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Alkaline Trio Hell Yes Pasión Desenfrenada

6938 palabras

Alkaline Trio Hell Yes Pasión Desenfrenada

El Vive Latino estaba en su apogeo, el aire cargado de sudor, cerveza y esa electricidad que solo un buen pinche concierto punk puede generar. Yo, Ana, había llegado temprano con mis cuates, pero ya andaba separada del grupo, perdida en la multitud que brincaba al ritmo de Alkaline Trio. La noche en el Foro Sol era perfecta, luces estroboscópicas cortando la oscuridad como navajas, y el olor a tacos al pastor flotando desde los puestos lejanos. Mi piel erizada por el fresco de la brisa mexicana, el corazón latiéndome fuerte mientras esperaba mi canción favorita.

Órale, esta banda siempre me prende como nadie, pensé, ajustándome la falda negra ajustada que me hacía sentir como una diosa punk. De repente, los primeros acordes de Hell Yes retumbaron en los bocinas. "¡Alkaline Trio hell yes!", grité con la garganta en llamas, saltando con los brazos en alto. La voz rasposa de Matt Skiba me erizaba los vellos de la nuca, hablando de deseo crudo, de decir sí al infierno del placer sin pensarlo dos veces.

Ahí lo vi. Alto, con cabello negro revuelto y una playera gastada de la banda, tatuajes asomando por las mangas. Sus ojos verdes me clavaron cuando nuestras miradas chocaron en medio del mosh. Se llamaba Diego, lo supe después, pero en ese momento solo era ese wey que me hacía mojarme con solo una sonrisa lobuna. Se acercó brincando, gritando la letra conmigo: "Hell yes, alkaline trio hell yes". Nuestros cuerpos rozaron accidentalmente, pero no fue accidente. Su mano en mi cintura, firme, cálida, oliendo a colonia barata mezclada con humo de cigarro.

"¿Qué onda, morra? ¿Lista pa'l desmadre?",
me dijo al oído, su aliento caliente contra mi oreja haciendo que un escalofrío me recorriera la espina.

El principio fue puro fuego lento. Bailamos pegados, sus caderas contra las mías, el sudor de su pecho traspasando mi blusa delgada. Yo sentía su verga endureciéndose contra mi muslo, y neta, me encantaba. Este pendejo sabe lo que hace, me dije, mordiéndome el labio mientras le pasaba las uñas por la espalda. Hablamos a gritos sobre la banda, sobre cómo Alkaline Trio siempre les daba en el clavo con esas letras de amor jodido y deseo salvaje. La multitud nos empujaba, pero nosotros nos pegábamos más. Su boca rozó mi cuello, un beso fugaz que sabía a tequila y sal. Mi chichi se paró al instante, los pezones rozando la tela, rogando por atención.

La canción terminó, pero nuestro rollo apenas empezaba.

"¿Quieres una chela o algo más fuerte?",
propuso, su voz ronca por los gritos. Asentí, y salimos del pit hacia una zona menos apretada, cerca de las barras. Pedimos unas coronas heladas, el vidrio empañado contra mi palma sudada. Charlamos de todo: de cómo Hell Yes era el himno perfecto para noches como esta, de tatuajes que queríamos hacernos, de lo chido que era México en festivales. Sus ojos bajaban a mis tetas cada rato, y yo le devolvía la mirada a su paquete marcado en los jeans rotos. La tensión crecía, como un elástico a punto de romperse. Mi coño palpitaba, húmedo, imaginando sus dedos explorándome.

El medio tiempo fue una escalada deliciosa. Caminamos por el recinto, su brazo alrededor de mi hombro, mi mano rozando su culo firme. Encontramos un rincón semioculto detrás de unos trailers, la música aún tronando a lo lejos. No aguanto más, carnal, pensé. Lo jalé hacia mí, nuestros labios chocando en un beso hambriento. Su lengua invadió mi boca, saboreando a cerveza y deseo puro. Gemí contra él, mis manos metiéndose bajo su playera, sintiendo los músculos tensos de su abdomen, el calor de su piel salada. Él me apretó contra la pared metálica, fría contra mi espalda ardiente, mientras sus manos subían mi falda, acariciando mis muslos suaves.

"Estás cañón, Ana. Neta, me tienes bien puesto",
murmuró, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. Yo reí bajito, juguetona:
"Tú tampoco estás tan pendejo, wey. Muéstrame qué traes".
Sus dedos encontraron mi tanga empapada, rozando mi clítoris hinchado. Jadeé, arqueándome, el olor a mi propia excitación mezclándose con su aroma masculino. Me bajó la blusa, chupando mis tetas con hambre, la lengua girando alrededor de los pezones duros como piedras. Yo le desabroché el cinturón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante en mi mano. La apreté, sintiendo el pulso acelerado, el precum lubricando mi palma.

La intensidad subía como la marea. Me arrodillé en el suelo polvoriento, pero qué importaba; lo miré a los ojos mientras lamía la cabeza de su pito, salado y adictivo. Él gruñó, enredando los dedos en mi pelo:

"¡Hell yes, morra! Así, chúpamela rico".
Lo tragué profundo, mi garganta relajándose por la práctica, gimiendo vibraciones contra su carne. Él me levantó pronto, impaciente, volteándome contra la pared. Mi culo al aire, él escupió en su mano y lubricó mi entrada trasera, pero no, yo quería su verga en mi panocha primero.
"Adelante, métemela ya, cabrón",
exigí, empinándome.

Entró de un empujón suave pero firme, llenándome hasta el fondo. ¡Pinche delicia! El estiramiento perfecto, su grosor rozando cada nervio. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida mandando ondas de placer desde mi útero hasta las yemas de los dedos. Sonidos húmedos, piel contra piel, nuestros jadeos mezclados con el eco del concierto lejano. Agarró mis caderas, clavándome los dedos, acelerando. Yo me tocaba el clítoris, círculos rápidos, el orgasmo construyéndose como una tormenta.

"Más duro, Diego, hazme venir",
supliqué, mi voz quebrada.

El clímax nos golpeó juntos. Él gritó Alkaline Trio hell yes mientras se corría dentro de mí, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando contra el mío. Yo exploté segundos después, mi coño contrayéndose alrededor de él, piernas flojas, visión borrosa por las estrellas. El mundo se redujo a ese pulso compartido, el sudor goteando, el olor almizclado de sexo crudo en el aire.

El final fue puro afterglow mexicano. Nos vestimos riendo, besándonos suaves, como si no hubiéramos acabado de follar como animales. Caminamos de vuelta al festival, tomados de la mano, compartiendo un cigarro robado. Esto fue chido, neta. Alkaline Trio hell yes a la vida, reflexioné, sintiendo su semen escurrir por mis muslos, un recordatorio delicioso. Intercambiamos números, prometiendo más desmadres. La noche terminó con tacos de suadero en la calle, su cabeza en mi hombro, el sabor picante en la lengua mezclándose con el recuerdo de su beso. Diego se fue con un

"Hasta pronto, reina"
, dejándome con el cuerpo saciado y el alma ligera. Pinche concierto inolvidable.

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