaba la cicatriz de Harry con un dedo, Ron besaba su hombro.

"Esto fue chingón, ¿verdad?", dijo Ron, voz perezosa.

"El mejor hechizo de nuestra vida", respondió Harry, ojos brillando.

Somos eternos, el trío de oro Harry Potter. Esto no termina aquí; es solo el principio de nuestra magia compartida.
reflexionó Hermione, mientras el sueño los mecía, sabores y olores persistiendo en su piel como un juramento sensual.

La luna alta testificaba su unión, en esa playa mexicana donde héroes se convierten en amantes.

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